El legado de Stravinsky

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Foto: AP images

El pájaro de fuego (1910), Petrushka (1911) y La consagración de la primavera (1913) son tres de las obras más conocidas del compositor Igor Stravinsky. Los tres ballets pertenecen a su etapa inicial, bautizada como el periodo ruso, y son los que más fama le han granjeado. Sin embargo, el músico fue autor de muchas más obras y su aportación fue mucho más allá de sus composiciones. Tras el ruso, pasó por el denominado periodo neoclásico, reflejado en un regreso a la música clásica, y por último también transitó por una etapa dodecafónica. El mayor legado musical que se le atribuye es el de haber experimentado con ritmos cambiantes y métricas totalmente desequilibradas, presentando además una orquestación brillante y original, que mezclaba armonías drásticamente disonantes. Todas estas innovaciones dejaron huella en la música del siglo XX contribuyendo a la concepción de una nueva sensibilidad rítmica. En esta imagen tomada en 1962, se puede ver al músico dirigiendo la orquesta de Nueva York a pocos meses de cumplir 80 años. Era, además, un trabajador empedernido, y una vez llegó a afirmar: 'Trabajar es toda mi vida. Trabajo, viajo, como y trabajo.'