Un privilegiado almacén

neuschwanstein arte nazis

Foto: Cordon Press

En 1864, a los 18 años, Luis II de Baviera se convirtió en rey. Tras intentar sin éxito poner paz entre los Estados alemanes y anular la boda prevista con su prima -hermana menor de Sissí-, el apodado Rey Loco se retiró, decepcionado, de la vida de regente. Desde pequeño había idealizado épocas pasadas en las que los reyes gobernaban desde sus grandes fortalezas de aspecto medieval, y por ello dedicó gran parte de sus esfuerzos en reproducir este mundo romántico en su época. Construyó tres enormes castillos, entre ellos la maravillosa fortaleza de Neuschwanstein, que no llegó a ver terminada. Luis II de Baviera nunca pudo imaginar que, pocas décadas más tarde, después de que Alemania hubiese perdido una guerra y se viera inmersa en otra de mayor tamaño, el ejército nazi utilizaría su castillo de ensueño para almacenar las obras de arte requisadas a los judíos en Francia. En mayo de 1945, soldados de las fuerzas aliadas sacaban del castillo piezas que formaban parte de las colecciones Rothschild y Stern y que a su vez habían formado parte de la deseada colección particular de Hermann Goering. Hacia el final de la guerra, los nazis también almacenaron oro allí, aunque no se encontró ni rastro de él al término de la contienda. Había una clara orden de demoler el castillo para evitar que sus tesoros cayeran en manos enemigas, pero milagrosamente los soldados desobedecieron y Neuschwanstein sobrevivió intacto a la Segunda Guerra Mundial.