Papel quemado

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Foto: AP

La propaganda fue una de las armas más poderosas que utilizó el nazismo en la Alemania de los años 30 para legitimar sus discursos raciales y totalitarios. Fue clave para su ascenso al poder y, con Hitler al frente, el Partido nazi ya en el gobierno y en plena Segunda Guerra Mundial siguió utilizándola en sus muchas y diversas vertientes. Consciente de su importancia, el Führer nombró a Joseph Goebbels como Ministro de propaganda, quien desarrolló una maquinaria propagandística nunca antes vista. Una publicidad bien gestionada sumaba adeptos a la causa nacional socialista, contribuía a crear una imagen más amable de sus terribles políticas antisemitas y era un instrumento utilizado tanto para subir el ánimo a las tropas como para tratar de minar el de los enemigos. Con este objetivo grandes cantidades de propaganda en forma de carteles y panfletos eran enviados a los países enemigos. En la imagen se puede ver a un grupo de trabajadores públicos en San Francisco en marzo de 1941 cuyo cometido era destruir 17 toneladas de propaganda procedentes principalmente de Alemania, pero también de Italia, Japón y la URSS.

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