La hija exiliada de Stalin

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Foto: Cordon Press
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Svetlana Alliluyeva fue durante un tiempo la hija preferida de Yosif Stalin. Era la única niña y la menor de los hijos del dictador soviético, que la adoraba y la llamaba “gorrioncito”. Pero su vida empezó a derrumbarse cuando su madre, Nadezhda Alliluyeva, se suicidó cuando ella tenía apenas seis años a causa de una discusión con Stalin. Esto marcó el inicio del distanciamiento entre Svetlana y su padre, que se agravó durante la adolescencia: su primer novio no gustó al dictador, que lo envió a un gulag y decidió que, a partir de entonces, su hija solo podía tener citas acompañada de un miembro del KGB.

Después de una serie de matrimonios fracasados, Svetlana tuvo una relación no oficial con un intelectual indio, que también murió; a su muerte, decidió viajar a India para esparcir sus cenizas en el Ganges y, fascinada por aquel país lleno de vida y colores, decidió no volver nunca a la Unión Soviética; su padre había muerto hacía años y ya no podía impedírselo. Se dirigió a la embajada americana y pidió asilo, algo que cayó como una bomba y la convirtió en una traidora a ojos de las autoridades soviéticas hasta el final de los días de la URSS.