Sequía y hambre

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Las durísimas condiciones climáticas que afrontó la región africana subsahariana durante largos periodos en la década de 1980 fue una de las sequías más duras jamás documentadas. Sudán y Etiopía fueron los países que sufrieron sus peores consecuencias, agravadas por su inestabilidad política interna. Los habitantes de estos rincones del mundo solo tenían una opción: emigrar mientras sobrevivían con la ayuda de los cooperantes internacionales. Durante su éxodo se alojaban en campos improvisados como el de la imagen, ubicado en Haiya, al este de Sudán, fotografiado en diciembre de 1984. Las condiciones en estos asentamientos eran terribles: no había alimentos para todos y su gran ocupación aseguraba una alta transmisibilidad de cualquier enfermedad, mortífera para los más débiles. La sequía había provocado que estos nómadas perdieran a sus rebaños por haber tenido que venderlos o porque habían muerto al no poder alimentarlos. Datos posteriores afirman que el número de muertos por inanición pudo ascender a centenares de miles de personas. En Etiopía se calcula que fue de un millón.