Descubrimientos

Un templo prehistórico bajo tierra: Hal-Saflieni

A principios del siglo XX se descubrió en Malta un gran hipogeo que durante siglos fue usado como templo y necrópolis.

Vista de la cámara principal del nivel medio del hipogeo de Hal-Saflieni. Los grandes trilitos imitan la fachada de un templo.

Foto: Marco Ansaloni

A finales del siglo XIX, la periferia de La Valeta experimentó una profunda transformación paisajística. Lo que era una bucólica maraña de pequeñas propiedades cercadas por muros de piedra cedió el paso a modernos barrios residenciales que acogían a los trabajadores de la pujante industria naval. En 1902, el desarrollo urbanístico alcanzó la localidad de Rahal Gdid, más conocida como Paola en honor de su fundador: Antoine de Paule, gran maestre de la orden de Malta.

Al sur de este enclave se extendía el paraje de Tal-Gherien. Esta zona era conocida por la presencia de cavidades subterráneas, un hecho que obligó a los arquitectos a desplegar toda clase de recursos para fijar los cimientos de los edificios sin que éstos se derrumbasen. En una de aquellas pugnas contra la naturaleza, los operarios que cavaban una cisterna se toparon con una oquedad que parecía una catacumba.

Cronología

Hipogeo oculto

1902

En Tal-Gherien, los obreros que excavan una cisterna se topan con el hipogeo de Hal-Saflieni.

1903

Empiezan las excavaciones arqueológicas en Hal-Saflieni, dirigidas por Emmanuel Magri.

1908

Zammit inicia la investigación más intensiva. Se contabilizan 7.000 enterramientos.

1990

Empieza un gran proyecto de adecuación del yacimiento, amenazado por el volumen de visitantes.

Catacumbas

El interés económico que movía las obras estuvo a punto de dar al traste con el descubrimiento, pero por fortuna el hallazgo llegó a oídos de Antonio Annetto Caruana, responsable de antigüedades de la Biblioteca Nacional de Malta. Tras una primera inspección del lugar, Caruana afirmó, sin ninguna duda, que aquellas extrañas galerías eran fruto de la mano del hombre. En su opinión, se trataba de catacumbas realizadas en época cristiana, muy semejantes a las catacumbas de San Pablo y Santa Águeda existentes en Rabat, en el centro de la isla.

El hallazgo de Paola coincidió en el tiempo con un creciente incremento de la conciencia de conservación de los yacimientos arqueológicos de Malta, de los cuales el propio Caruana había realizado un inventario pionero en 1897. En 1903, tras aquella ingente labor documental y unos meses después del descubrimiento, se gestó lo que sería el germen del Museo Arqueológico de Malta con la creación de un departamento específico de antigüedades. A finales del mismo año se encargó la primera excavación arqueológica oficial del hipogeo a Emmanuel Magri, un erudito jesuita que era especialista en el folclore, la historia y la arqueología de la isla de Malta.

Distribuidor en el acceso del nivel superior al nivel medio del hipogeo de Hal-Saflieni.

Distribuidor en el acceso del nivel superior al nivel medio del hipogeo de Hal-Saflieni.

Foto: Dea / Getty Images

Primeros trabajos

Magri sólo pudo acceder a los niveles inferiores del hipogeo, ya que la parte más próxima a la superficie era propiedad privada. En pleno proceso de excavación, el religioso tuvo que partir en una misión a Sfax, en Túnez, donde la muerte le sorprendió de forma repentina. Con su desaparición se esfumaron las conclusiones de los trabajos que había acometido en aquel complejo subterráneo, pues sus notas no se habían publicado y nadie fue capaz de dar con ellas. Sin embargo, aquellos avances fueron suficientes para convencer al gobierno maltés de la necesidad de adquirir los terrenos, tanto para promover su investigación como para su explotación turística. En enero de 1908 se abrió por primera vez al público parte del yacimiento.

En ese momento aún quedaba mucho por descubrir, especialmente en la parte superficial, recientemente adquirida, donde se hallaban los depósitos arqueológicos más importantes. Entonces entró en escena Themistocles Zammit, un personaje polifacético, médico brillante que dejó la medicina para dedicarse a la investigación del pasado remoto de Malta. La excavación del nivel superior le permitió obtener información sobre la secuencia temporal del yacimiento, su uso como necrópolis monumental subterránea y sus posibles funciones rituales. Fue el primero en establecer una cronología no sólo de Hal-Saflieni, sino también de todo el Neolítico maltés. Gracias a su dilatada contribución, Zammit ha sido considerado el padre de la arqueología y la museología del país.

Tras abandonar su carrera médica por la arqueología, Themistocles Zammit excavó el hipogeo de Hal-Saflieni

La investigación continuó años después. En 1952 se hicieron nuevos sondeos, en especial en las cámaras decoradas con pintura ocre del nivel medio. Asimismo, se acometió un ambicioso estudio del yacimiento poniéndolo en relación con el resto de construcciones prehistóricas de la isla de Malta.

Themistocles Zammit. Busto en bronce. Museo Arqueológico Nacional, La Valeta.

Themistocles Zammit. Busto en bronce. Museo Arqueológico Nacional, La Valeta.

Foto: Alamy / Cordon Press

Más campañas

Entre 1990 y 1993 se llevó a cabo una intensiva campaña de excavaciones a cargo de los arqueólogos Anthony Pace, Nathaniel Cutajar y Reuben Grima. Estos trabajos permitieron localizar la entrada original al hipogeo y plantear cuál fue el uso de algunas de sus estancias más icónicas. Gracias al estudio de los restos óseos encontrados se ha podido precisar el número de personas enterradas en el complejo, unas 7.000. En 1980, la Unesco decidió incluir Hal-Saflieni en su listado de Patrimonio Mundial.

La estructura del hipogeo de Hal-Saflieni desvela que fue excavado a lo largo de varios siglos. De acuerdo con la opinión de David H. Trump, para los primeros enterramientos, datados hacia 4000 a.C., se debieron de aprovechar cavidades naturales de la roca. A medida que se necesitaba más espacio se excavaron las galerías, que con el paso del tiempo fueron adquiriendo mayor complejidad, hasta alcanzar los tres niveles conocidos. El complejo fue abandonado definitivamente hacia 2500 a.C.

Figurilla misteriosa

Las dos estancias más relevantes del hipogeo son la cámara principal y el sanctasanctórum, que reproducen la estructura de los templos megalíticos malteses. Su uso no parece haber sido funerario, sino ritual, al igual que el de la llamada «cámara del oráculo» o las salas que lucen pinturas de color ocre con formas poligonales, espirales y patrones vegetales.

Desde las primeras excavaciones de Magri a las más recientes, en Hal Saflieni se han encontrado centenares de objetos. Joyas, fragmentos de cerámica, restos humanos y estatuillas son un testimonio vivo del uso frecuente de un espacio que para las gentes del archipiélago era sagrado.

Entre estos objetos destaca una exquisita figurilla de arcilla, hallada en perfecto estado de conservación. Representa a una mujer tendida sobre un lecho y recostada sobre su brazo derecho. La enigmática dama del hipogeo maltés parece dormida o muerta, por lo que su ubicación en un lugar de enterramiento tal vez podría darnos a entender una doble relación: con la vida y con la muerte. La misma relación que mantiene con ellas la vasta y enigmática estructura subterránea de Hal-Saflieni.

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Modelo del hipogeo. Museo Arqueológico Nacional, La Valeta.

Modelo del hipogeo. Museo Arqueológico Nacional, La Valeta.

Foto: Alamy / Cordon Press

Lugar enigmático

El hipogeo de Hal-Saflieni se compone de una compleja red de galerías y cámaras subterráneas distribuidas en tres niveles de profundidad. Los antiguos habitantes de la isla utilizaron este lugar como santuario y como espacio de enterramiento a lo largo de más de 1.500 años.

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La Dama de Hal-Saflieni.

La Dama de Hal-Saflieni.

Foto: Marco Ansaloni

La Dama durmiente

Los pechos y las caderas de la Dama de Hal-Saflieni son prominentes, al estilo de los rasgos de las figuras femeninas del Paleolítico, que se caracterizan por su esteatopigia (una acumulación anormal de grandes cantidades de grasa en caderas y nalgas). Tradicionalmente se ha tenido por símbolo de fecundidad.

Este artículo pertenece al número 213 de la revista Historia National Geographic.

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