Puntualidad británica

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Foto: Cordon Press

Un grupo de soldados del ejército británico hace cola con los relojes en la mano preparados para sincronizar la hora. Se encuentran en primera línea de uno de los frentes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en los que la frase pronunciada tiempo atrás por el rey Eduardo VII se había convertido en una de las principales premisas a seguir. "La puntualidad ya no es una cortesía del rey, si no la seguridad de los soldados." Todos los campos ingleses contaban con un puesto en el que un reloj daba la hora y al que todas las tropas debían acudir periódicamente para regular la exactitud de sus relojes. Del mismo modo, el ejército francés hacía lo propio con sus tropas. Era una operación de vital importancia, pues de esta manera se podía actuar, obtener unanimidad de movimientos y conseguir una cooperación perfecta a partir de la hora cero, el nombre dado al instante preciso en el que se recibía un ataque.