De jefe supremo a preso condenado

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Foto: AP

Los gobiernos militares se habían sucedido en Panamá desde 1968 cuando el general Manuel Antonio Noriega ascendió al poder en 1983. Su carrera militar fue una acumulación de éxitos y ascensos desde el golpe de estado del general Torrijos en 1968: de jefe de los servicios secretos, desde donde colaboró con la CIA estadounidense, a jefe supremo del país centroamericano. Entre tanto mantuvo vínculos con el narcotráfico en la región y se erigió como mediador entre Estados Unidos y las diferentes fuerzas rebeldes que trataban de liberar países como Nicaragua de sus respectivos dictadores utilizando toda clase de herramientas de guerra sucia tales como el asesinato o la extorsión. Del mismo modo ejerció la represión en su país contra cualquier forma de oposición, como en el caso de Hugo Spadafora en 1985 o la masacre de Albrook, en 1989, donde ejecutó a todos los miembros de un intento de golpe de estado contra su régimen. En la imagen aparece celebrando el fracaso del golpe el 4 de octubre. Aquel mismo año, la invasión estadounidense de Panamá le expulsó del poder. Fue sometido a varios juicios en EE.UU, Francia y finalmente en Panamá, donde murió en 2017 a causa de una hemorragia cerebral todavía cumpliendo condena.

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