Idus de marzo

Las últimas palabras del dictador

¿Dijo César algo antes de morir, cuanto Bruto se le acercaba puñal en mano? Shakespeare puso en boca del dictador estas tres palabras: "¿Tú también, Bruto?", traducción del latín "Et tu, Brute?".

Fórmula de protección

Foto: Oronoz / Album

En realidad, si César habló debió de hacerlo en griego. Sólo Suetonio (que escribió 160 años después de los hechos) y Dión Casio (80 años después de Suetonio) recogen la información, sin darle credibilidad, de que, según «algunos», César dijo en esa lengua «Kai su, teknon», «Tú también, hijo». Se ha afirmado que con esta frase el dictador reconocía como su hijo a Marco Bruto, de quien se decía que era el padre. Pero esto es improbable, porque, aunque César fue amante de Servilia, la madre de Bruto, sólo tenía 15 años cuando éste nació. También puede que aquellas palabras fuesen un añadido posterior para enfatizar la ingratitud de los conspiradores.

¿Un guiño a los lectores?

Muchos investigadores creen que César no dijo nada, por lo que la discusión se centra en averiguar por qué esas palabras aparecen en las fuentes antiguas. Establecer su origen es difícil, porque no se sabe si estamos ante una exclamación o una pregunta, ni si esas tres palabras forman una oración completa o son el comienzo de una frase sin terminar.

Una interpretación las relaciona con una broma que el emperador Augusto le hizo a Servio Sulpicio Galba, cuando siendo un niño se presentó ante él con la boca llena. Augusto le pellizcó la mejilla y le dijo: «Tú también, hijo, saborearás nuestro poder». Cuando Suetonio escribió las biografías de César y los primeros emperadores, incluido Galba, aquella broma había adquirido el valor de una profecía, pues Galba fue emperador.

Suetonio habría puesto en boca de César las primeras palabras de la frase de Augusto («Tú también, hijo»), creando un clímax dramático que podrían apreciar los lectores eruditos, conocedores de la frase completa: el dictador, a punto de morir, le anuncia a Bruto que saboreará el poder, pero que su final también será amargo, porque Galba murió asesinado en plena lucha por el trono.

Con ello, las palabras de César adquirían el valor de un presagio. Además, el hecho de que Augusto empleara «Kai su, teknon» en una broma y en público indicaría que en su época esta expresión no se asociaba con el asesinato del dictador, ya que difícilmente el emperador, que había sido adoptado por César, habría bromeado utilizando las palabras pronunciadas por su propio padre adoptivo antes de expirar. Esto significaría que César no las dijo.

¿Un poema épico?

Otra interpretación reciente sugiere que las palabras de César se relacionan con la poesía épica. Serían parte de una frase incompleta: el dictador moribundo predice la muerte de su asesino, cuya participación en el crimen es el principio de su propio fin, puesto que los asesinos de César perecieron durante las guerras que siguieron al magnicidio.

El efecto profético de estas palabras se vincula a la tradición grecorromana de que el espíritu, cuando se separa del cuerpo en el momento de la muerte, adquiere naturaleza propia y puede profetizar el futuro, como sucede en la Ilíada. En esta epopeya, cuando el joven Patroclo está a punto de morir, anuncia a su matador, el príncipe troyano Héctor, que perecerá a manos de Aquiles; y Héctor, a su vez, advierte a su asesino, Aquiles, de que morirá a manos de Paris y Apolo.

En este sentido, tal vez la muerte de Héctor pudo ser el modelo de la de César: si en la Ilíada leemos que, muerto Héctor, los aqueos se acercaron al caído y «nadie hubo que se presentara y no lo hiriera», Nicolás de Damasco, al relatar la muerte de César, dirá que no hubo «ninguno que no golpee el cuerpo caído». Así pues, «Kai su, teknon» no sería un lamento ni un reproche: con estas palabras, César actuaría como un héroe épico que muere en combate, burlándose de su asesino y prediciéndole su cercana muerte.

No se sabe si César dijo nada antes de morir; tampoco se sabe a quién se habría dirigido en caso de decir algo, ni el sentido de sus palabras

¿Una maldición?

En el ámbito mediterráneo, las palabras Kai su tenían un carácter mágico que protegía del mal y del demonio. Esta fórmula mágica –transcrita como KAI CY en ciertos soportes, como los mosaicos– se podría traducir como: «¡Vete al infierno!». En este sentido, César habría lanzado una maldición contra Bruto para que sufriera las consecuencias de su acción, al estilo de «¡Nos veremos en el infierno!». Esta hipótesis ofrece una imagen de César mucho más enérgica, pero también lo muestra recurriendo a una superstición en los últimos instantes de su vida, y lo cierto es que el dictador era muy poco dado a supersticiones.

Para saber más

La muerte de Julio César, el complot de los idus de marzo

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Este artículo pertenece al número 195 de la revista Historia National Geographic.

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