Un rey de la Edad del Bronce

Ulises

Aunque Ulises, u Odiseo, es un personaje mitológico al que Homero hizo protagonista de la Ilíada y la Odisea, sus aventuras remiten a una sociedad que sí existió: la micénica, que se desarrolló en la Grecia de la Edad del Bronce.

En su óleo 'Ulises y las sirenas', de 1891, J. W. Waterhouse recreó este episodio de la 'Odisea'. Galería Nacional de Victoria, Melbourne.

Foto: National Gallery of Victoria, Melbourne / Bridgeman / ACI

El personaje de Ulises, también llamado Odiseo, es bien conocido gracias a la Odisea, la obra que narra su viaje de regreso desde Troya hasta su casa, la isla de Ítaca. En ella, Homero cuenta las penalidades que el héroe sufrió durante los diez años que anduvo errante por el mar a merced de la ira del dios Poseidón, quien lo perseguía por haber dejado ciego a su hijo, el cíclope Polifemo.

Valiéndose de su astucia, Ulises ciega al cíclope Polifemo –hijo de Poseidón–, al que previamente ha embriagado. Fresco por Pellegrino Tibaldi. 1550-1551. Palacio Poggi, Bolonia.

Valiéndose de su astucia, Ulises ciega al cíclope Polifemo –hijo de Poseidón–, al que previamente ha embriagado. Fresco por Pellegrino Tibaldi. 1550-1551. Palacio Poggi, Bolonia.

Foto: Ghigo Roli / Album

Tras mucho vagar entre monstruos como Escila y Caribdis, tras pasar largas temporadas con la maga Circe y la ninfa Calipso, tras resistir –atado al mástil de su nave– los cantos de las sirenas, Odiseo llegó hasta la isla de los feacios. Allí recibió la hospitalidad del rey Alcínoo y, en un banquete en su honor, confesó que era Ulises, el rey de Ítaca, y que llevaba viajando sin rumbo diez años, durante los cuales lo había perdido todo, incluso a sus propios compañeros.

Cronología

La Edad del Bronce

2000 a.C.

Los pueblos indoeuropeos llegan a los Balcanes, al lugar que después será Grecia. Traen con ellos el carro y el caballo.

1600-1500 a.C.

Tumbas de los Círculos A y B de Micenas, que contienen abundantes objetos de oro, como la Máscara de Agamenón.

1450 a.C.

Los micénicos invaden Creta, de cuya civilización minoica toman la escritura y técnicas artísticas.

1200-1190 a.C.

Guerra de Troya y destrucción de los reinos micénicos, quizá por los Pueblos del Mar o a causa de una catástrofe.

Siglo VIII a.C.

Se componen los poemas homéricos. La Ilíada es más antigua que la Odisea y probablemente son obra de poetas distintos.

Siglo VI a.C.

Ambos poemas se ponen por escrito bajo el tirano Pisístrato, quizá para establecer una versión canónica de los textos.

Los feacios lo llevaron, dormido, hasta Ítaca. Cuando llegó, Odiseo pudo comprobar con sus propios ojos aquello de lo que el adivino Tiresias le había advertido en el Hades, durante la visita del héroe a los infiernos: «Encontrarás penas en tu casa, a unos hombres soberbios, que devoran tu hacienda pretendiendo a tu mujer y haciéndole regalos de boda» (Odisea,11.115). En efecto, Penélope, su paciente esposa, aguardaba el regreso de Odiseo en su palacio, asediada por los pretendientes que esperaban casarse con ella y hacerse con el reino del monarca ausente (y presumiblemente muerto). Penélope había prometido que se casaría con uno de ellos cuando terminara de tejer la mortaja del viejo rey Laertes, el padre de Odiseo. Pero los engañaba destejiendo de noche lo que tejía de día, en la impaciente espera de su marido.

Los pretendientes acechan a Penélope, la esposa de Ulises, que está de pie ante la mortaja de Laertes, puesta en el telar. Óleo por Victor John Robertson.1900.

Los pretendientes acechan a Penélope, la esposa de Ulises, que está de pie ante la mortaja de Laertes, puesta en el telar. Óleo por Victor John Robertson.1900.

Foto. Peter Nahum at the Leicester Galleries, London / Bridgeman / ACI

Ya en Ítaca, Ulises tramó un engaño con la ayuda de Atenea: la diosa lo convirtió en un viejo mendigo para que pudiera entrar en su palacio como mendicante, sin ser reconocido. El rey soportó el maltrato de los pretendientes hasta que pudo vengarse mediante otro ardid: pidió a Penélope que anunciase un concurso de tiro con arco, cuyo premio sería casarse con ella. Una vez Ulises tuvo en sus manos el arco, comenzó a disparar a los pretendientes hasta acabar con la vida de todos ellos.

La venganza de Ulises. El rey de Ítaca dispara su arco contra los pretendientes que ocupaban su palacio. Dibujo por André  Bonamy. 1914.

La venganza de Ulises. El rey de Ítaca dispara su arco contra los pretendientes que ocupaban su palacio. Dibujo por André Bonamy. 1914.

Foto: White Images / Scala, Firenze

La historia y el mito

Esta es la historia del héroe en la Odisea, pero hay más. La poesía homérica parece recoger lejanos ecos de la civilización micénica, nombre que los historiadores dan a las gentes que habitaron Grecia entre 1600 y 1200 a.C., en plena Edad del Bronce, que toma su nombre del metal con que estaban hechas las armas y los objetos más preciados de la época. Odiseo es el rey de Ítaca. Homero lo llama ánax y basileús, dos formas de nombrar al «rey» que muestran que la concepción de la realeza en los poemas homéricos no es exactamente la misma que en época micénica, donde la voz para «rey» es solo (w)ánax. Los investigadores creen que la Odisea se compuso en torno al siglo VIII a.C., recogiendo tradiciones orales anteriores, y no es posible saber si Ulises existió –probablemente no–. En todo caso, el reino micénico de Ítaca sí debió de existir y es de esa fuente de donde mana el mito.

¿La isla del señor de Ítaca? En esta fotografía, tomada desde la costa de Cefalonia, se aprecia, al fondo, el perfil de la península de Paliki en dicha isla; se ha sugerido que Paliki podría ser la Ítaca de Homero.

¿La isla del señor de Ítaca? En esta fotografía, tomada desde la costa de Cefalonia, se aprecia, al fondo, el perfil de la península de Paliki en dicha isla; se ha sugerido que Paliki podría ser la Ítaca de Homero.

Foto: Alamy / Cordon Press

Para los griegos, Ulises era un héroe, igual que Aquiles y Agamenón; un héroe que, como aquéllos, participó en la guerra de Troya. Aunque la historia de estos personajes pertenece al territorio del mito, cada vez hay menos dudas de que esa guerra sí tuvo lugar. Así lo probó la excavación de las ruinas de Hisarlik, una colina en el oeste de Turquía. Según los arqueólogos, la ciudad cuyos restos se conservan en el estrato VIIa de este yacimiento fue destruida por una guerra hacia 1230-1180 a.C. Ésta es la guerra en la que teóricamente participaron los héroes homéricos, Ulises entre ellos. Desde el punto de vista histórico, existen pruebas arqueológicas de la presencia de micénicos en Anatolia, especialmente en Mileto, una antigua e importante ciudad al sur de Hisarlik. Además, los textos micénicos testimonian la presencia de mujeres procedentes de esta zona en el reino micénico de Pilos, al sur del Peloponeso.

La máscara de Agamenón. En el siglo XIX, Heinrich Schliemann excavó por primera vez Troya y Micenas, lugar donde halló esta máscara funeraria de oro. Hacia 1500 a.C. Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

La máscara de Agamenón. En el siglo XIX, Heinrich Schliemann excavó por primera vez Troya y Micenas, lugar donde halló esta máscara funeraria de oro. Hacia 1500 a.C. Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

Foto: Fine Art / Scala /Firenze

Ulises y el mundo micénico

Es difícil adaptar el relato homérico a lo que se conoce de esta civilización, ya que la Odisea parece reflejar un mundo posterior al micénico. Con todo, algunos elementos del poema pueden servir de comparación con el mundo micénico o bien con el inmediatamente posterior a su desaparición.

En primer lugar, los Estados micénicos se organizaban en reinos, y Ulises es un rey. Según Homero, era hijo de Laertes, y heredó el reino cuando alcanzó la madurez. Más allá de esto, algunos datos de la Odisea evocan realidades que conocemos por los textos micénicos. Los reyes controlan los «palacios», grandes edificios que, además de ser el lugar de residencia de la familia real, sus huéspedes y sus sirvientes, son centros administrativos donde se reciben los ingresos de las tierras y los rebaños del rey para redistribuirlos entre la población o destinarlos al comercio.

Círculo a de tumbas de Micenas, a los pies del palacio de este enclave micénico.

Círculo a de tumbas de Micenas, a los pies del palacio de este enclave micénico.

Foto: Reinhard Schmid / Fototeca 9x12

La riqueza de los reyes micénicos y de Ulises se basa en buena medida en la posesión de grandes rebaños: tanto los textos micénicos como la Odisea hablan de las piaras, vacadas y rebaños de cabras y ovejas propiedad del rey; su importancia también se refleja en el papel que el texto homérico otorga a tres pastores: el porquero Eumeo, el cabrero Melantio y el boyero Filetio. Igualmente, hay en la Odisea alguna referencia a las fincas del rey. En efecto, cuando Ulises se reencuentra con su padre al final del poema, Laertes está cuidando las vides de su hacienda, tal vez un témenos (finca) semejante al que aparece como propiedad del rey en textos micénicos de Pilos.

El porquero Eumeo, tal como lo dibujó en 1878 John Flaxman para el libro Historias de Homero, de Alfred J. Church. Este fiel sirviente ayudó a Ulises a acabar con los pretendientes.

El porquero Eumeo, tal como lo dibujó en 1878 John Flaxman para el libro Historias de Homero, de Alfred J. Church. Este fiel sirviente ayudó a Ulises a acabar con los pretendientes.

Foto: Bridgeman / ACI

Otro punto en común entre los textos micénicos y la poesía homérica es la presencia de sirvientes. En el palacio hay fundamentalmente esclavas. De ellas, destaca Euriclea, la nodriza de Ulises, que lo reconoce por una cicatriz cuando éste llega a palacio como mendicante y es bañado siguiendo las reglas imperantes de la hospitalidad griega. También se menciona a otras esclavas domésticas, como las que hace ahorcar Telémaco por haber mantenido relaciones con los pretendientes.

Euriclea, la anciana nodriza de Ulises, lo reconoce cuando llega a Ítaca disfrazado. Óleo por Gustave Boulanger. Siglo XIX. Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, París.

Euriclea, la anciana nodriza de Ulises, lo reconoce cuando llega a Ítaca disfrazado. Óleo por Gustave Boulanger. Siglo XIX. Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, París.

Foto: Beaux-Arts de Paris / RMN-Grand Palais

De cualquier forma, la descripción del oíkos o residencia de Odiseo dista bastante de lo que se sabe del funcionamiento de los palacios micénicos. Por ejemplo, no aparecen los artesanos y esclavos encargados de elaborar las materias primas que llegaban hasta el palacio, a quienes se pagaba con tierras y raciones de comida y que son bien conocidos por los textos micénicos.

En cuanto a la organización de los reinos micénicos y cuáles serían las relaciones entre ellos existe bastante desconcierto. Una de las opciones más verosímiles es que estos Estados formaran algún tipo de confederación contra enemigos comunes. Este modelo surge de los poemas homéricos y recoge, en último término, una propuesta de Ulises.

En efecto, cuando ya había heredado el reino de Ítaca, Ulises intentó, como muchos otros reyes, casarse con Helena. Al ver la gran cantidad de pretendientes que tenían el mismo propósito, renunció a Helena para casarse con su prima Penélope. Para ganarse el favor de Tindáreo, quien podría ayudarle a conseguir a esta joven (pues era su sobrina), le aconsejó que hiciera jurar a los pretendientes de su hija Helena que si ella sufría algún daño todos acudirían en su ayuda. Ésta es la razón mítica por la que la Ilíada presenta una confederación de reinos luchando por recuperar a Helena, raptada por el troyano Paris cuando era esposa del rey de la Esparta micénica, Menelao. Esta narración homérica unida a otros datos históricos que parecen considerar los reinos micénicos como una unidad (son mencionados como reino de Ahhiyawa en los textos hititas y de Tanayu, en los egipcios) conllevan la reconstrucción de un modelo similar para la época micénica.

La guerra de Troya. Ulises fue uno de los guerreros que se introdujeron subrepticiamente en Troya dentro de un caballo de madera, episodio que recrea este vaso del siglo VII a.C., procedente de Miconos.

La guerra de Troya. Ulises fue uno de los guerreros que se introdujeron subrepticiamente en Troya dentro de un caballo de madera, episodio que recrea este vaso del siglo VII a.C., procedente de Miconos.

Foto: White Images / Scala, Firenze

Ulises estuvo ausente de su casa durante veinte años: los diez de la guerra de Troya más otros diez de su viaje de regreso. Durante este tiempo, en Ítaca, los pretendientes acechaban a su mujer, su hacienda, su reino. Eran nobles que, en ausencia del rey, ansiaban conquistar la mano de Penélope, eliminar a su hijo Telémaco y hacerse con el trono vacante. Despiadados, abusaban de todo y de todos, pero eran, sobre todo, impíos. Pasaban el día gastando la hacienda de Odiseo, divirtiéndose en banquetes y juegos, comiendo y bebiendo sin privarse de nada, una actitud que a ojos del Olimpo podía ser considerada como un intento de vivir como dioses. Éste era el acto de hybris o arrogancia más grave que un griego podía cometer: en la cultura griega arcaica toda desmesura arrastraba un inexorable castigo, y el de los pretendientes fue morir a manos de Ulises.

Telémaco, hijo de Ulises, fue a buscar a su padre a Pilos, de cuyo palacio micénico proviene la tablilla en escritura Lineal B que vemos arriba. Hacia 1300 a.C.

Telémaco, hijo de Ulises, fue a buscar a su padre a Pilos, de cuyo palacio micénico proviene la tablilla en escritura Lineal B que vemos arriba. Hacia 1300 a.C.

Foto: DEA / Scala, Firenze

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Isla de Cefalonia

Isla de Cefalonia

Foto: Spacephotos / AGE Fotostock

El reino marítimo de Ulises

Ulises era el rey de Ítaca, pero los especialistas llevan siglos discutiendo dónde estaba realmente la Ítaca de Homero. La cuestión del carácter histórico de los poemas homéricos adquirió actualidad a inicios del siglo XX, cuando –después de que Heinrich Schliemann sacara a la luz Troya y Micenas– se intentó reconstruir el viaje de Ulises, un asunto que tiene difícil resolución. Los hallazgos de época micénica en Cefalonia apuntan a la presencia de un reino en la isla. Algunos estudios sugieren que la Ítaca original se hallaría en la actual península de Paliki, que en época micénica habría estado separada del resto de Cefalonia por un estrecho colmatado más tarde por la acción de varios terremotos; de este paso da cuenta el geógrafo Estrabón.

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Acuarela de Jean-Claude Golvin.

Acuarela de Jean-Claude Golvin.

Musée départemental Arles Antique © Jean-Claude Golvin / Éditions Errance

Una evocación del mundo homérico

El arquitecto y arqueólogo francés Jean-Claude Golvin recreó en esta acuarela el aspecto que podía tener el palacio de Ulises, que Homero imaginó como una realidad mezcla de palacio micénico y casa de campo. Se accedía a él a través de un pórtico con columnas en la entrada, y se organizaba en torno a un patio columnado al cual se orientaba el gran salón de la casa, donde se celebraban los banquetes y cuyo techo sostenían grandes columnas. El palacio contaba con un baño con bañeras, pues en ellas se lavaban los huéspedes (en las excavaciones del palacio micénico de Pilos apareció una hermosa bañera). En el piso superior se encontraban los dormitorios y el «tesoro» donde, bajo llave, se guardaban «el bronce, el oro y el bien trabajado hierro». Cerca del salón había también una sala donde se custodiaban las armas, pero, en realidad, no sabemos nada de los grandes almacenes y talleres que albergaban los palacios micénicos.

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Homero. Este retrato imaginario del poeta, labrado en mármol en el siglo II d.C., es la copia romana de un original griego del siglo II a.C. Museo del Louvre, París.

Homero. Este retrato imaginario del poeta, labrado en mármol en el siglo II d.C., es la copia romana de un original griego del siglo II a.C. Museo del Louvre, París.

Foto: White Images / Scala, Firenze

Historia y mito en Homero

¿Se puede reconstruir la historia griega a partir de los poemas homéricos? La respuesta es no. Antes del descubrimiento de las ciudades micénicas y de que el desciframiento de la escritura Lineal B ofreciera nuevos datos, sólo se contaba con los textos homéricos para reconstruir el mundo del II milenio a.C. Hoy podemos comparar la narración homérica con los hallazgos arqueológicos, pero no hay que perder de vista que Homero no es un historiador, sino un poeta que recoge una tradición muy anterior a él, deformada por la tradición oral de la que él mismo es heredero. Aunque puedan reconstruirse algunos trazos de la realidad del mundo micénico a partir de Homero, en sus obras comparece el mito, un relato distorsionado por la imaginación y el paso del tiempo.

Este artículo pertenece al número 211 de la revista Historia National Geographic.

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