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FOTO: Tiberiu-Calin Gabor / Alamy / ACI

Sarmizegetusa

Durante la campaña de 105-106 d.C. contra los dacios, las legiones de Trajano tomaron su capital, Sarmizegetusa. En su emplazamiento se fundó la Colonia Ulpia Traiana Sarmizegetusa, cuyos primeros pobladores fueron veteranos de las guerras dacias. En la imagen, una calzada del enclave.

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FOTO: AKG / Album

La guera de Trajano

Las campañas de Trajano en el oriente europeo acabaron con la conquista del único territorio por encima del Danubio del imperio. Algunos de los relieves de la columna Trajana, levantada el año 113 d.C, conmemoran esta campaña. En este molde de los relieves originales, varios legionarios se aprestan a combatir en las guerras dacias. Museo de la Civilización Romana, Roma.

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FOTO: DEA / Album

A la cabeza de sus legiones

Trajano se puso a la cabeza del ejército que partió a la conquista de Dacia. Este molde de un relieve de la columna Trajana muestra al emperador embarcando en Brindisi. Museo Nacional de Rumanía, Bucarest.

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FOTO: Calin Stan / Getty Images

La ciudad de la victoria

Vista aérea del enclave fortificado de Adamclisi, en la región de Dobrudja, en Rumanía. Trajano lo construyó en el lugar donde, en 102, alcanzó una gran victoria sobre los dacios. Su nombre en latín, Civitas Tropaensium alude al trofeo que el emperador erigió allí para celebrar aquel triunfo militar.

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FOTO: White Images / Scala, Firenze

Conquista sangrienta

Un soldado romano sostiene entre sus dientes la cabeza de un guerrero enemigo en este molde de un relieve de la columna de Trajano. Los legionarios se emplearon con saña durante las guerra de conquista de Dacia. Museo de la Civilización Romana, Roma.

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FOTO: DEA / Scala, Firenze

Heridos de guerra

Algunos legionarios atienden a sus camaradas heridos tras una batalla contra los dacios. Molde de los relieves de la columna Trajana.

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FOTO: Erich Lessing / Album

Los puestos de vigilancia

Trajano mandó levantar numerosas torres de vigilancia a lo largo del limes danubiano. En este relieve de la columna Trajana se aprecia la torre sobre las ondas de agua del Danubio, rodeada de una empalizada y con una galería que la circunda en el piso superior; la leña cuidadosamente apilada, preparada para encenderla y enviar así señales a los puestos vecinos, y dos almiares, con alimento para las monturas.

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FOTO: DEA / Getty Images

Legionarios en la frontera

Dos legionarios apostados en la frontera danubiana. Relieve del trofeo de Trajano en Adamclisi. Allí los dacios vencieron a los romanos en 87, y el emperador los derrotó en 102. Museo Arqueológico, Estambul.

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FOTO: AKG / Album

Ocupados en todo momento

Estos legionarios, ataviados con su armadura en previsión de un ataque por sorpresa, están cosechando cereal para su consumo en tierras de los dacios durante la ofensiva del año 106 d.C. Molde de la columna Trajana. Museo de la Civilización Romana, Roma.

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Foto: Giuseppe Rava / Osprey publishing

¿Cómo era Marco Celio?

una recreación del aspecto de Marco Celio a partir de su cenotafio. Ciñe su cabeza una corona cívica; hecha de hojas de roble, condecoración que se recibía por salvar la vida de un militar ciudadano romano. Las condecoraciones (dona) que cuelgan de un arnés sobre la armadura son torques, de los que lleva uno en torno al cuello, y phalerae, faleras o discos metálicos. En la muñeca luce otras condecoraciones, las armillae. Como es característico de los centuriones, lleva la espada a la izquierda y la daga a la derecha –al contrario que los soldados–. Con la mano derecha sujeta la vara de mando, que originalmente era una vara de vid, y en la izquierda lleva un casco con cresta transversal de plumas. El autor de la recreación ha supuesto que las piernas están protegidas con grebas, como en otras representaciones de centuriones.

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Foto: Funkystock / Age fotostock

El muro de Adriano

En su construcción trabajaron las legiones instaladas en Britania: la II, la VI y la XX. A cada legión le tocó un tramo de obra, dividido en secciones que se asignaron a las centurias.

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Foto: Akg / Album

Fuerte de Viminacium (la actual Kostolac, Serbia), sede de la legión VII Claudia.

La vida en el campamento

Los edificios más habituales en los campamentos eran los barracones que albergaban a los soldados y oficiales de una centuria. Cada contubernio (grupo de ocho hombres) recibía dos habitaciones, y el centurión disponía de varias estancias para él solo, generalmente al final del bloque; las paredes de estas habitaciones podían estar estucadas y pintadas, e incluso podía disponer de un baño personal.

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Foto: Scala, Firenze

Legionarios recolectando cereal durante la conquista de la dacia. Relieve de la columna trajana. 113 d.C.

Entre la disciplina y la crueldad

En algún momento de su larguísimo servicio militar, todos los legionarios recibían algún azote con la vitis, la vara de vid que simbolizaba el rango del centurión y que servía para castigar a sus subordinados. Esta sanción no estaba reglamentada, y quedaba a la discreción del oficial. Había centuriones que usaban de forma muy cruel esta prerrogativa y eran especialmente odiados por la tropa. Tácito cuenta que en el año 14 d.C., cuando las fuerzas acantonadas en el Rin se amotinaron tras la muerte del emperador Augusto, en Panonia los soldados mataron a un centurión llamado Lucilio y apodado Cedo alteram, "Tráeme otra", en alusión a las varas que pedía tras romperlas sobre las espaldas de sus hombres (Anales I 23, 3).

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Foto: Yann Arthus-Bertrand / Getty images

Una ciudad para exlegionarios: Timgad

Situada en la actual Argelia, la fundó el emperador Trajano en torno al año 100 d.C. como una colonia militar. Allí instaló a veteranos procedentes de la frontera con Partia, dotándolos de las tierras que los soldados recibían una vez cumplido su servicio militar, que alcanzaba los veinticinco años.

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Foto: Dea / Album

Las insignias de los valientes

En 1858 se hallaron en Lauersfort (Alemania) las condecoraciones discoidales de un centurión, las faleras, hechas en bronce y plata. Se reprodujeron en este relieve, conservado en el Museo de la Civilización Romana, en Roma.

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Foto: Dea / Album

La base de una legión

Abajo, moneda de oro acuñada por Julio César con la representación de un campamento. La construcción del centro representa esquemáticamente el pretorio o edificio de gobierno. En las narraciones de sus campañas, César traza un retrato muy favorable de los centuriones por su valor y su disciplina. 

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Foto: Akg / Album

El fin del templo de Jerusalén

En el verano del año 70 d.C., las legiones romanas toman Jerusalén y arrasan la ciudad y el Templo, destruido ya para siempre. Durante la guerra del emperador Vespasiano contra los judíos, los centuriones protagonizaron múltiples hechos de armas. Óleo por Francesco Hayez. Siglo XIX.

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Foto: Akg / Album

Un centurión, con cimera negra, lucha con sus hombres contra el enemigo durante las guerras dacias. 101-107 d.C.

La estructura de la legión

La legión se dividía en diez cohortes, cada una de ellas comandada por un prefecto. A su vez, cada cohorte estaba dividida en tres manípulos. Por último, cada manípulo estaba integrado por dos centurias, cada una de ellas mandada por un centurión.

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Foto: E. Lessing / Album

La estela de Tito Calidio

La lápida sepulcral de este centurión se halló en Carnuntum, un campamento romano fundado por Augusto a orillas del Danubio y a 32 kilómetros al este de Viena. Museo de Historia del Arte, Viena.

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Foto: Bridgeman / Aci

La rendición de Vercingétorix

Con la capitulación del jefe arverno ante César terminó la guerra de las Galias, en el año 52 a.C. Óleo por Lionel-Noël Royer. 1899. Museo Crozatier, Le Puy-en-Velay. Dos centuriones de César, Pullo y Voreno, competían entre sí para conseguir ascensos, y precisamente durante la guerra de las Galias pugnaban por ascender a primi ordines, según narra la propia pluma de Julio César.

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Foto: Bridgeman / Aci

Luchar hasta la muerte

Los centuriones mantenían su posición hasta el final, de ahí su elevadísimo número de bajas en combate. César, en los relatos de sus campañas, recoge numerosos ejemplos del valor de estos oficiales. Así, menciona la situación crítica de la XII legión en la batalla del Sambre (57a.C.), librada contra los belgas: los seis centuriones y el portaestandarte de la IV cohorte habían muerto, mientras que los centuriones de las otras cohortes estaban casi todos heridos o muertos. En el choque de Dirraquio contra los pompeyanos (48 a.C.) perecieron en un mismo día 32 centuriones de la legión IX, la mitad de los de esta unidad. En la batalla de Farsalia, también contra los pompeyanos (48 a.C.), murieron en total 31 centuriones, mientras que sólo cayeron 200 soldados, lo que da idea de la combatividad y el valor de estos militares.

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Foto: Dea / Album

Relieve con estandartes

El estandarte o signum de la legión, coronado por un águila, está flanqueado por los signa de dos manípulos (cada manípulo estaba formado por dos centurias). Relieve del siglo III d.C.

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Foto: Manuel Cohen / Aurimages

Un centurión en Britania

En esta piedra del muro de Adriano (construido en 124 d.C.), hallada en el fuerte de Housesteads, se dice: "Lo hizo la centuria de Julio Cándido". Se han hallado otras tres inscripciones que recuerdan la labor de este centurión.

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Foto: Dea / Album

Marco Favonio Fácil

Su estela funeraria se descubrió en Colchester, la antigua Camulodunum, donde se enfrentaron los romanos y la reina Boudica en 61 d.C. Vemos al centurión de frente, con el traje propio de su rango, la vara, espinilleras, capa, lórica (coraza), puñal y espada. El monumento estaba partido en dos, a un metro de profundidad. Muy cerca se halló un recipiente cilíndrico de plomo, de 23 centímetros de diámetro y 33 de altura, con huesos quemados, posiblemente los del centurión.

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Foto: Dea / Album

Estela funeraria de Marco Apicio Tirón

Además de combatir, administrar

Los centuriones no sólo eran el brazo armado de Roma: también representaban la autoridad romana en regiones donde las estructuras administrativas no estaban desarrolladas. A veces la población local acudía a ellos en busca de justicia. Así, por ejemplo, en el año 193 d.C., en tiempos del emperador Cómodo, un tal Syros escribe al centurión Amonio Paterno quejándose de que los recaudadores de un impuesto en especie han reclamado injustamente el pago de una artaba de trigo (25 litros) y que por esta razón han maltratado a su madre. Dado este papel de administradores, los centuriones no sólo debían reunir condiciones como jefes militares, sino que también debían contar con una formación que, cuanto menos, incluyera saber leer y escribir.

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