El Valle de los Reyes, un millonario explora la necrópolis real

Entre 1902 y 1910, bajo el patrocinio de Theodore Davis, los arqueólogos descubrieron casi dos decenas de tumbas en la necrópolis de Tebas.

Valle de los Reyes

Foto: iStock

En los años anteriores a la primera guerra mundial, la exploración arqueológica del Valle de los Reyes –el desfiladero al oeste de la antigua capital egipcia, Tebas, donde los faraones del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.) habían establecido su necrópolis real– vivió una asombrosa sucesión de descubrimientos. En poco más de diez años se localizaron nada menos que 18 tumbas, entre ellas algunas tan notables como la de Tutmosis IV o la de Yuya y Tuya. «Cada campaña, una nueva tumba», se decía con admiración.

Tutankhamón

Howard Carter y algunos miembros de su equipo sacan uno de los lechos funerarios hallados en la tumba de Tutankhamón.  

Foto: Bridgeman / ACI

Cronología

Cuando cada año se descubría una tumba

1902

KV45: Howard Carter entra en la tumba de Userhat.

1903

KV43: Howard Carter halla la tumba de Tutmosis IV. KV60: Carter descubre la tumba de Inet, nodriza de Hatshepsut.

1905

KV46: James Quibell localiza en el Valle la tumba de Yuya y Tuya. KV47: Edward Ayrton encuentra la tumba del faraón Siptah.

1905-1906

KV48: Edward Ayrton descubre la tumba de Amenemopet. KV 49: Ayrton halla el sepulcro saqueado de un desconocido.

1907

KV50, KV51, KV52: Ayrton halla tres tumbas sólo con animales en El Valle. KV53: Ayrton entra en una tumba de propietario desconocido. KV55: Ayrton descubre una tumba conocida como el "escondite de Amarna".

1907-1908

KV54: Ayrton entra en una tumba con objetos de la momifiación de Tutankhamón.

1908

KV56: Ayrton halla la tumba de oro. KV 57: Ayrton halla la tumba de Horemheb.

1909

KV58: Ernest Harold Jones descubre la llamada Tumba del Carro.

1910

KV61: Harold Jones halla una tumba inacabada.

En la historia de la arqueología, esos hallazgos han quedado asociados al nombre del norteamericano Theodore M. Davis. Este abogado y empresario de Nueva York se había hecho millonario en su país y al retirarse de los negocios adquirió la costumbre de pasar el invierno en Egipto, acompañado por una mujer con la que convivía desde hacía tiempo, Emma Andrews. A bordo de una confortable dahabeya (barcaza a vela) y con varios criados a su servicio, se dedicaba a hacer cruceros de placer por el Nilo. Fue en el curso de estos viajes cuando se despertó su interés, más bien curiosidad, por las excavaciones arqueológicas.

Collar

Collar de flores hallado en la caché de Tutankhamón (KV 54) por Ayrton en 1907.  

Foto: MET / SCALA, Firenze

En 1899, Davis conoció a un joven arqueólogo británico de 26 años, Howard Carter, que acababa de ser nombrado Inspector General de los Monumentos del Alto Egipto. En los años siguientes, Carter frecuentó al magnate norteamericano intuyendo que le podría resultar de ayuda en sus excavaciones.

Ushebtis

Ushebtis procedentes de  la tumba de yuya y tuya (KV46).

Foto: Bridgeman / ACI
Panel

Panel de madera de un carro procedente de la tumba de Tutmosis IV (KV43). 

Foto: MET / SCALA, Firenze
Siptah

Nesu Bity del faraón Siptah, en su tumba del Valle (KV47).

Foto: DEA / Album

El poder del dinero

Ésa era una época nada brillante para la economía egipcia y, en consecuencia, para el Servicio de Antigüedades de Egipto dirigido por el francés Gaston Maspero. Por ello, las excavaciones que se realizaban en Egipto padecían una asfixiante escasez de fondos, que impedía adquirir cosas tan básicas como un grupo electrógeno para iluminar las tumbas. Carter vio en el interés de Davis una oportunidad de poner remedio a esa situación y en 1902 le propuso convertirse en patrocinador oficial de las excavaciones en el Valle de los Reyes, lo que le daba derecho, según las normas de la época, a la mitad de los objetos que se recuperaran. Davis, que también era coleccionista de arte aficionado, aceptó la propuesta.

Casa dde Theodore Davis

Casa que ocupó Theodore Davis durante sus estancias en el valle de los reyes, muy cerca de las excavaciones.  

Foto: G. Patarino / AGE Fotostock

Carter pronto pudo ofrecer resultados a su nuevo mecenas. En una zona occidental del Valle de los Reyes, poco explorada, encontró la entrada sellada de un sepulcro. Hubo de esperar el regreso de Davis, que estaba en Asuán a bordo de su dahabeya, para abrir por fin la tumba (KV45), que resultó ser la del noble Userhat. Poco después halló la entrada a la tumba KV36. Como recompensa, Davis recibió varios de los objetos localizados: una caja amarilla de madera de ciprés que perteneció a un guerrero nubio llamado Mahirpra, relacionado con la reina Hatshepsut, y dos elaborados taparrabos de piel de gacela. El millonario distribuyó las piezas entre el Museo de Bellas Artes de Boston y el de Historia Natural de Chicago.

Todo ello era un simple aperitivo comparado con el gran descubrimiento que hizo Carter en 1903. En su exploración del Valle, el egiptólogo inglés leyó el nombre de Tutmosis IV en un fragmento de vaso, por lo que pensó que la tumba de este faraón estaría en un punto cercano. Tras el verano, retornó al oeste del Valle, donde reaparecieron vestigios con el nombre del rey. Por fin, Carter encontró la escalera de acceso a la tumba real y los depósitos de fundación junto a ella. Tras despejar la entrada, viendo que Davis estaba en Asuán, decidió no esperar y el 18 de enero de 1903 entró en la tumba y comprobó la excepcional extensión y calidad de las pinturas que adornaban sus paredes.

La tumba de Siptah

Cuando Edward Ayrton empezó a trabajar para Davis tenía tan sólo 25 años. Su primer gran descubrimiento en el Valle fue la tumba de Siptah (KV47) en 1905. Ayrton trató de retirar los escombros, pero al llegar a la cámara funeraria abandonó a causa de las dificultades. El trabajó lo retomó Harry Burton en 1912.

Foto: Bridgeman / ACI

En la cámara funeraria, un sarcófago de cuarcita pintado de rojo se destacaba de las paredes desnudas. Davis llegó dos semanas más tarde, para realizar la apertura oficial de la tumba KV43 y adjudicarse de paso su descubrimiento. Gaston Maspero, que también estuvo presente en la visita, describiría así la actitud de los exploradores: «El miedo de la tumba, cerrada tan tardíamente, y de donde la visita de los turistas no había disipado la impresión de muerte, los invadió sin que se dieran cuenta. Hablaban en murmullos, moderaban sus gestos, caminaban o más bien se deslizaban tan silenciosamente como podían. A veces se agachaban para coger un objeto, o se agrupaban en torno a un pilar, quedando inmóviles por un momento, y acto seguido reanudaban su callado deambular».

«El miedo de la tumba los invadió sin darse cuenta. hablaban en murmullos, moderaban sus gestos y se deslizaban tan silenciosamente como podían»

Mientras limpiaba la tumba de Tutmosis IV, Carter hizo otro importante descubrimiento. Frente a un depósito de fundación con los nombres de Hatshepsut apareció la entrada de una tumba ennegrecida por el humo en la que James Burton, en 1825, ya había desistido de entrar por el peligro que presentaba. Carter comprobó que la KV20 era la tumba más larga y profunda de Egipto y en 1904 extrajo de ella dos sarcófagos de cuarcita, uno de los cuales, con el nombre de Hatshepsut sustituido por el de su padre, Tutmosis I, fue entregado a Davis y ahora se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Boston.

El tesoro de Yuya y Tuya

Al término de la campaña de 1904, Carter fue nombrado Inspector General de la zona de Saqqara. Su puesto en el Valle de los Reyes fue ocupado por James Quibell, arqueólogo del Servicio de Antigüedades. Davis, que se mantenía como patrocinador de las excavaciones, no quedó satisfecho con los frutos de los primeros trabajos del nuevo inspector, por lo que le exigió que se trasladara al centro del Valle, alegando que había zonas no exploradas.

Recibir órdenes de un «aficionado» –como se calificaba a Davis– suponía una ofensa para un arqueólogo del prestigio de Quibell, pero éste no tuvo más remedio que ceder. Davis alardeó siempre de que su decisión de rastrear exhaustivamente el Valle de los Reyes había sido la clave para los descubrimientos que seguirían. «Parece que tengo más éxito que ningún otro explorador, pero desafío el riesgo de la vanidad diciendo que descubro porque agoto todos los puntos del Valle sin reparar en tiempo, gastos y expectativas», afirmaría.

Tumba de Tutmosis

Emma Andrews, la compañera de Theodore Davis, recordaba su primera visita, en 1923, a la tumba descubierta por Carter: «En una sala sostenida por dos pilares había una bella decoración de dioses y diosas y emblemas, muy fresca y perfecta».   

Foto: DEA / Album

«Si mis velas hubieran tocado el betún, el ataúd habría ardido y, como todo el contenido de la tumba era inflamable, todos habríamos perdido la vida»

Mientras limpiaban la entrada del Valle, el 5 de febrero de 1905 los obreros de Quibell encontraron, entre las tumbas de Ramsés XI (KV4) y la de un hijo de Ramsés III (KV3), la puerta sellada de otra sepultura, la hoy denominada KV46. Dado que Quibell estaba atendiendo un compromiso oficial, Arthur Weigall actuó como su sustituto y permaneció en la puerta toda la noche, acompañado del rais o capataz de los obreros y de un hijo pequeño de éste. Por la mañana, suspendido del turbante de su padre, el niño entró en la tumba por una pequeña abertura. Entre los objetos con los que salió había un yugo de madera revestido de oro, perteneciente a un carro. Davis recogió el material y se lo llevó a su barco.

Al día siguiente se abrió la puerta de la tumba, y Maspero entró con Weigall, Davis y tres conocidos de este último. Un empinado pasillo acababa en otra pared; derribada ésta, entraron en una exigua cámara donde brillaba el oro. Davis casi provocó un desastre al acercar su antorcha a las maderas resecas, lo que Maspero le recriminó. «Si mis velas hubieran tocado el betún, lo que estuve muy peligrosamente cerca de hacer, el ataúd hubiera ardido. Dado que todo el contenido de la tumba era inflamable [...] sin duda todos habríamos perdido la vida», escribiría el propio Davis, con cierto dramatismo.

Los ocupantes de la tumba, Yuya y su mujer Tuya, eran los padres de la Gran Esposa Real de Amenhotep III, Tiy. Pese a haber sido saqueado en la antigüedad, el sepulcro contenía un ajuar funerario con el arte más rico y delicado descubierto hasta entonces. Uncarro de guerra destacaba entre tanta maravilla. Los enormes sarcófagos estaban abiertos, pero las momias, desprovistas de parte de sus vendajes, estaban intactas, como a punto de despertar de un letargo milenario.

Un nuevo «asistente»

Cuando Quibell regresó a la tumba y se enteró de que Davis se había llevado varios objetos sin dar tiempo a estudiarlos, decidió que no podía seguir trabajando con él. Pidió su traslado a Maspero y éste lo destinó a Saqqara, para cubrir el puesto de Inspector General que Carter había dejado vacante. A Davis le dieron cuatro ushebtis de la tumba. El nuevo arqueólogo asignado a Davis fue el joven Edward Ayrton.

Tumba de Horemheb

Es una de las más bellamente decoradas del Valle de los Reyes. En esta imagen se representa al faraón acompañado de diversas divinidades. A la izquierda, el rey ofrenda vino a la diosa Hathor. 

Foto: Araldo De Luca

Tras construir una casa de adobe para Davis y para él en la entrada del Valle, Ayrton halló tres nuevas tumbas, una de ellas saqueada en la Antigüedad –la de Siptah (KV47), el último rey de la dinastía XIX– y otras dos de interés menor. En enero de 1907, en cambio, Ayrton hizo un descubrimiento de gran importancia: la tumba KV55, el famoso «escondite de Amarna». Pero el trabajo en esta tumba fue un desastre y se perdió información que quizá hoy permitiría saber si la momia hallada en el sarcófago real era la del faraón Akhenatón.

La Tumba de Oro

Entre 1907 y 1908, Ayrton descubrió tres tumbas más. Una, la KV58, era una tumba de pozo en la que se hallaron láminas de oro con los nombres de Tutankhamón, Ankhesenamón y Ay. En otro pozo poco profundo (KV54) se hallaron jarras, guirnaldas florales secas y un trozo de tela que llevaba el nombre de Tutankhamón. Ayrton y Davis pensaron que eran los restos de la verdadera tumba de Tutankhamón.

Al mojar la superficie de otro pozo más profundo lleno de barro seco (KV56), salieron del lodo dos pendientes de oro con los nombres del faraón Seti II, un mero anticipo de lo que se reverlaría como la más sensacional colección de joyas de la dinastía XIX: «¡Algunos de los objetos son los más bellos que nunca se han encontrado!», como exclamó el propio Davis. La prensa de la época bautizó la KV56 como la Tumba de Oro.

En febrero de 1908, cerca de la KV58, Ayrton encontró la tumba de Horemheb (KV57); fue el último «descubrimiento» de Davis. Aunque inacabada en su decoración, era la primera gran tumba del Valle de trazado longitudinal. Sólo para investigar las partes inferiores se tardaron tres días. La última campaña de Davis, que se encontraba enfermo, tuvo lugar en 1912 acompañado por Harry Burton. Cansado y convencido de que ya no había nada más que encontrar, escribió: «Me temo que el Valle de los Reyes está ya agotado». En 1922, Carter demostró que Davis no podía estar más equivocado.

----------

Un defensor de Theodore Davis

Maspero

Gaston Maspero, director del Servicio de Antigüedades egipcio entre 1899 y 1914, período en el que Davis financió las excavaciones en el Valle de los Reyes.  

Foto: Bridgeman / ACI

Davis ha sido criticado por los egiptólogos profesionales por arrogarse el mérito de descubrimientos que se debían en realidad a los arqueólogos a los que financiaba, a quienes llamaba posesivamente «mis asistentes». Sin embargo, Gaston Maspero lo defendía y destacaba su renuncia a acaparar todos los objetos hallados que le correspondían como patrocinador. «Emprendió su tarea sin ningún ánimo egoísta. Pagaba a los obreros y hacía las excavaciones, pero nosotros [el Servicio de Antigüedades de Egipto] conservábamos todo lo que descubría [...]. Es gran mérito suyo haberse contentado con tan poco».

Mahirpra, el notable nubio

Vacas

El difunto Mahirpra aparece representado delante de bueyes sagrados en este papiro funerario descubierto en su tumba del Valle de los Reyes.  

Foto: DEA / Getty Images

El propietario de KV36, Mahirpra, se halla entre los personajes más misteriosos del Reino Nuevo. Por su tumba sabemos que este joven nubio se crio en la residencia de los niños reales. ¿Fue un guerrero o un cazador? Eso parece a juzgar por el arco, las flechas y los dos collares de perro recuperados, pero ¿por qué fue enterrado entre reyes? Aunque se le ha relacionado con Amenhotep II, curiosamente en su mortaja figuraba el nombre de la reina Hatshepsut. Si una tumba inacabada, en Deir el-Bahari, muestra a Senenmut copulando con la reina, ¿podría Mahirpra ser el hijo oculto de la reina y su arquitecto, como algunos investigadores han sugerido?

Ver el mapa de las tumbas del Valle de los Reyes.

Para saber más

Mujeres faraón en el trono de Egipto

Mujeres faraón en el trono de Egipto

Leer artículo

Este artículo pertenece al número 195 de la revista Historia National Geographic.

Compártelo