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FOTO: Tiberiu-Calin Gabor / Alamy / ACI

Sarmizegetusa

Durante la campaña de 105-106 d.C. contra los dacios, las legiones de Trajano tomaron su capital, Sarmizegetusa. En su emplazamiento se fundó la Colonia Ulpia Traiana Sarmizegetusa, cuyos primeros pobladores fueron veteranos de las guerras dacias. En la imagen, una calzada del enclave.

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FOTO: DEA / Album

Un enemigo feroz

Esta escultura romana en máremol, fechada en el siglo II d.C., representa a un dacio. Museo Nacional Romano, Palacio Massimo Alle Terme, Roma.

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FOTO: DEA / Scala, Firenze

Heridos de guerra

Algunos legionarios atienden a sus camaradas heridos tras una batalla contra los dacios. Molde de los relieves de la columna Trajana.

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FOTO: National Geographic Creative / Alamy / ACI

El puente sobre el gran río

A la derecha de la foto aparece la ciudad rumana de Drobeta-Turnu Severin. En primer plano vemos los cimientos del fuerte que, en esta orilla del Danubio, protegía el acceso al puente de más de un kilómetro que Trajano mandó construir durante las guerras dacias. Ante el fuerte, en el río, una estructura cuadrada de hormigón protege los restos de un pilar del puente.

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FOTO: DEA / Album

Culto romano al norte del Danubio

Los lares eran dioses menores romanos. Éste proviene de Sucidava, la actual Corabia, en Rumanía. Bronce. Siglos II-III. Museo Nacional de Historia de Rumanía, Bucarest.

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FOTO: Scala, Firenze

Marco Tulio Ciceron

Abogado, político y filósofo, Cicerón ha pasado a la historia por su defensa de los valores republicanos. Busto. Galería de los Ufizi, Florencia.

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FOTO: Massimo Ripani / Fototeca 9x12

El foro romano

Cicerón pronunció algunos de sus discursos más famosos en este lugar, centro político de la ciudad. En primer término, las tres columnas del templo de Cástor y Pólux, y al fondo, el arco de Septimio Severo.

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FOTO: BPK / Scala, Firenze

La ira de Fulvia

Según Dion Casio, la enfurecida esposa de Marco Antonio cogió la cabeza de Cicerón y "escupiéndole enfurecida, le arrancó la lengua y la atravesó con los pasadores que utilizaba para el pelo".

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FOTO: Erich Lessing / Album

De Octaviano a Augusto

El heredero de César se valió de Cicerón para afianzar su posición en la lucha de poder en Roma. Este camafeo incrustado en la llamada Cruz de Lotario muestra la efigie de Octaviano, convertido ya en el emperador Augusto.

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FOTO: Bridgeman / ACI

La muerte del dictador

Este óleo de George Edward Robertson recrea las exequias de César, que Marco Antonio capitalizó para volver al pueblo contra los conspiradores y presentarse como el nuevo hombre fuerte de Roma. 

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FOTO: M. Scataglini / AGE Fotostock

Residencia estival

Situado a 25 kilómetros de Roma, el municipio de Túsculo acogía las villas rústicas de ciudadanos romanos ricos, entre ellas la de Cicerón. En la imagen, el pequeño teatro de la localidad.

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Foto: Giuseppe Rava / Osprey publishing

¿Cómo era Marco Celio?

una recreación del aspecto de Marco Celio a partir de su cenotafio. Ciñe su cabeza una corona cívica; hecha de hojas de roble, condecoración que se recibía por salvar la vida de un militar ciudadano romano. Las condecoraciones (dona) que cuelgan de un arnés sobre la armadura son torques, de los que lleva uno en torno al cuello, y phalerae, faleras o discos metálicos. En la muñeca luce otras condecoraciones, las armillae. Como es característico de los centuriones, lleva la espada a la izquierda y la daga a la derecha –al contrario que los soldados–. Con la mano derecha sujeta la vara de mando, que originalmente era una vara de vid, y en la izquierda lleva un casco con cresta transversal de plumas. El autor de la recreación ha supuesto que las piernas están protegidas con grebas, como en otras representaciones de centuriones.

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Foto: Funkystock / Age fotostock

El muro de Adriano

En su construcción trabajaron las legiones instaladas en Britania: la II, la VI y la XX. A cada legión le tocó un tramo de obra, dividido en secciones que se asignaron a las centurias.

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Foto: Akg / Album

Fuerte de Viminacium (la actual Kostolac, Serbia), sede de la legión VII Claudia.

La vida en el campamento

Los edificios más habituales en los campamentos eran los barracones que albergaban a los soldados y oficiales de una centuria. Cada contubernio (grupo de ocho hombres) recibía dos habitaciones, y el centurión disponía de varias estancias para él solo, generalmente al final del bloque; las paredes de estas habitaciones podían estar estucadas y pintadas, e incluso podía disponer de un baño personal.

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Foto: Scala, Firenze

Legionarios recolectando cereal durante la conquista de la dacia. Relieve de la columna trajana. 113 d.C.

Entre la disciplina y la crueldad

En algún momento de su larguísimo servicio militar, todos los legionarios recibían algún azote con la vitis, la vara de vid que simbolizaba el rango del centurión y que servía para castigar a sus subordinados. Esta sanción no estaba reglamentada, y quedaba a la discreción del oficial. Había centuriones que usaban de forma muy cruel esta prerrogativa y eran especialmente odiados por la tropa. Tácito cuenta que en el año 14 d.C., cuando las fuerzas acantonadas en el Rin se amotinaron tras la muerte del emperador Augusto, en Panonia los soldados mataron a un centurión llamado Lucilio y apodado Cedo alteram, "Tráeme otra", en alusión a las varas que pedía tras romperlas sobre las espaldas de sus hombres (Anales I 23, 3).

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Foto: Yann Arthus-Bertrand / Getty images

Una ciudad para exlegionarios: Timgad

Situada en la actual Argelia, la fundó el emperador Trajano en torno al año 100 d.C. como una colonia militar. Allí instaló a veteranos procedentes de la frontera con Partia, dotándolos de las tierras que los soldados recibían una vez cumplido su servicio militar, que alcanzaba los veinticinco años.

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Foto: Dea / Album

Las insignias de los valientes

En 1858 se hallaron en Lauersfort (Alemania) las condecoraciones discoidales de un centurión, las faleras, hechas en bronce y plata. Se reprodujeron en este relieve, conservado en el Museo de la Civilización Romana, en Roma.

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Foto: Dea / Album

La base de una legión

Abajo, moneda de oro acuñada por Julio César con la representación de un campamento. La construcción del centro representa esquemáticamente el pretorio o edificio de gobierno. En las narraciones de sus campañas, César traza un retrato muy favorable de los centuriones por su valor y su disciplina. 

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Foto: Akg / Album

El fin del templo de Jerusalén

En el verano del año 70 d.C., las legiones romanas toman Jerusalén y arrasan la ciudad y el Templo, destruido ya para siempre. Durante la guerra del emperador Vespasiano contra los judíos, los centuriones protagonizaron múltiples hechos de armas. Óleo por Francesco Hayez. Siglo XIX.

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Foto: Akg / Album

Un centurión, con cimera negra, lucha con sus hombres contra el enemigo durante las guerras dacias. 101-107 d.C.

La estructura de la legión

La legión se dividía en diez cohortes, cada una de ellas comandada por un prefecto. A su vez, cada cohorte estaba dividida en tres manípulos. Por último, cada manípulo estaba integrado por dos centurias, cada una de ellas mandada por un centurión.

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Foto: E. Lessing / Album

La estela de Tito Calidio

La lápida sepulcral de este centurión se halló en Carnuntum, un campamento romano fundado por Augusto a orillas del Danubio y a 32 kilómetros al este de Viena. Museo de Historia del Arte, Viena.

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Foto: Bridgeman / Aci

La rendición de Vercingétorix

Con la capitulación del jefe arverno ante César terminó la guerra de las Galias, en el año 52 a.C. Óleo por Lionel-Noël Royer. 1899. Museo Crozatier, Le Puy-en-Velay. Dos centuriones de César, Pullo y Voreno, competían entre sí para conseguir ascensos, y precisamente durante la guerra de las Galias pugnaban por ascender a primi ordines, según narra la propia pluma de Julio César.

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Foto: Bridgeman / Aci

Luchar hasta la muerte

Los centuriones mantenían su posición hasta el final, de ahí su elevadísimo número de bajas en combate. César, en los relatos de sus campañas, recoge numerosos ejemplos del valor de estos oficiales. Así, menciona la situación crítica de la XII legión en la batalla del Sambre (57a.C.), librada contra los belgas: los seis centuriones y el portaestandarte de la IV cohorte habían muerto, mientras que los centuriones de las otras cohortes estaban casi todos heridos o muertos. En el choque de Dirraquio contra los pompeyanos (48 a.C.) perecieron en un mismo día 32 centuriones de la legión IX, la mitad de los de esta unidad. En la batalla de Farsalia, también contra los pompeyanos (48 a.C.), murieron en total 31 centuriones, mientras que sólo cayeron 200 soldados, lo que da idea de la combatividad y el valor de estos militares.

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Foto: Dea / Album

Relieve con estandartes

El estandarte o signum de la legión, coronado por un águila, está flanqueado por los signa de dos manípulos (cada manípulo estaba formado por dos centurias). Relieve del siglo III d.C.

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Foto: Manuel Cohen / Aurimages

Un centurión en Britania

En esta piedra del muro de Adriano (construido en 124 d.C.), hallada en el fuerte de Housesteads, se dice: "Lo hizo la centuria de Julio Cándido". Se han hallado otras tres inscripciones que recuerdan la labor de este centurión.

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