Afganistán, las heridas de la guerra

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Foto: AP

Rebeldes afganos inspeccionan un tanque soviético capturado en diciembre de 1979. Ese mes, el ejército de la URSS había entrado en Afganistán a petición del gobierno comunista que había tomado el poder un año antes. Este suceso provocó la rebelión de los grupos islamistas llamados muyahidines (literalmente, “luchadores de la fe”), que se oponían a la intervención extranjera y a las políticas socialistas del gobierno, y que recibieron apoyo y armas por parte de países extranjeros (especialmente Estados Unidos) que querían poner freno a la influencia soviética.

Este fue el inicio de una guerra que duró hasta 1992, cuando la desaparición de la URSS provocó la caída del gobierno comunista y la toma de poder por parte de los rebeldes, que instauraron un gobierno islámico. El conflicto fue uno de los más cruentos de la Guerra Fría y dejó heridas profundas en el país, con un resultado de millones de muertos, refugiados y personas con alguna discapacidad permanente; además de una destrucción considerable de las ciudades e infraestructuras. Pero el impacto mayor fue seguramente en la mentalidad de toda una generación de afganos, que crecieron entre la guerra y, siendo víctimas de un bando o de otro, no han conocido otra cosa.