Dunkerque en la popa

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Foto: AP images

A penas hacía unos pocos meses que la Segunda Guerra Mundial había empezado de forma oficial cuando tuvo lugar uno de los episodios más épicos de la contienda. En abril de 1940, las fuerzas alemanas avanzaban peligrosamente hacia el oeste tras la invasión de Polonia, y los aliados habían activado todas sus defensas para tratar de evitarlo. Sin embargo, la estrategia de Hitler y una mala planificación del bando aliado provocó que, cuando Alemania invadió Bélgica, los Países Bajos y Francia, un gran número de soldados de las tropas británicas, francesas y belgas quedaran atrapados a finales de mayo en las playas de Dunkerque, una ciudad francesa cerca de la frontera belga. La única alternativa era la retirada hacia Inglaterra a través del Estrecho de Calais, con todos los riesgos que tal maniobra comportaba. Durante los siguiente días, casi 340.000 soldados fueron evacuados hacia los puertos seguros de las costas inglesas en un rescate en el que intervinieron incluso embarcaciones privadas y de recreo, pues la marina británica no daba abasto y la Luftwaffe acechaba. La imagen sobre estas líneas muestra la llegada de los primeros soldados a Inglaterra el 24 de junio de 1940. A pesar de la carga simbólica de derrota que conllevó la retirada de Dunkerque, Churchill supo convertirla en una hazaña épica que acabó por reforzar la moral tanto de la sociedad como del ejército, fundamental para los siguientes meses en que Inglaterra lucharía una de sus peores batallas durante la guerra.