Barco griego de hace miles de años

El tesoro sumergido de Anticitera

Unos buzos hallaron en 1900 un excepcional conjunto de estatuas y mercancías de lujo procedentes de un barco griego naufragado.

Odiseo.

Foto: Nurphoto / Getty Images

Durante largo tiempo, los marineros griegos de la costa de Asia Menor se dedicaron a la recolección de esponjas en aguas del norte de África. Tras largas travesías en barco, los buzos se sumergían a decenas de metros para arrancar de la piedra estos animales del tipo poríferos, que se dejaban pudrir al aire libre y eran sometidos a un tratamiento para venderlos como artículos de limpieza.

En 1900, un grupo de estos marinos partió de la isla de Simi a bordo de dos pequeños caiques o embarcaciones ligeras, pero una tormenta los obligó a resguardarse en Anticitera, una isla a medio camino entre la Grecia continental y Creta. Mientras esperaban que el tiempo mejorara, decidieron probar suerte y buscar esponjas en aquel mismo lugar. Echaron anclas en una zona conocida por la población local como Pinakakia, a unos veinte metros de la costa.

Cronología

Valiosa carga

70-60a.C.

Un navío griego naufraga frente a la costa de Anticitera con una rica carga de objetos de lujo.

1900

Marinos griegos dedicados a la recolección de esponjas descubren el pecio de Anticitera.

1902

El arqueólogo Valerios Stais se percata de que varias piezas de bronce forman el «mecanismo de Anticitera».

1976

Jacques Cousteau explora de nuevo el lugar del naufragio y halla estatuillas, joyas y cerámicas.

Rostros bajo el mar

Ilias Stadiatis fue el primero de los seis buzos que se sumergió en aquellas aguas. Para su sorpresa, a unos 50 metros de profundidad, observó sobre el lecho marino numerosos cuerpos de hombres, mujeres y caballos. Impactado por tal estampa, volvió de inmediato a la superficie y comunicó lo que había visto. Intrigado por su relato, el capitán Dimitrios Kontos se enfundó el traje de buzo para comprobar por sí mismo la veracidad de lo que Stadiatis estaba contando. Lo que descubrió no eran cuerpos, sino estatuas que descansaban sobre el lecho marino. La tenue claridad le permitió identificar algunas en mármol y otras en bronce. Emocionado ante el tesoro intacto que tenía ante sus ojos, volvió a la superficie portando consigo un brazo de bronce.

Kontos comunicó el hallazgo a las autoridades griegas el 6 de noviembre, cuando se reunió en Atenas con Spyridos Stais, ministro de Asuntos Religiosos y Educación Pública. Como prueba de su relato, llevó consigo el brazo de bronce que había rescatado de las aguas de Anticitera. Un día después, envió una carta al ministro general de Antigüedades solicitando permiso para recuperar los restos de la embarcación y su cargamento, así como una recompensa económica por el descubrimiento.

Buzos en acción

El gobierno griego accedió de inmediato a rescatar los restos del fondo marino, considerando que podía aumentar el prestigio de Grecia ante las potencias europeas. Hasta entonces no se había investigado arqueológicamente ningún naufragio completo, a pesar de varios intentos previos infructuosos y la recuperación puntual de algunos objetos y estatuas. De ser cierto lo que Kontos describía, estarían ante uno de los más importantes descubrimientos de la historia.

Los trabajos comenzaron el 24 de noviembre de 1900 y se prolongaron durante diez meses, bajo la supervisión de la Unidad de Arqueología del Departamento de Antigüedades y con la asistencia de la Marina Real Griega, que prestó un navío para facilitar la expedición. El mal tiempo ralentizó la campaña e imposibilitó una labor completa de recuperación. Los buzos compartían un único traje y casco, por lo que tenían que turnarse para pasar en el fondo del mar escasos minutos. A pesar de estas circunstancias y de la falta total de conocimientos técnicos en arqueología por parte de los buceadores, los descubrimientos fueron de inestimable valor.

En 1902 se vio que los fragmentos de bronce de Anticitera formaban parte de un sofisticado mecanismo

Por primera vez en la historia se recuperó casi la totalidad del cargamento de un naufragio antiguo: ánforas, estatuas de bronce y mármol, joyas, metales... objetos todos ellos que terminaron en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Fue allí donde, en mayo de 1902, el arqueólogo Valerios Stais descubrió que parte de los restos de bronce hallados por los marinos encajaban entre sí para formar el famoso «mecanismo de Anticitera», una sofisticada calculadora astronómica cuyo funcionamiento sólo ha podido esclarecerse recientemente.

Mecanismo de Anticitera. Fragmento frontal. Museo Arqueológico, Atenas.

Mecanismo de Anticitera. Fragmento frontal. Museo Arqueológico, Atenas.

Foto: Bridgeman / ACI

Colección única

Hoy sabemos que los objetos descubiertos iban en un carguero de unas 300 toneladas de capacidad que, debido a una tormenta, naufragó cerca de la costa de Anticitera en torno a los años 70-60 a.C. Las monedas y los materiales hallados en el navío llevan a creer que éste provenía de Delos, Pérgamo o Éfeso. Su destino final probablemente era Pozzuoli, en el golfo de Nápoles, desde donde su cargamento debía distribuirse hasta llegar a las residencias y villas de la más selecta élite romana.

De la rica colección escultórica en bronce recuperada destacan las estatuas del Efebo de Anticitera (340-330 a.C) o el llamado Filósofo (230 a.C.), de un realismo excepcional, así como otras esculturas de estilo clásico. Numerosos fragmentos hacen sospechar la existencia de más restos en el lecho marino.

Sobresalen asimismo 36 esculturas en mármol de Paros de distintos tamaños y estados de conservación, que representan, entre otros, a Odiseo, Hermes, Apolo, Hércules y Zeus. Además, se encontraron cuatro caballos de mármol pertenecientes a una cuadriga; durante su extracción, las cuerdas de sujección de uno de ellos se rompieron y la pieza volvió al fondo marino, donde permanece hoy en día.

El carguero también portaba tres klinai o divanes de madera con revestimientos en bronce, así como una gran colección de joyas y recipientes cerámicos y vítreos, entre los que destaca una veintena de recipientes de vidrio que constituyen un ejemplo único de este tipo de producción en época helenística en la región sirio-palestina.

Nuevos hallazgos

En 1953, el explorador francés Jacques Cousteau prospectó el lugar del naufragio. Volvió de nuevo a investigarlo en 1976, esta vez a petición del gobierno griego. Pese a la adversa meteorología, pudieron recuperarse algunas estatuillas de bronce y cientos de recipientes cerámicos, joyas y otros objetos de vidrio, lo que confirmó que parte del cargamento aún permanecía bajo el agua.

Entre 2012 y 2017, los arqueólogos Brendan Foley y Theotokis Theodoulou iniciaron un proyecto internacional con el objetivo de realizar un estudio completo del sitio, jamás llevado a cabo. Además de centenares de fragmentos de cerámica, se recuperaron una lanza, un brazo y pequeños objetos de bronce, así como los restos de uno de los tripulantes del navío.

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Buceadores y autoridades en Anticitera, en 1901.

Buceadores y autoridades en Anticitera, en 1901.

Foto: Alamy / ACI

Los buceadores

Una crónica del descubrimiento celebraba «los esfuerzos sin precedentes y realmente heroicos de los buceadores». Las inmersiones diarias durante tanto tiempo seguido eran un riesgo para la salud, y uno de los buceadores murió por descompresión al salir demasiado rápido a la superficie.

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Estatuas recobradas

El barco hundido frente a Anticitera transportaba decenas de estatuas destinadas al mercado de arte que se han podido rescatar en buen estado.

Luchador. Estatua en mármol de Paros. La parte enterrada en el fondo marino está intacta, mientras que el agua erosionó la otra.

Luchador. Estatua en mármol de Paros. La parte enterrada en el fondo marino está intacta, mientras que el agua erosionó la otra.

Foto: SPL / AGE Photostock
Efebo de Anticitera. Estatua de 1,94 m de la que aquí se muestra el busto. Conserva parte de los materiales usados para recrear los ojos.

Efebo de Anticitera. Estatua de 1,94 m de la que aquí se muestra el busto. Conserva parte de los materiales usados para recrear los ojos.

Foto: G. Nimatallah / Getty Images
Filósofo. Esta cabeza pertenecía a una estatua de cuerpo entero hecha en bronce, de la que se han hallado otros fragmentos.

Filósofo. Esta cabeza pertenecía a una estatua de cuerpo entero hecha en bronce, de la que se han hallado otros fragmentos.

Foto: G. Nimatallah / Getty Images
Boxeador. Estatuilla en bronce de 24 cm de altura, realizada a finales del siglo II a.C. y hallada durante la campaña de 1976.

Boxeador. Estatuilla en bronce de 24 cm de altura, realizada a finales del siglo II a.C. y hallada durante la campaña de 1976.

Foto: SPL / AGE Photostock

Este artículo pertenece al número 207 de la revista Historia National Geographic.

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Descubren dos estatuas femeninas cerca del aeropuerto de Atenas

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