Un dictador humillado

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Foto: AP images

Tanto la popularidad como el poder real del dictador italiano Benito Mussolini fueron decayendo drásticamente durante los dos últimos años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). A finales de 1943, Hitler tomó el control del territorio italiano que todavía no estaba ocupado por los Aliados y puso a Mussolini —recién rescatado de su cautiverio— como líder del estado títere en el que se convirtió Italia a partir de entonces. Entre 1944 y 1945, la presión de los partisanos y los Aliados hizo retroceder las fronteras del dominio alemán hacia el límite norte, dejando Milán como una de las últimas ciudades en manos fascistas. Ahí se había instalado Mussolini junto con su amante Clara Petacci y parte de gobierno cuando, el 25 de abril de 1945, decidieron huir hacia Suiza. El 27 de abril Il Duce había conseguido llegar al lago de Como y continuaba su escapada por el pueblo de Dongo cuando los partisanos interceptaron el convoy en el que viajaba. Tras ser detenido, la versión que se ha considerado más creíble hasta ahora es que fue ejecutado por una pareja de partisanos comunistas. Lo que es seguro es que, después de su muerte su cadáver fue trasladado a Milán, donde fue arrojado a una plaza, vejado por la multitud y posteriormente colgado de una viga, al lado de otros, para su escarnio público, tal y como muestra esta imagen tomada en la Piazza Loreto de Milán el 29 de abril de 1945.

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