El asedio más brutal de la Segunda Guerra Mundial

"Leningrado, la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944", la gran obra de Anna Reid

Bajo el sello Debate de Penguin Random House, se publica "Leningrado, la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944". En este libro, la historiadora Anna Reid recoge testimonios en primera persona del asedio más cruento de la Segunda Guerra Mundial.

Portada del libro "Leningrado: la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944"

Portada del libro "Leningrado: la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944"

Pocos meses después de que Hitler rompiera su pacto de no agresión con Stalin e invadiera la Unión Soviética, las tropas alemanas y finlandesas llegaron a la ciudad de Leningrado (actual San Petersburgo) y la sitiaron durante 2 años y casi 5 meses. Este asedio fue el más cruento de la Segunda Guerra Mundial: los muertos rondaron el millón de personas, la mayoría civiles, y el hambre llevó a los habitantes a alimentarse de cualquier cosa, incluso de cadáveres humanos.

La periodista Anna Reid, especialista en historia de Europa del Este, recoge en su libro “Leningrado, la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944los testimonios de quienes vivieron aquel asedio, plasmados en sus diarios. Más que una historia del suceso, se trata de una colección de historias personales que reflejan la dimensión humana del mismo, desde los gestos abnegados hasta las acciones más terribles.

En palabras de la autora, “la intención final de contar de nuevo la historia del asedio de Leningrado [...] no es volver a sacar a la luz una atrocidad a la que no se prestó la debida atención, arrancarle la capa de propaganda soviética ni apuntar los tantos que se marcó cada uno de los grandes dictadores. Es, como todas las historias de la humanidad en situaciones extremas, recordarnos qué significa ser humano, hasta qué punto puede degradarse o elevarse nuestro comportamiento”.

Tropas alemanas en los suburbios de Leningrado. Enseres domésticos abandonados y una iglesia en llamas al fondo

Tropas alemanas en los suburbios de Leningrado. Enseres domésticos abandonados y una iglesia en llamas al fondo

Foto: Narodowe Archiwum Cyfrowe

El asedio más terrible de la historia

El asedio de Leningrado fue uno de los episodios más mortíferos de la Segunda Guerra Mundial y el asedio con más bajas de la historia, principalmente civiles: más de 750.000 personas murieron debido al hambre y al frío, al no haberse evacuado la ciudad a tiempo. Leningrado fue cercada por los ejércitos de Alemania y Finlandia durante casi 900 días, hasta que en invierno de 1944 el ejército soviético pudo expulsar a los atacantes.

De haber tenido éxito en tomar la ciudad, el curso de la guerra podría haber sido muy distinto. Leningrado contaba con las fábricas de armas, los astilleros y las plantas siderúrgicas más grandes de la Unión Soviética, por lo que Hitler habría tenido una gran ventaja si hubiera conseguido apoderarse de ellas; además, le habría permitido cortar las vías ferroviarias que transportaban ayuda de los Aliados desde los puertos árticos de Arjánguelsk y Múrmansk. A pesar de su empeño, Leningrado fue la primera ciudad en Europa que el ejército alemán no pudo tomar.

Baterías antiaéreas en Leningrado, diciembre de 1942

Baterías antiaéreas en Leningrado, diciembre de 1942

Foto: RIA Novosti archive, image #765

Pero quien pagó el precio de aquella resistencia fueron los habitantes de la ciudad. Según la autora, “no evacuar a la población innecesaria para sustentar la ciudad antes de que se cerrara el cerco fue uno de los peores despropósitos que cometió el régimen soviético durante la guerra; causó más muertes civiles que ningún otro error, a excepción del de no haberse anticipado a la operación Barbarroja”. El 22 de enero de 1942, tras algo más de cuatro meses de asedio, se realizó una evacuación parcial aprovechando que la capa de hielo sobre el lago Ládoga había adquirido el grosor necesario para permitir el paso de camiones, pero el cerco todavía permanecía sobre unos 3 millones de civiles entre Leningrado y las poblaciones vecinas, a los que había que sumar medio millón de soldados soviéticos.

La consecuencia casi inmediata fue la falta de alimentos, que llevó a los mandos alemanes a mantener el asedio a la espera de que la ciudad cayera por inanición. El frío extremo del invierno, uno de los más rigurosos de la historia con temperaturas de hasta -30ºC, hizo aún más dramática la situación y propició algunos de los episodios más escabrosos jamás vividos en una guerra.

Gente en la sitiada Leningrado sacando agua de los agujeros causados por las bombas, diciembre de 1941.

Gente en la sitiada Leningrado sacando agua de los agujeros causados por las bombas, diciembre de 1941.

Foto: RIA Novosti archive, image #907

Sobrevivir en el infierno

Y es precisamente este cúmulo de vivencias individuales lo que forma el núcleo documental del libro de Anna Reid, basándose en los diarios escritos tanto por los habitantes de la ciudad sitiada como por los soldados de un bando que la asediaban y los del bando contrario que intentaban liberarla: documentos que nos hablan de la búsqueda desesperada de comida y agua, de saqueos y asesinatos, de suicidios e incluso de canibalismo.

A través de estos testimonios, se narra como los habitantes de Leningrado escondían a sus familiares difuntos para seguir recibiendo sus raciones de comida y, llevados al extremo de la desesperación, incluso se comían su carne. Los cadáveres desaparecían de las calles y hasta hubo casos de niños secuestrados y asesinados para servir de alimento ante la imposibilidad de encontrar nada más. Los diarios frecuentemente mencionan los efectos de la inanición y el frío entre una población ya desesperada y sin fuerzas para luchar, a pesar de la creación de numerosas milicias.

Alimentos entregados a la sitiada Leningrado en una barcaza en el lago Ladoga, en septiembre de 1942

Alimentos entregados a la sitiada Leningrado en una barcaza en el lago Ladoga, en septiembre de 1942

Foto: RIA Novosti archive, image #310

Los testimonios también explican el trauma que fue, para quienes habían logrado escapar a tiempo, el volver a la ciudad y encontrar sus casas destrozadas o ocupadas por otros. Una de estas personas fue rescatada del piso en el que se había quedado sola rodeada de cadáveres; pero al tratar de regresar al terminar el asedio, la gente que había ocupado su casa se negó a dejarla entrar ni siquiera para recoger sus pertenencias. Otras, que habían tenido que dejar atrás a los miembros de su familia demasiado débiles para viajar, ya no los encontraron al volver.

Lo que recoge Anna Reid en las páginas de “Leningrado, la tragedia de una ciudad asediada 1941-1944” es precisamente la historia humana del asedio, en lo mejor y en lo peor; un relato íntimo de lo que supuso vivir el asedio más brutal de la historia, despojado de la frialdad de la narración histórica y de la propaganda de los relatos oficiales.