La Rosa Roja

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Foto: AP

Desde principios del siglo XX, en Europa se podían intuir fácilmente los aires de una guerra que estaba a punto de estallar. Rosa Luxemburgo, por entonces una de las principales dirigentes del Partido Socialdemócrata alemán con un pensamiento marxista muy definido, dedicaba gran parte de sus fuerzas a intentar evitarla. Su intención era convocar una gran huelga general que implicase a los soldados de todos los bandos para que así se vieran unidos por la causa de la opresión de clase, más allá de los nacionalismos y patriotismos. Se había convertido en una gran oradora y derrochaba convencimiento en todos sus discursos, como el que pronunció en la imagen sobre estas líneas en Stuttgart en 1907. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918) continuó con su activismo antibelicista, lo que le costó cuatro largos años de cárcel. A su salida, se unió a la Revolución espartaquista que se había iniciado en las principales ciudades alemanas al final de la contienda. El levantamiento fue sofocado de forma violenta por las fuerzas armadas de un gobierno bajo el mando de sus antiguos compañeros del Partido Socialdemócrata. El 15 de enero de 1919, su cadáver fue arrojado a los canales del río Spree pocos días después de la revuelta por las mismas fuerzas del orden, tras haber recibido dos culatazos letales y un tiro de remate en la nuca.

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