Imperio otomano

Turgut Reis, el corsario de Solimán el Magnífico

Sus razias en las costas españolas e italianas convirtieron a este corsario de Anatolia en una pesadilla para los cristianos que sólo terminó con su muerte en el asedio de Malta.

Muerte de Turgut en 1565 durante el asedio de Malta. Grabado basado en una pintura de Giuseppe Calì.

Foto: Lebrecht / Bridgeman / ACI

Desde mediados del siglo XVI, Turgut Reis fue en España el corsario por excelencia. Góngora, en su romance Amarrado al duro banco, escrito casi 25 años después de las correrías de Turgut, da voz a un cautivo cristiano forzado a remar en una galera del temible Dragut, como lo llamaron los cristianos. Canciones, poesías, cuentos y documentos históricos personalizaban en este marino los miedos de la población mediterránea a que aparecieran «moros en la costa» y se llevasen a sus habitantes como cautivos a Berbería.

Turgut nació en Bodrum, una ciudad de Anatolia a orillas del mar Egeo, en 1514. Debió de llegar muy pronto a Argel, la plaza que los hermanos Barbarroja habían convertido en un reino especializado en el bandidaje marítimo. Estratégicamente situada a pocas horas de las costas de España e Italia, a Argel llegaban aventureros de toda procedencia, preferentemente turcos, atraídos por las inmensas posibilidades de enriquecimiento, ascenso y gloria que ofrecía.

Antes de cumplir los 25 años, Turgut se había hecho famoso como capitán de la taifa de corsarios de Argel. Ello hizo que el almirante de la flota hispánica, el genovés Andrea Doria, encargara a su sobrino, Juanetín Doria, apresarlo a toda costa. Después de seguirlo de isla en isla, Juanetín logró atraparlo en 1540. Condenado a penar en galeras, Turgut permaneció en ellas más de tres años, hasta que recuperó la libertad gracias al rescate pagado por Jairedín Barbarroja.

Cronología

Dragut, el terror de los mares

1514

Turgut Reis nace cerca de la ciudad turca de Bodrum. Se trasladará a Argel, donde se pondrá a las órdenes de Barbarroja.

1540

Juanetín Doria lo apresa y es condenado a galeras. Sirve como galeote cuatro años hasta que es rescatado por Barbarroja.

1551

Tras años saqueando las costas españolas e italianas como corsario, Turgut es nombrado almirante del sultán.

1556

Solimán lo nombra gobernador de Trípoli, plaza que había conquistado cinco años antes.

1565

Turgut Reis muere durante la invasión otomana de Malta, en la que participa.

El reino corsario

Aquella dura experiencia no amilanó a Turgut. En los siguientes cuatro años se hizo con catorce navíos, y a su flotilla particular se le sumaron otros doce barcos de aventureros del mar. Con aquellas naves se convirtió en un poder regional que podía influir en los Estados norteafricanos.

Aprovechando la inestabilidad dinástica de Túnez, Dragut convirtió la isla de Djerba en su base de operaciones. Desde allí, a principios de 1550 conquistó Mahdía, que imprudentemente había negado vasallaje tanto a los tunecinos como a los otomanos, y las vecinas ciudades de Monastir y Susa, en un intento indisimulado de emular a los hermanos Barbarroja en su gesta de fundar un reino en Berbería. Llegó a izar una bandera propia, colorada y blanca con una media luna azul en su centro. La monarquía hispánica no podía permitir la existencia de un bastión corsario que amenazaba sus posesiones en España e Italia y las comunicaciones entre ellas. Andrea Doria contraatacó con celeridad y reconquistó Monastir fácilmente. En Mahdía, sin embargo, los corsarios reforzaron sus defensas y el almirante italiano decidió tomarse un tiempo antes de asaltarla.

Turgut intentó fundar en la costa tunecina un reino similar al de Barbarroja

Por su parte, Dragut había dejado Mahdía en abril para iniciar una campaña demoledora contra las costas españolas, que labraría su tétrica leyenda en ellas. No era la primera vez que se adentraba en el levante español: en 1545 había desembarcado en Pineda de Mar (Barcelona), donde apresó y asesinó a 70 personas, según se recuerda en el pórtico de la iglesia de esta localidad.

En mayo de 1550 dejó un recuerdo indeleble en Cullera (Valencia). La leyenda cuenta que los corsarios, que desembarcaron al amanecer, no fueron descubiertos por los guardas de la costa, sino por un jurado de la villa que paseaba a su perro. Los turcos (en realidad aventureros de todo origen) entraron sin problema en la localidad y empezaron a saquearla. Las milicias de los pueblos cercanos, Gandía, Oliva, Alcira y Sueca, contraatacaron rápidamente y sorprendieron a los corsarios entregados al pillaje. Sólo el desembarco del propio Dragut impidió el desastre en su bando. Poco después, en las playas cercanas, los corsarios devolvieron a sus cautivos a cambio de un rescate.

Carlos V. Medallón de plata de 1537 con la figura del emperador.

Carlos V. Medallón de plata de 1537 con la figura del emperador.

Foto: Album

Las razias no acabaron ahí. Dragut se refugió en las islas Baleares, donde protagonizó un violento ataque a Pollença (Mallorca), el 31 de mayo, antes de poner rumbo al este para hostigar la costa italiana. En julio irrumpió en la costa catalana arrasando Salou (Tarragona) y secuestrando a muchos de sus habitantes.

Al final, a su regreso a Djerba, Turgut se enteró de que Andrea Doria había puesto sitio a Mahdía e intentó entrar en esta plaza para reforzar sus defensas, pero fue rechazado y la ciudad cayó poco después. A continuación, Doria puso sitio a Djerba y Dragut debió refugiarse en una marisma sin salida. Cuando todo parecía perdido, a Dragut se le ocurrió cavar un canal para escapar; se dice que en la zanja trabajaron dos mil hombres durante días. Mientras algunos soldados hostigaban a Doria para despistarlo, el grueso de su flota salió a alta mar por aquella brecha. Cuando el genovés descubrió la estratagema era demasiado tarde. Doria «ni lo miraba ni lo imaginaba. ¿Y quién había de pensar que nadie cavase la mar y abriese camino en ella?», relata el cronista Prudencio de Sandoval.

El castillo de Cullera (Valencia) defendía esta localidad de los corsarios, pero no bastó para evitar que Turgut la saqueara en 1550.

El castillo de Cullera (Valencia) defendía esta localidad de los corsarios, pero no bastó para evitar que Turgut la saqueara en 1550.

Foto: Alamy / ACI

Al servicio del sultán

En 1551, el sultán Solimán el Magnífico rompió la tregua con España, alegando, entre otros agravios, el ataque contra Turgut. Según Sandoval, el emperador contestó que éste no estaba incluido en el pacto firmado por ambos en 1547 y que «era un público ladrón que andaba a toda ropa», es decir, un simple pirata. En realidad, un aventurero del mar como Turgut rara vez ejercía la actividad de pillaje a su capricho, sino que requería el beneplácito de una autoridad superior. Dragut hacía tiempo que trabajaba para Argel, reino vasallo del sultán.

En 1551, Solimán contrató a Turgut como lugarteniente de su armada a las órdenes directas del almirante Sinán Pachá. Se acababan así las ambigüedades en cuanto al estatuto de Turgut, pero su actividad en la Armada real se asemejaba extraordinariamente a la de las flotillas corsarias. El nuevo general otomano hizo miles de cautivos en la isla maltesa de Gozo, aunque más importante fue la conquista de Trípoli, en poder de los cristianos desde 1510.

En 1553, Solimán encargó a Turgut ayudar a los franceses a conquistar Córcega, que por entonces pertenecía a los genoveses, aliados de los españoles. La ofensiva permitió a los franceses ocupar la isla pero los genoveses se reorganizaron para recuperar las plazas perdidas. En 1558 Córcega volvió sus manos, mientras los franceses reprochaban a Dragut la tardanza en asistirlos y incluso lo acusaban de haberse vendido a los españoles.

Barbarroja derrota a la flota de Carlos V durante la batalla de Preveza, en 1538. Óleo por Hovhannes Umed Behzad. Siglo XIX. Museo Naval, Estambul.

Barbarroja derrota a la flota de Carlos V durante la batalla de Preveza, en 1538. Óleo por Hovhannes Umed Behzad. Siglo XIX. Museo Naval, Estambul.

Foto: Aurimages

Gobernador de Trípoli

Poco después, el sultán lo relevó de su puesto y le otorgó la plaza de Trípoli, en la que su papel fue mucho más brillante. Aunque las costas españolas quedaron a salvo de sus ataques, Turgut se cebó en las de Sicilia y Nápoles, hasta el punto de que en 1561 el virrey español de estos territorios declaraba que la navegación por sus mares era imposible.

En 1565, el sultán llamó a Turgut para unirse a una gran ofensiva contra Malta, de donde quería extirpar a la legendaria orden de San Juan de Jerusalén, que se había especializado en el corso contra los turcos. En la isla se concentró la élite del ejército otomano, a la que se sumó Turgut Reis desde su gobernación en Trípoli. Los caballeros de Malta resistieron fieramente una tras otra las acometidas y el fuego de artillería. El 17 de junio, durante un bombardeo contra el fuerte de San Telmo (punto clave de la defensa de la isla), Turgut pasaba revista a sus baterías cuando recibió el impacto de una piedra en la cabeza, una herida de la que murió seis días después. Los corsarios berberiscos perdían así a su gran líder, aquél a quien llamaron «la espada desnuda del Islam».

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El corsario que llegó a Almirante

El cronista español Prudencio de Sandoval decía de Turgut Reis que venía «de parientes villanos, viles, soeces y pobres». Este desprecio aristocrático por un pirata de orígenes plebeyos refleja mal la realidad del Imperio otomano en el siglo XVI. En la época de la gran expansión turca, el ascenso en el ejército del sultán se debía más a méritos de guerra que a un origen social elevado. Fue así como un corsario hecho a sí mismo acabó convertido en el supremo almirante de la Armada de Solimán el Magnífico.

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Retrato de Jairedín Barbarroja. Hacia 1540.

Retrato de Jairedín Barbarroja. Hacia 1540.

Foto: DEA / Album

Patrón de corsarios

Jairedín Barbarroja acogió a numerosos marinos del orbe mediterráneo estableciendo con ellos una relación de patronazgo. Para el entonces señor de Argel esta relación suponía no sólo establecer lazos de autoridad y económicos, sino también (dijeron algunos) de subordinación sexual. Turgut fue uno de sus apadrinados.

Este artículo pertenece al número 214 de la revista Historia National Geographic.

Para saber más

Hayreddín Barbarroja, el temible corsario de Argel

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