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Foto: Dea / Album

Marco Favonio Fácil

Su estela funeraria se descubrió en Colchester, la antigua Camulodunum, donde se enfrentaron los romanos y la reina Boudica en 61 d.C. Vemos al centurión de frente, con el traje propio de su rango, la vara, espinilleras, capa, lórica (coraza), puñal y espada. El monumento estaba partido en dos, a un metro de profundidad. Muy cerca se halló un recipiente cilíndrico de plomo, de 23 centímetros de diámetro y 33 de altura, con huesos quemados, posiblemente los del centurión.

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Foto: Dea / Album

Estela funeraria de Marco Apicio Tirón

Además de combatir, administrar

Los centuriones no sólo eran el brazo armado de Roma: también representaban la autoridad romana en regiones donde las estructuras administrativas no estaban desarrolladas. A veces la población local acudía a ellos en busca de justicia. Así, por ejemplo, en el año 193 d.C., en tiempos del emperador Cómodo, un tal Syros escribe al centurión Amonio Paterno quejándose de que los recaudadores de un impuesto en especie han reclamado injustamente el pago de una artaba de trigo (25 litros) y que por esta razón han maltratado a su madre. Dado este papel de administradores, los centuriones no sólo debían reunir condiciones como jefes militares, sino que también debían contar con una formación que, cuanto menos, incluyera saber leer y escribir.

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Foto: Akg / Album

Marco Celio, caído en Teutoburgo

En septiembre del año 9 d.C., los germanos aniquilaron a tres legiones romanas en el bosque de Teutoburgo. El centurión Marco Celio, nacido en Bononia (la actual Bolonia), cayó en esa batalla. Su cadáver quedó allí, tendido a la intemperie entre muchos miles más, y su hermano decidió levantar un monumento en su memoria.

Los libertos del centurión

Con toda probabilidad Marco Celio era un hombre soltero, pues no hay mención a esposa o hijos en el epitafio; en cambio, sí aparecen, a sendos lados, los retratos de sus sirvientes, dos libertos muy queridos, uno de origen y nombre latino (Privatus), y otro griego (Thiaminus), que posiblemente murieron también en la emboscada de Teutoburgo y que conforman esta especie de cuadro funerario familiar.

Valiente y condecorado

Es el retrato de un hombre vivo, posando con su uniforme de gala de centurión, con el bastón de mando en la mano derecha y su coraza absolutamente cubierta con insignias al valor. Tantas condecoraciones indican la larga carrera de éxitos militares de este centurión fallecido a los 53 años, según nos indica la inscripción. La legión XVIII tenía su campamento base en Vetera (actual Xanten), y allí levantó Publio este monumento.

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Foto: Bridgeman / Aci

Plauto lee una de sus obras ante un limitado público. Óleo por Camillo Miola. 1864.

Los romanos se ríen de sí mismos

Tras la muerte de Plauto, el más popular de los comediógrafos romanos, se decía que la risa, el juego y la broma habían llorado juntos. Por sus obras desfilan los tipos sociales más comunes: el viejo libidinoso que compite con su hijo por una bella cortesana, la matrona romana que exhibe su prepotencia y su derroche, el esclavo inteligente y enredón en contraste con el parásito muerto de hambre, el soldado fanfarrón, el alcahuete despiadado que produce repugnancia o los banqueros avaros y codiciosos. Plauto aumentaba los defectos de cada personaje para provocar la risa, y para ello no dudaba en recurrir al lenguaje popular. "¡A casa de la muy perra es a donde iba, el muy golfo, corruptor de sus hijos, borracho, miserable!", prorrumpe una esposa engañada en La comedia de los asnos.

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Foto: MUSEI VATICANI

Pertinax

Busto de Publius Helvius Pertinax (126-193 d.C.) expuesto en el Museo Pío-Clementino, perteneciente a los Museos Vaticanos.

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Ilustración: Inklink Musei - Sovrintendenza Archeologica di Firenze

Una factoría aceitera romana

El método de extracción del aceite de oliva era totalmente manual e implicaba un enorme esfuerzo físico. En este dibujo se muestran los diversos sistemas de molienda de la aceituna para la obtención del aceite, en los que participaba mano de obra esclava, en algunos casos ayudada por animales de carga. 

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Foto: Acuarela de Jean-Claude Golvin. Musée départemental Arles antique. © éditions errance

Factoría de producción de aceite de oliva en el norte de África

En el espacio central, o "torcularium", se encuentran las prensas para elaborarlo. La provincia de la Bética, la actual Andalucía, se convirtió durante el Alto Imperio en el centro más importante de producción de aceite. Según Plinio, sólo el procedente de Histria (actual Croacia) y el aceite licinio, originario de la Campania italiana, superaban en calidad al aceite andaluz. Desde las ciudades béticas se exportaba a todo el Imperio, tanto para abastecer al ejército como a la propia Roma. A partir de Augusto, el emperador pasó a controlar la producción del aceite bético, marcando asimismo el precio de mercado. Era un comercio que iba de la mano de las salazones de pescado,  que también contaban en la zona andaluza con un importante foco de producción. Durante el Bajo Imperio, África se erigió como otro importante centro de producción de aceite, compitiendo directamente con la Bética.

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Foto: Prisma / Album

Recogida de la aceituna. Museo Arqueológico, Córdoba.

Dieta de olivas

Las aceitunas eran un alimento muy difundido en Roma. En su tratado sobre las labores agrícolas, Catón el Viejo recomendaba a los terratenientes conservar las olivas que caían espontáneamente del árbol y usarlas como alimento de los esclavos.

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Foto: Prisma archivo

Ánforas especiales

Para comercializar y transportar el aceite se usaban ánforas. En el caso de la Bética, se empleaba un tipo de ánfora olearia llamada Dressel 20 (como la de la imagen), caracterizada por su forma globular y cuello corto, menos estilizada que las usadas para el vino o las salazones de pescado. Se han localizado cerca de un centenar de alfares a orillas del Genil y Guadalquivir.

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Foto: Dea / Scala, Firenze

Mosaico del siglo III

Dos esclavos manejan una  prensa para machacar las aceitunas. Museo de Saint-Romain-en-Laye.

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Foto: Dea / Album

Bronce del siglo I

Lucerna en forma de máscara de comedia. Las lucernas eran huecas y se llenaban con aceite de mala calidad que empapaba una mecha. Museo de Rabat.

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FOTO: PIER PAOLO CITO / AP PHOTO / GTRES

Vespasiano

Busto del emperador romano Vespasiano (9-79 d.C.) expuesto en el museo de Cittareale, población en la que nació, cerca de Roma, y fotografiado el 11 de agosto de 2009. 

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Foto: Diputación Provincial de Soria

Casa de las columnas, Numancia, Soria

Se trata de una ciudad antigua ya desaparecida que fue fundada por celtíberos. Los numantinos ofrecieron una fuerte oposición al Imperio, que tuvo que enviar diferentes cónsules para tratar de negociar con la resistencia. Finalmente, la ciudad cayó después de un largo sitio del ejército de Escipión en el año 133 a.C. Hoy en día, entre sus vestigios, se pueden visitar las murallas y algunos templos romanos. 

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Foto: Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia

Basílica de Baelo Claudia, Cádiz.

Cerca de la ciudad de Tarifa y dentro del Parque Natural del Estrecho, los romanos fundaron esta ciudad en el siglo II a.C., situada en un precioso enclave a pocos metros del mar. En la imagen aparecen los restos de la basílica y en primer plano la plaza sur, pero uno de los lugares más importantes de este yacimiento era la factoría de salazón y garum. Además también se puede visitar las ruinas del antiguo teatro –con capacidad para 2.000 personas–, varios templos, tiendas, termas y murallas. 

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Foto: Depositphotos

Ruinas de Itálica, en Santiponce, Sevilla

En sus inicios, esta ciudad romana fue fundada por el general romano Publio Cornelio Escipión para que sus soldados pudieran descansar tras la victoria conseguida frente los cartagineses en el siglo III a.C. Experimentó una larga época de bonanza hasta que el declive del Imperio romano causó su decadencia. En la imagen, mosaicos romanos que se colocaban en el suelo de las casas como decoración con motivos animales.

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Foto: Turismo Segovia

Acueducto de Segovia

Una de las construcciones romanas mejor conservadas de toda la Península ibérica es el acueducto de Segovia. Esta obra de ingeniería da cuenta de las grandes aportaciones que llevaron a cabo los arquitectos romanos en cuanto a la funcionalidad de sus edificios. Gracias a este acueducto todos los habitantes de la ciudad recibían agua en sus casas. 

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Foto: Turismo Lugo

Murallas romanas de Lugo

Con el romanticismo de las luces nocturnas, las murallas romanas de Lugo –declaradas Patrimonio de la Humanidad– muestran una de sus mejores imágenes. Fue levantada en el siglo I a.C. por orden del emperador Augusto en la antigua ciudad romana de Lucus Augusti. Actualmente, la muralla rodea el casco antiguo de la ciudad, perfecto para recorrer callejeando, posee un adarve de 2 kilómetros de largo que permite pasearla de principio a fin. 

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Foto: AP Images

Teatro romano de Cartagena

El Museo del teatro romano de Cartagena fue diseñado de manera que el visitante inicia un camino mediante el cual se va sumergiendo poco a poco en un mundo antiguo cuyo final es la entrada al gran teatro romano. Los trabajos de restauración llevados a cabo a principios del siglo XXI permiten apreciar todas las partes que formaban la estructura: la cávea (gradas), la orchestra (dónde actuaba el coro), el proscenium (donde se situaban los actores), la scaena frons (el frente escénico) y el patio porticado detrás de la escena. 

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Foto: Gtres

Anfiteatro romano en Tarragona

La ciudad tiene unos orígenes comunes con los de las primeras ciudades de Itálica, donde los primeros asentamientos fueron los campamentos de las legiones que descansaban después de las batallas de conquista. Con el paso del tiempo, Tarraco se convirtió en una ciudad de gran importancia para el Imperio romano, siendo la capital de la provincia Tarraconensis. El anfiteatro, construido en la época de Augusto, junto con las murallas, templos, el foro y un acueducto son los vestigios que se pueden visitar actualmente. 

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Foto: Deposiphotos

Ruinas de Ampurias, Girona

La conquista de este puerto y mercado griego supuso la vía de entrada de la romanización a la Península ibérica. Se produjo durante la Segunda Guerra Púnica con el desembarco del ejército romano en las costas de la ciudad en el año 218 a.C. Entre las ruinas de Ampurias todavía se pueden observar los restos de varias domus, con los mosaicos que se colocaban en el suelo y la ínsula que formaba un grupo de casas, la basílica, el forum y las tabernae

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Foto: Odonell Ramón, Patronato de Turismo de El Bierzo

Minas de Las Médulas, León

En plena comarca de El Bierzo, las montañas de la Médulas fueron una de las fuentes más importantes de oro para el Imperio romano. La explotación de estas minas por parte de los romanos se inició durante la época del emperador Augusto. El historiador Plinio el Viejo ya habla de la excavaciones en las minas de oro de esta zona, remarcando la dureza de las condiciones en las que trabajaban los obreros. 

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Foto: Gtres

Mosaicos romanos, Mérida

Uno de los elementos artísticos que más caracterizan el arte romano fueron los mosaicos con los que decoraban las paredes y el suelo de los lugares más cotidianos. En Mérida, antigua Emerita Augusta, se puede visitar el teatro romano –uno de los mejor conservados–, el anfiteatro, el circo, el acueducto, el puente y el arco de Trajano, además de algunos mosaicos. En la imagen, las pequeñas piezas de forma cuadrada, las teselas, recrean una escena cotidiana de caza.

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Foto: Kamarero. Cedida por Turismo de Segovia

La Monumental Segovia

Con la Plaza del Azoguejo a la izquierda y la Plaza de la Artillería a la derecha, el Acueducto parece que divide la ciudad en dos. Sin embargo, la monumental construcción convive con armonía con el resto de la arquitectura de la ciudad, en la que destacan la Catedral de Segovia, las murallas y el Alcázar. En la cercana Plaza Mayor se hallan los vestigios de uno de los desarenadores de época romana, que se usaban para eliminar las impurezas del agua.

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Foto: Kamarero. Cedida por Turismo de Segovia

Un complejo sistema de distribución

La construcción está dividida en tres partes diferenciadas. La zona extraurbana, de donde se recogía el agua, la zona periurbana, el tramo del acueducto que conducía el agua y la zona urbana, donde además de ser conducida, el agua se distribuía a su destino. El recorrido intramuros desarrolla un sofisticado sistema de distribución mediante arquetas, que a su vez se subdividían para abastecer las fuentes y aljibes de las casas privadas. 

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Foto: Kamarero. Cedida por Turismo de Segovia

La estabilidad del Imperio

El Acueducto se ha convertido en un símbolo de la época de esplendor que vivió el Imperio romano, un ejemplo de las grandes dotes de ingeniería de esta civilización. Un crecimiento que permitieron las conquistas de Trajano en Dacia y Mesopotamia y la estabilización de las fronteras en el extremo oriental del Imperio. 

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