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Una factoría de púrpura

Esta ilustración muestra el trabajo en una factoría de tinte púrpura situada junto al mar. La labor era de una extrema dureza y muy desagradable debido al fétido olor que se originaba durante todo el proceso. Un hombre traslada los moluscos hasta el taller donde miles de ellos eran machacados hasta convertirse en una masa pastosa que se aplicaba a las telas tras su cocción y estar expuesta al calor durante días.

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Biblos, el gran puerto fenicio

Ruinas de la ciudad de Biblos, en la actual costa del Líbano. La ciudad, que debe su nombre al término griego para designar al papiro, fue durante mucho tiempo la ciudad comercial más importante de fenicia. A partir del siglo X a.C. fue sustituida por Tiro, su principal competidora. 

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La púrpura y el perro de Merlqart

Según la leyenda, Melqart descubrió la púrpura en el morro de su perro, después de haber encontrado un murex. Rubens recreó esta leyenda en el óleo El descubrimiento de la púrpura. Museo del Prado.

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La ofrenda de una reina a una diosa

En un pasaje de la Ilíada, Homero cuenta que la esposa de Príamo, la reina Hecuba, «se trajo consigo desde Sidón [sus peplos] cuando surcó el ancho mar [...]. Hecuba escogió uno, el más grande y más hermoso en su abigarramiento, que resplandecía como un astro, para ofrecerlo a Atenea». El relieve sobre estas líneas, obra de Antonio Canova, recrea esa escena. Museo Cívico Correr, Valencia. 

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Kerkouane, una colonia tunecina

Los restos de la ciudad de Kerkouane, colonia fundada en la costa tunecina debido a la expansión comercial fenicia, abandonada y destruida durante la I guerra púnica (siglo III a.C.). La colonia basaba su economía en la pesca y en una próspera industria de la púrpura.

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Los codiciosos fenicios

Diodoro de Sicilia se hizo eco de la fama de codiciosos de los fenicios cuando habla de sus relaciones comerciales con los habitantes de la península ibérica: «adquirieron la plata a cambio de pequeñas mercancías. Hasta tal punto se esforzaron  los mercaderes en su afán de lucro que cuando sobraba mucha plata [...] sustituían el plomo de las anclas por plata». La imagen representa a unos mercaderes fenicios en Britania, grabado del Hutchinson's History of the Nation (1939).

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Obreros de la púrpura

Lápida bizantina del siglo VI d.C. con una inscripción en fenicio que menciona a un recolector de moluscos llamado Zoilos. Museo Arqueológico Nacional, Beirut.

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El sudario de Carlomagno

Muchos siglos después de la desaparición de los fenicios del Mediterráneo, la púrpura seguía siendo un símbolo de la realeza. En el año 814, Carlomagno fue enterrado en la catedral de Aquisgrán envuelto en un sudario de seda confeccionado en Constantinopla, tejido con hilos dorados de seda y teñido con la púrpura de los reyes. Museo de Cluny, París.

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