Un final anunciado

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Foto: AP

Para debilitar definitivamente el bando republicano durante la etapa final de la Guerra Civil española (1936-1939), la estrategia de los sublevados fue dividir el territorio controlado por la República en dos. Lo consiguieron en abril de 1938 tras la victoria en el frente de Aragón, y el empujón definitivo había empezado tras el final de la Batalla del Ebro, en noviembre de ese mismo año, que había dejado a las fuerzas republicanas gravemente desgastadas. El gobierno legítimo estaba instalado en Cataluña y ese era el objetivo de las tropas franquistas. En diciembre de 1938 lanzaron el empujón final que había de terminar con la toma de Barcelona. Las tropas franquistas al mando del general Yagüe dejaron atrás Tarragona y empezaron su imparable ascenso hacia la Ciudad Condal. El mismo Franco se desplazaba a la línea del frente para supervisar las operaciones, como se puede ver en la imagen sobre estas líneas tomada el 19 de enero de 1939. El 24 de enero el Gobierno huía a Girona, y el 26 de enero Yagüe y sus tropas penetraban en Barcelona. No era el final de la guerra, pues Madrid seguía resistiendo, pero sin duda lo anticipaba.

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