Icono del Neorrealismo

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El éxito de la carrera profesional de este director de cine italiano que además también trabajó como actor gira en torno a dos de sus grandes éxitos: Sciuscià (1946) y El ladrón de bicicletas (1948). La primera obra trata la Italia de la Segunda Guerra Mundial a través de la historia de unos niños que se dedican a limpiar las botas de los soldados americanos, de ahí su título, pues es una deformación de la expresión inglesa "shoe shine". La segunda está ambientada en la Italia de posguerra. Ambas son dos obras cumbre del Neorrealismo italiano, por ello se considera a Vittorio de Sica uno de los grandes exponentes de esta corriente cinematográfica. En la imagen se le puede ver en 1950, ya como un director consolidado, trabajando en la creación de una nueva película que se llamaría Toto, il buono (1951), traducida al castellano como Milagro en Milán.