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Intrigas mortales en palacio

Foto: Alamy / ACI

Intrigas mortales en palacio

En 1889, con la mayoría de edad de Guangxu, acabó la regencia de Cixí, que dejó la Ciudad Prohibida y se trasladó al palacio del Mar, contiguo a aquella. Aquí aparece entre las flores de loto del lago del palacio, en una barca, sentada y rodeada de sus eunucos y damas de compañía (todos de pie, como exigía el protocolo). Pero la influencia del tradicionalista tutor de Guangxu, Weng Tonghe, propició el abandono del programa de modernización económica y militar al estilo de Occidente emprendido por Cixí, y Japón derrotó a China en 1895. La catástrofe favoreció el regreso al poder de Cixí, que mantuvo prisionero a Guangxu en el Nuevo Palacio de Verano desde 1898, después de que Kang Youwei, un pensador chino que había adquirido un gran ascendiente sobre el emperador, planeara asesinarla con ayuda de Japón, proyecto que Guangxu conocía. Kang y Guangxu quedaron como reformadores víctimas de una despótica Cixí, que ocultó lo sucedido para no comprometer la dinastía.

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Gobernar detrás de un biombo

Foto: Alamy / ACI

Gobernar detrás de un biombo

Al convertirse en regente de su hijo, Cixí adoptó este nombre (que significa «bondadosa y alegre») en sustitución del suyo original, Yi. Que la antigua concubina lograra mantener en sus manos los hilos del poder casi cincuenta años fue un éxito impresionante, visto el limitado papel que el rígido protocolo de la corte asignaba a la mujer. Por ejemplo, debía presidir las audiencias tras un biombo de seda emplazado detrás del trono, pues los ministros no debían verla, y jamás pudo pisar la parte delantera de la Ciudad Prohibida, reservada al emperador. Por ello necesitó hombres fieles que aplicasen sus decisiones (como el príncipe Gong, hermanastro de Xianfeng, que estuvo al frente del Gran Consejo imperial), y siempre tuvo que ejercer el poder como regente, debiendo retirarse formalmente cuando un emperador llegaba a la mayoría de edad. Aquí aparece rodeada de sus eunucos, ataviados con túnicas bordadas con el dragón imperial, que la transportan a una audiencia matutina.

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Una mano de hierro envuelta en seda

Foto: Alamy / ACI

Una mano de hierro envuelta en seda

Cixí había llegado a la Ciudad Prohibida de Pekín como concubina del emperador Xianfeng, de quien se convirtió en esposa tras tener un hijo suyo. Cuando el pequeño, con cinco años, sucedió al soberano a su muerte, en 1861, Cixí comenzó su ascenso al poder: orquestó un golpe de Estado, apartó a los regentes elegidos por su marido y se convirtió en la gobernante en la sombra como regente del joven Tongzhi y, a la muerte de éste, en 1875, como regente del nuevo emperador Guangxu, entonces de tres años, sobrino suyo y al que adoptó. Los soberanos pertenecían a la élite de los manchúes, el pueblo que había conquistado China en el siglo XVII y sometido a la etnia mayoritaria de los han. Cixí –a quien le encantaba la fotografía– luce en esta imagen el peinado y los largos y enjoyados protectores de uñas de las damas manchúes, mientras hace ademán de colocarse una flor en el pelo. Al fondo vemos las manzanas procedentes de sus huertas, cuya sutil fragancia apreciaba.

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El río de las aguas de oro. Este canal, llamado Jin Shi He, desempeñaba, entre otras, una función mágica: ofrecer una línea de protección antes de la Puerta de la Armonía.

Foto: Travel Pix / AWI Images

El río y la Puerta de la Armonía.

Pasada la puerta meridional, se entraba en un patio abierto cruzado de oeste a este por el Río de las Aguas de Oro, quedando del otro lado gran parte del foso y la estructura de la Puerta de la Armonía Imperial. De acuerdo con los principios del feng shui, toda montaña –representada por la puerta monumental– debe estar precedida por un elemento de agua, para lo que se creó un río serpenteante que entra en la ciudad por la zona noroeste y sale por el sureste. A los pies de la Puerta de la Armonía Imperial, el río tiene forma de arco mongol, cruzado por cinco puentes, cada uno de los cuales simboliza una de las cinco virtudes confucianas que se espera de los súbditos del emperador: benevolencia (ren), honestidad (yi), sabiduría (zhi), integridad (xin) y conocimiento del ritual (li). Los cinco puentes simbolizan cinco flechas de estos principios que emanan del poder imperial hacia el mundo. Además de su valor simbólico, el uso de estos puentes estaba ligado a la jerarquía social: el puente central sólo podía cruzarlo el emperador; los dos que lo flanqueaban, la familia real, y los laterales estaban reservados a los oficiales de la corte.

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La salida del Palacio Imperial. Detrás del Jardín Imperial se eleva esta monumental puerta que recibe el nombre de Puerta de la Divina Bravura. Se trata de la entrada posterior de la Ciudad Prohibida, que hoy en día se usa como salida principal.

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La Puerta de la Divina Bravura.

Construida en 1420, la Puerta de la Divina Bravura es el acceso posterior del palacio y era usada sólo por los trabajadores y por las mujeres que iban a ser presentadas como concubinas al emperador. Junto con los casi cerca de 50.000 eunucos a cargo de salvaguardar la legitimidad de la sucesión imperial, las concubinas eran las otras únicas habitantes del palacio imperial. Las mujeres eran seleccionadas como xiunu (mujeres elegantes), aunque el criterio varió con el tiempo. Durante la dinastía Ming, sólo las casadas, o aquellas con deformidades físicas, estaban exentas de ser elegidas, pero en el siglo XVII los Qing decidieron limitar la selección a mujeres de Manchuria y Mongolia. Las jóvenes, acompañadas de sus padres o familiares, eran llevadas a la puerta de la Divina Bravura para ser inspeccionadas. Menos de cien candidatas pasarían la primera selección. A las elegidas se les enseñaban habilidades como pintura, lectura, escritura, baile y ajedrez, así como buenos modales. Sólo las más destacadas pasaban a servir a la madre del emperador, antes de llegar a ser concubinas imperiales. Ninguna de ellas podía salir de la zona norte del palacio, y aquellas que lograran dar un hijo al emperador se convertían en consortes imperiales.

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El Trono del Dragón. El trono está enteramente tallado en madera de palisandro lacada de amarillo, y se accede a él subiendo siete peldaños. Detrás, un gran biombo de madera esculpida, con cinco paneles articulados, protege al emperador de las influencias maléficas del Norte.

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El salón del Trono.

Emplazado en la sala de la Armonía Suprema, el trono del Dragón fue el lugar más importante de la Ciudad Púrpura Prohibida durante los seiscientos años que estuvo en uso.
A lo largo de la historia de China, el dragón se ha usado como símbolo imperial, y ello queda plasmado en la decoración de este trono, con dragones labrados en oro e incrustaciones de piedras preciosas. Cinco de estos dragones aparecen en el respaldo, representando los cinco elementos. Tras ellos se eleva un panel labrado con nueve dragones, símbolo de lo eterno. Justo encima, en un techo intrincadamente decorado, aparece un dragón enroscado que sostiene en sus fauces una gran perla de metal. Conocido como el espejo Xuanyuan, el dragón representa al mítico primer emperador, Qin Shihuang di, erigido en protector del trono, de quien se dice que dejará caer la perla sobre cualquier usurpador. Cuando un emperador, ataviado con ropas ceremoniales decoradas con el emblema del dragón, ocupaba su lugar en el trono, ambos se convertían en el corazón de todo el mundo civilizado. Esta identificación de China como centro del universo se refleja en el propio nombre de China, Zhongguo, que se traduce como País del Centro.

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Escaparate imperial. Ante la Sala de la Armonía Suprema, ubicada sobre una triple terraza de mármol, se abre una inmensa plaza que es el mayor espacio al aire libre de toda la Ciudad Púrpura Prohibida.

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Las tres salas ceremoniales.

En el centro de la Ciudad Púrpura Prohibida, sobre una terraza de mármol blanco de tres niveles, se alzan los tres edificios más importantes del complejo: la Sala de la Armonía Suprema, la Sala de la Armonía Perfecta y la Sala de la Preservación de la Armonía. Cada una de estas salas, cubiertas todas con tejados de tejas vidriadas amarillas, el color imperial, tenía un trono desde el que el emperador presidía las ceremonias, audiencias y celebraciones. El más importante de estos espacios era la Sala de la Armonía Suprema, donde se alzaba imponente el trono del Dragón. Todo el edificio estaba decorado con imágenes de este animal mitológico, símbolo del emperador. Aquí tenían lugar los eventos mas importantes, mientras que otras actividades, como recibir pleitesía o examinar documentos imperiales, se hacían en la Sala de la Armonía Perfecta, un edificio más pequeño, pero más iluminado. La Sala de la Preservación de la Armonía –nombre que aludía a la función imperial de compartir la armonía bajo el cielo– se usó para que el emperador vistiera las ropas ceremoniales bajo los Ming, mientras que con los Qing fue escenario de banquetes para jefes de Estado, nobles y ministros de alto rango.

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La entrada principal. La del Mediodía es la puerta principal del conjunto palacial de la Ciudad Púrpura Prohibida. En este punto, la muralla que rodea el palacio alcanza una altura de trece metros.

Foto: Xiaolei Wu / Alamy / ACI

La Puerta del Mediodía.

Con casi 40 metros de altura, la Puerta del Mediodía, Wumen en chino, es una imponente construcción que da acceso a la Ciudad Púrpura Prohibida desde el sur. Situado en el eje central del recinto, el edificio es más una torre que una simple puerta, y cuenta con dos brazos laterales derivados de las torres que, un tipo de torre usado para decorar la entrada de palacios, templos y tumbas desde la dinastía Zhou (siglos XI-III a.C.). La parte central mide unos 60 metros de largo y está cubierta por un tejado doble de tejas vidriadas. En cada extremo había dos campanas y tambores; cuando el emperador salía hacia el Altar del Cielo, situado dentro del recinto de la Ciudad Exterior, sonaban las campanas, mientras que los tambores se unían al son de éstas cuando se celebraban las ceremonias más importantes en la Sala de la Armonía Suprema. De las cinco puertas que daban acceso al recinto palacial, la del centro estaba reservada para uso exclusivo del monarca. Tan sólo se hacía una excepción para la emperatriz en el día de su boda y para honrar a los tres participantes de los exámenes nacionales que obtuvieran los mejores resultados. Las proclamaciones del emperador se hacían desde esta puerta.

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Vertumno, Rodolfo II según Archimboldo

Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno, finalizado hacia 1590, es la más famosa de las cabezas compuestas a partir de vegetales de Giuseppe Arcimboldo. El artista italiano recreó al soberano del Sacro Imperio como Vertumno, dios de la mitología etrusca y romana asociado al cambio y a la abundancia de la Naturaleza.

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FOTO: Album

Rodolfo II, un soberano excéntrico

Rodolfo II, arriba retratado por Martino Rota, fue coronado emperador tras la muerte de su padre, Maximiliano II, en 1576. Fijó su corte en Praga, donde su carácter excéntrico y depresivo lo llevó a recluirse dedicado a sus grandes pasiones: la alquimia y el arte. Arcimboldo, pintor con una obra original, llena de sentido del humor y simbolismo, se convirtió en su artista favorito. Museo de Historia del Arte, Viena.

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Sarmizegetusa

Durante la campaña de 105-106 d.C. contra los dacios, las legiones de Trajano tomaron su capital, Sarmizegetusa. En su emplazamiento se fundó la Colonia Ulpia Traiana Sarmizegetusa, cuyos primeros pobladores fueron veteranos de las guerras dacias. En la imagen, una calzada del enclave.

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FOTO: DEA / Album

El conquistador de la Dacia

Efígie de Trajano, el emperador que conquistó la Dacia y pacificó la frontera danubiana en un sestercio.

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FOTO: AKG / Album

Protegida contra el mal fario

Sissi llevaba siempre colgados de su reloj de bolsillo un buen puñado de amuletos. Entre ellos se encontraba una mano haciendo el signo de los cuernos para evitar que le echaran el mal de ojo.

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FOTO: Willfried Gredler / AGE Fotostock

El botiquín de la emperatriz

En el botiquín de Sissi nunca faltaba la cocaína, que en esa época se usaba como antidepresivo y como sedante, ni una jeringuilla para inyectarla.

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FOTO: AKG / Album

Pensamientos íntimos

La emperatriz volcaba todas sus frustaciones en su diario personal, en el que se desahogaba y escribía poemas satíricos contra miembros de su familia, como por ejemplo su tío, el archiduque Guillermo.

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Obsesión con el peso ideal

Sissi estaba obsesionada con su peso, que se mantuvo toda su vida en 50 kilos. Báscula de la emperatriz. Museo Sissi, Viena.

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FOTO: Willfried Gredler / AGE Fotostock

Entreno en palacio

La emperatriz era una obsesa del deporte y de estar en forma. Llenó el palacio de Hofburg de utensilios para sus ejercicios gimnásticos diarios, como anillas que colgaba del techo o estas espalderas.

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FOTO: Willfried Gredler / AGE Fotostock

Una dieta proteica

La emperatriz se diseñó ella misma una dieta en la que predominaba el jugo de carne. Para ello usaba esta prensa.

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FOTO: Scala, Firenze

El compromiso de una adolescente

El compromiso de la jovencísima Elisabeth con el emperador cogió a todo el mundo por sorpresa, incluso a ella. Esta fotografía fue tomada por el famoso fotógrafo alemán Alois Locherer en 1853, en Baviera, en la época del compromiso de la princesa con su primo el emperador Francisco José.

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FOTO: Getty Images

Una emperatriz adulta

Con 30 años, Elisabeth había dado ya tres descendientes al emperador, entre ellos el tan deseado heredero al trono, y estaba a punto de tener el cuarto. Era una emperatriz con personalidad y hermosa que parecía haber dejado atrás la melancolía que le provocó el verse apartada de la crianza de sus dos hijos tras la muerte de la primogénita a los dos años, y se negó a someterse a la rígida disciplina de la corte más que cuando fuera estrictamente necesario. Gran amante de los animales, existen muchas fotografías de Sissi con sus perros, como ésta, tomada en 1867, en que aparece con su perro Houseguard, un animal que la acompañó durante años y por el que sentía especial cariño.

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FOTO: Scala, Firenze

El rostro escondido

Las depresiones de Elisabeth se agudizaron poco después de cumplir 50 años, cuando recibió el duro golpe de la muerte de su hijo Rodolfo en Mayerling. De luto perpetuo, en sus años de madurez, la emperatriz se negaba a dejarse fotografiar el rostro. En las imágenes tomadas a partir de entonces aparece a menudo con el rostro cubierto por un velo o con un abanico, como en esta imagen.

 

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FOTO: Getty Images

Púrpura, el color imperial

En el Imperio Bizantino, la púrpura fue un color destinado única y exclusivamente a la realeza y su producción estaba cuidadosamente controlada por el Estado. En este mosaico del siglo VI d.C., aparece la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, vistiendo una lujos túnica de color púrpura. Iglesia de San Vital, Ravena.

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FOTO: Erich Lessing / Album

El sudario de Carlomagno

Muchos siglos después de la desaparición de los fenicios del Mediterráneo, la púrpura seguía siendo un símbolo de la realeza. En el año 814, Carlomagno fue enterrado en la catedral de Aquisgrán envuelto en un sudario de seda confeccionado en Constantinopla, tejido con hilos dorados de seda y teñido con la púrpura de los reyes. Museo de Cluny, París.

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FOTO: Massimo Ripani / Fototeca 9x12

El foro romano

Cicerón pronunció algunos de sus discursos más famosos en este lugar, centro político de la ciudad. En primer término, las tres columnas del templo de Cástor y Pólux, y al fondo, el arco de Septimio Severo.

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FOTO: Erich Lessing / Album

De Octaviano a Augusto

El heredero de César se valió de Cicerón para afianzar su posición en la lucha de poder en Roma. Este camafeo incrustado en la llamada Cruz de Lotario muestra la efigie de Octaviano, convertido ya en el emperador Augusto.

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