El declive del campeón

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La relación con el ajedrez de uno de los mayores genios de la historia de este deporte empezó a forjarse a los 6 años, cuando su hermana le regaló un tablero. Desde entonces, el joven Bobby Fischer se refugió en este juego para aislarse de una infancia difícil. A los 14 años, cuando fue tomada la imagen sobre estas líneas, Fischer ya era el campeón de su país y su carrera solo acababa de empezar. En 1972, con casi 30 años, disputó la que fue bautizada como la Partida del siglo, un encuentro que le enfrentó al campeón soviético, Boris Spasky, en plena Guerra Fría y que terminó con la victoria del estadounidense. Pero a partir de entonces empezó su declive personal y profesional, hasta el punto de que en 1992 fue emitida una orden de búsqueda y captura contra él por el gobierno de los Estados Unidos por haber accedido a jugar una partida en Yugoslavia, que estaba bajo el bloqueo estadounidense. Nunca más volvió a jugar una partida oficial ni pudo regresar su país de origen, del que renegaba completamente. Tras haberle sido concedida la nacionalidad islandesa, murió en Reikiavik a los 64.