Autobús culpable de la niebla tóxica

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Foto: AP
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El 1 de noviembre de 1939 empezó a funcionar el primer autobús a gas en Londres. El motor era impulsado por una especie de estufa que funcionaba quemando antracita y turba (dos tipos de carbón mineral) además de otras sustancias. La estufa se colocaba en un remolque en la parte trasera del autobús y se conectaba a este mediante una especie de manguera. Aunque era eficiente para la época y pronto se aplicó a otros transportes, era también muy contaminante y se sumaba al famoso smog de la capital británica, generando un aire nada saludable. El resultado fue que en pocos años la atmósfera londinense era irrespirable y había días en los que la ciudad quedaba literalmente cubierta por una niebla tóxica: el peor episodio tuvo lugar en diciembre 1952, cuando la capital quedó cubierta durante días por los gases y murieron unas 12.000 personas como consecuencia directa de la contaminación.