Cuba: la revolución local de impacto global

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El líder revolucionario Fidel Castro, fotografiado con un grupo de sus guerrilleros a pocos kilómetros de La Habana. La víspera de Año Nuevo de 1958, el dictador Fulgencio Batista fue derrocado y Castro proclamó el cambio de régimen desde la capital provisional de Santiago de Cuba, antes de dirigirse a La Habana. Batista huyó del país con una gran fortuna que le permitió vivir holgadamente el resto de su vida.

La revolución en aquel país insular, que al principio había sido vista como un asunto local, demostró tener un impacto global mucho mayor de lo esperado. El nuevo gobierno nacionalizó todas las industrias estadounidenses en suelo cubano, lo que inmediatamente provocó el embargo económico y el aislamiento diplomático por parte de Estados Unidos. Esta reacción, a su vez, atrajo el interés de la Unión Soviética: el enemigo de su enemigo podía ser su amigo y, de repente, Cuba se convirtió en un aliado estratégico a un tiro de piedra de los estadounidenses. Fue el inicio de una relación de beneficio mutuo que duró hasta la disolución de la URSS; tanto, que Cuba fue uno de los pocos regímenes socialistas que sobrevivieron a la caída de la superpotencia.