El imperio contraataca

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Uno de los hijos de Haile Selassie, emperador de Etiopía, visita las tropas acuarteladas en enero de 1936, durante la segunda guerra italo-etíope. Etiopía, también conocida como Abisinia en aquel entonces, fue el objetivo de la invasión italiana en dos ocasiones: el Reino de Italia, un estado nuevo en Europa, llegaba tarde al reparto del pastel colonial en África, pero no quería renunciar a su propio imperio.

La primera guerra italo-etíope tuvo lugar entre 1895 y 1896 y fue un completo desastre para Italia: los etíopes, superiores en número y bien armados por otros países europeos que querían evitar competencia de los italianos en África, resistieron a la invasión de un ejército desorganizado y con armamento reutilizado de la guerra por la unificación de Italia.

Cuando Benito Mussolini tomó el poder en 1923, no olvidó aquella humillación y preparó una nueva invasión, que esta vez sí fue exitosa gracias a un armamento renovado y al hecho de que Mussolini había atacado por sorpresa sin una declaración formal de guerra. Habiendo declarado su proyecto de convertir Italia en un imperio, en 1935 invadió de nuevo el país africano. En menos de año, Abisinia se convirtió en colonia de la efímera África Oriental Italiana, compuesta por Etiopía, Eritrea y parte de Somalia. Pero desde el principio los oficiales consideraban imposible mantener su posesión a largo plazo: después de cinco años de lucha de guerrillas, apoyadas por los británicos, Italia tuvo que retirarse por segunda vez de África.