Grandes descubrimientos

El tesoro que escapó a la furia goda

En 1793 salió a la luz en el monte Esquilino de Roma un conjunto de piezas de plata enterradas antes del saqueo godo del año 410.

El matrimonio formado por Proiecta y Segundo Turcio, representado en la tapa de su cofre. Museo Británico, Londres.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

El año 410 quedaría grabado en los anales de la historia trágica de Roma. Alarico, el líder de los godos, asestó el golpe definitivo al gobierno del emperador Honorio, soberano de la parte occidental del Imperio romano. Por tercera vez en apenas pocos años, los godos pusieron sitio a la capital imperial, y en esta ocasión estaban decididos a ocuparla y saquear todas sus riquezas. El 24 de agosto de aquel año fatídico, las tropas godas entraron en Roma y durante tres días con sus respectivas noches sometieron a la Urbe a un pillaje sin piedad.

Cronología

Oculto durante milenios

410

Alarico saquea Roma. Unos ricos propietarios esconden sus tesoros en su villa del monte Esquilino.

1793

Durante las obras de construcción del coro de un monasterio se halla un tesoro de 31 piezas de plata.

1827

El tesoro descubierto en el Esquilino pasa a la colección de antigüedades del duque de Blacas.

1866

El tesoro del Esquilino se pone a la venta y es adquirido por el Museo Británico.

Ante la amenaza inminente de perderlo todo, las familias más ricas de Roma buscaron el modo de poner a salvo sus más valiosas pertenencias, escondiéndolas en los lugares más inverosímiles de sus grandes mansiones. Muchas de éstas se encontraban en el monte Esquilino, un área saludable y tranquila que desde el siglo I d.C. albergaba uno de los barrios residenciales predilectos tanto de la familia imperial como de los miembros favoritos de la corte.

En la ladera meridional del monte, relativamente cerca del Coliseo y de las termas de Trajano, se alzaba una lujosa villa. Al producirse la invasión goda, sus propietarios decidieron enterrar allí algunas de sus pertenencias más valiosas. El tesoro se salvó, pero, por alguna razón, los dueños de la villa nunca regresaron para recuperar los objetos preciosos que habían depositado en el escondrijo.

Escondite del tesoro.

Escondite del tesoro.

Un magnífico tesoro

Siglos más tarde, sobre las ruinas de aquella villa se construyó un monasterio perteneciente a las monjas de San Francesco di Paola ai Monti. Y fue en 1793, durante las obras de construcción del coro del convento, cuando los trabajadores hallaron, amontonado en un mismo lugar, un servicio de mesa de plata integrado por un total de treinta y una piezas de magnífica factura. En el conjunto se contaban once platos de diferentes dimensiones, una botella, dos jarras, un aguamanil, una bandeja, un candelabro, una lucerna y dos cofrecillos ricamente repujados, además de seis apliques para muebles y varios adornos para caballos.

Inicialmente, el prelado encargado del edificio, Giulio Maria della Somaglia, no fue informado del hallazgo. Según relata una carta anónima conservada en el Archivo del Estado en Roma, la extracción de las piezas fue «maliciosamente silenciada durante muchos días por los propios excavadores que las habían encontrado; pero cuando llegó el momento en que quisieron venderlas a un precio vergonzoso, como de hecho hicieron en junio del mismo año, el robo fue descubierto».

Al cabo de dos meses, Della Somaglia logró recuperar los objetos robados, tras lo que solicitó a Ennio Quirino Visconti, director del Museo Capitolino, que hiciera una valoración del magnífico hallazgo. El resultado del riguroso examen fue publicado a finales de 1793 en una disertación epistolar en la que se declaraba que todos los objetos formaban parte del ajuar de una ilustre familia romana de fines del siglo IV.

Este grabado en color recrea los alrededores del monte Esquilino, en Roma. Charles Bance el Joven. 1801. Biblioteca Nacional de Francia, París.

Este grabado en color recrea los alrededores del monte Esquilino, en Roma. Charles Bance el Joven. 1801. Biblioteca Nacional de Francia, París.

Foto: BNF / RMN-Grand Palais

Sin embargo, Della Somaglia no tardó en traficar él mismo con el tesoro. Viendo en el descubrimiento una señal de la providencia para salvar a las monjas del Esquilino de los apuros económicos que atravesaban, puso en venta las piezas a un precio irrisorio. Así, en pocos meses el conjunto pasó a formar parte de la colección privada del barón Von Schellersheim, un coleccionista prusiano que por entonces vivía en Florencia. Pero las andanzas del tesoro no terminaron ahí.

En 1827, la familia Von Schellersheim decidió venderlo a Pierre Louis Jean Casimir, duque de Blacas, embajador francés ante la Santa Sede. Blacas había estado implicado en las excavaciones a gran escala del Foro romano junto con Carlo Fea, director del Museo Capitolino y Comisario de Antigüedades de Roma durante el gobierno napoleónico, y muy probablemente fue el propio Fea quien aconsejó la compra.

Camino de Londres

En realidad, el conjunto adquirido por el duque de Blacas no se limitaba a las treinta y una piezas originales halladas en el Esquilino, sino que incluía otras dieciséis de procedencia diversa. Todo el material pasó a engrosar la exquisita colección de antigüedades griegas, etruscas y romanas que el duque había empezado a reunir desde su llegada a Italia en 1814 y que estaba destinada a adornar los salones de su mansión en París. A la muerte del heredero del duque en febrero de 1866, la colección fue puesta en venta. Cuando el gobierno francés renunció a su compra, el Museo Británico aprovechó la ocasión para hacerse con una de las colecciones de antigüedades mejor nutridas del momento. Hoy, casi todas las piezas están expuestas en una sala del gran museo londinense.

Giulio Maria della Somaglia. Retrato por Gaspare Landi. Siglo XVIII.

Giulio Maria della Somaglia. Retrato por Gaspare Landi. Siglo XVIII.

Foto: Alamy / Cordon Press

A diferencia de la mayoría de tesoros antiguos descubiertos a lo largo de la historia, conocemos quiénes fueron los propietarios del tesoro del Esquilino. En las inscripciones y monogramas grabados sobre veintisiete objetos se reconocen los nombres de Pellegrina, Proiecta y Secundus, de los que se sabe que fueron miembros de la familia aristocrática de los Turci. El lugar donde se halló el tesoro y en el que se erigió el monasterio de las monjas de San Francisco correspondería, pues, a la mansión de la familia Turcia, o Domus Turciorum.

Cristianos y paganos

Según una reciente interpretación, Proiecta era hija de Floro, el maestro de oficios o chambelán del emperador Teodosio el Grande entre 380 y 381 y, después, prefecto del pretorio de Oriente, es decir, uno de los miembros más ilustres de la corte cristiana de Teodosio. Segundo Turcio, el esposo de Proiecta, era a su vez hijo o nieto de Lucio Turcio Segundo Asterio, un influyente ciudadano ligado a la causa pagana del emperador Juliano el Apóstata, que había ocupado altos cargos en Roma. Todo ello apunta a que su matrimonio unió una familia cristiana con otra pagana, aunque Segundo, al casarse con Proiecta, debió de convertirse al cristianismo a juzgar por la inscripción en una pieza del tesoro, el llamado Cofre de Proiecta, que reza: «Segundo y Proiecta, vivid en Cristo».

Desde 1872, el Esquilino se convirtió en la mayor cantera de esculturas antiguas de Roma, empotradas en muros tardoantiguos, cercanos a las murallas servianas del siglo IV a.C. (que se ven en esta fotografía de H. Parker).

Desde 1872, el Esquilino se convirtió en la mayor cantera de esculturas antiguas de Roma, empotradas en muros tardoantiguos, cercanos a las murallas servianas del siglo IV a.C. (que se ven en esta fotografía de H. Parker).

Foto: Istituto Nazionale di Archeologia e Storia dell'Arte

El tesoro del Esquilino nos muestra así la progresiva penetración del cristianismo entre los miembros de una familia pagana y cómo ciudadanos romanos con distintas creencias religiosas podían quedar unidos en matrimonio, algo que tradicionalmente había sido puesto en duda.

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El tesoro del Esquilino

Este espectacular conjunto de piezas de plata, del que aquí mostramos una selección, se conserva casi en su totalidad en el Museo Británico de Londres.

Cofre de Proiecta.

Cofre de Proiecta.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Cofre de Proiecta. Adornado con escenas del baño de la diosa Venus, este cofre de plata, de 55,9 cm de largo, llevaba grabado el nombre de Proiecta, representada junto a su esposo sobre la tapa. Es posible que se tratara de un regalo de bodas y servía como contenedor de objetos utilizados para el aseo o la higiene de manos.

Adorno para caballo.

Adorno para caballo.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Adorno para caballo hecho de bronce.

Divinidades tutelares.

Divinidades tutelares.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Divinidades tutelares. En el tesoro había seis apliques destinados a la silla portátil de un alto funcionario. Cuatro representaban a las Tychai o divinidades tutelares de las ciudades más importantes del Imperio en los siglos IV y V: Roma, Constantinopla, Alejandría y Antioquía.

Perfumero.

Perfumero.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Perfumero. Este cofre de plata con tapa en forma de cúpula permitía guardar cinco botellitas de plata que contenían perfumes.

Pátera de plata.

Pátera de plata.

Foto: Roger Viollet / Aurimages

Pátera de plata decorada con conchas y una imagen de Venus con dos amorcillos. Sobre el mango, Adonis. Coleccion Dutuit, París.

Plato de plata.

Plato de plata.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Plato de plata de 16,1 cm de diámetro. Su decoración se limita a una corona de laurel que rodea un monograma dorado. Forma parte de un conjunto de cuatro platos.

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Saqueo de Roma por los godos. Óleo por E. V. Luminais. Siglo XIX.

Saqueo de Roma por los godos. Óleo por E. V. Luminais. Siglo XIX.

Foto: Alamy / Cordon Press

El saqueo godo

En la víspera del 25 de agosto de 410, Roma fue ocupada por un ejército de 40.000 godos capitaneados por el rey Alarico. Tras entrar en Roma por la puerta Salaria, abierta por traición desde dentro, los invasores saquearon e incendiaron los recintos sagrados y las grandes mansiones de los montes Celio, Aventino y Esquilino. Sólo el centro monumental de la Urbe quedó indemne. En el botín se contó el ciborio de San Juan de Letrán, fabricado con 1.600 libras de plata donadas por Constantino.

Este artículo pertenece al número 211 de la revista Historia National Geographic.

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