Una operación no tan sorpresa

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Tropas británicas empujan un camión militar atascado en la arena de las playas del Lacio, en enero de 1944, tras el desembarco en Anzio. La operación, planificada como parte de la campaña para capturar Italia durante la Segunda Guerra Mundial, tenía el objetivo de burlar la línea defensiva (línea Gustav) establecida al sureste de la capital desembarcando por sorpresa a las espaldas de los defensores y caer sobre Roma: o, como lo describieron algunos oficiales, “clavar un puñal en la espalda de los fascistas”.

Para su disgusto, la operación estuvo lejos de ser una sorpresa: los mandos alemanes en Italia la conocieron con varios días de antelación gracias a unas fotografías tomadas por la Luftwaffe en el puerto de Nápoles, que hacían pensar en un inminente ataque anfibio, por lo que el mariscal Kesselring mandó llamar refuerzos del frente adriático y el propio Hitler mandó más efectivos para defender la posición.

De repente, los mandos aliados se encontraron con tropas insuficientes para el objetivo que se habían marcado: un golpe rápido que les permitiera capturar Roma. Aunque finalmente los Aliados se alzaron con la victoria en mayo de ese año, la batalla de Anzio se alargó durante cuatro meses y supuso para ellos un coste en vidas casi cuatro veces superior a la de los italianos y alemanes: al final, el puñal no estaba lo bastante afilado.

 

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