El cuervo blanco

nureyev

Foto: Cordon Press

Con tan solo seis años, su madre le llevó junto a sus tres hermanas a ver un espectáculo de ballet. Desde entonces, Rudolf Nureyev supo que su destino estaba fijado: sería bailarín. Su padre se opuso de forma violenta a sus aspiraciones pero, a pesar de haber nacido en un familia rusa de origen humilde poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1940), Nureyev consiguió una beca que le permitió asistir a clases de danza en una buena escuela de la actual San Petersburgo. Y de ahí al estrellato. Tras convertirse en el bailarín solista de su compañía, esta emprendió una gira europea que le llevaría a París. Durante su estancia en la capital francesa, infringió todas las normas a las que estaban sometidos los artistas rusos de la compañía sobre interactuar con extranjeros y burló la vigilancia de los agentes del KGB. Cuando la compañía debía coger el avión para seguir la gira hacia Londres, fue informado de que debía regresar a Moscú para una actuación especial, a lo que Nureyev se negó. Justo antes de tomar el vuelo empezó a correr hacia el aeropuerto pidiendo asilo político, lo que le fue concedido. No pudo volver a su país hasta 1987, cuando se le permitió visitar a su madre enferma. El carismático y perfeccionista Nureyev, apodado el cuervo blanco desde su infancia, murió en 1992 víctima del SIDA.

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