La República en jaque

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Foto: Cordon Press

Las ciudades que el gobierno legítimo de la República todavía mantenía como sus grandes feudos en 1937 -Madrid y Valencia, y Barcelona por otro lado- habían quedado aisladas tras la última victoria rebelde en el frente de Aragón (abril de 1938). El territorio republicano estaba dividido y la Guerra Civil española se complicaba. La fuerzas republicanas decidieron lanzar una ofensiva con el objetivo de recuperar la comunicación entre las ciudades más importantes. El 25 de julio de 1938, el ejército republicano cruzó el Ebro por diferentes puntos y trató de asegurar las posiciones en la otra ribera del río; había empezado la batalla del Ebro, la más larga y sangrienta de la guerra. Franco, a quien se puede ver en la imagen visitando el frente, concentró todos los esfuerzos de sus tropas en combatir esta ofensiva, a sabiendas de que los republicanos luchaban en una posición difícil, de espaldas al río. El 16 de noviembre de 1938, tres meses y medio después, el bando rebelde certificaba su victoria y, prácticamente, sentenciaba la guerra.

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