El monstruo de hierro que salvó Francia

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La foto muestra el monumento más famoso de París, la Torre Eiffel, durante su construcción para la Exposición Universal de 1889. En principio debía ser una estructura provisional, al estilo de otras Exposiciones Universales – se inspiraba en el Observatorio Latting de Nueva York, construido para la Exposición Industrial de 1853 –, y estaba previsto desmontarla al cabo de 20 años. Además, la torre no fue muy apreciada en el momento de su inauguración: muchos la consideraban fea y desproporcionada, y algunos artistas y arquitectos de la época la llamaron “un monstruo de hierro”.

Finalmente la Torre Eiffel se salvó de ese destino, aunque no por los motivos esperados. La torre se convirtió en el gran éxito de la Exposición de París, por lo que se decidió conservarla como atractivo turístico; pero una vez terminó el evento, el número de visitantes cayó en picado. La concesión terminaba en 1909, fecha para la que estaba previsto desmantelar la torre.

Viendo peligrar su criatura, el ingeniero Gustave Eiffel propuso que podía ser de utilidad como antena de telecomunicaciones, lo cual le dio una prórroga sobre el término estipulado en la concesión. Su idea resultó afortunada, ya que durante la Primera Guerra Mundial, los receptores de radio instalados en la torre interceptaron las comunicaciones alemanas, dando al ejército francés una ventaja decisiva en batallas como la del Marne. Al final, el “monstruo de hierro” había salvado Francia.

 

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