Entretenimiento y arte

El tarot, el juego de cartas más misterioso

Las barajas más antiguas del tarot muestran que este juego nació en las cortes italianas del Renacimiento.

Jugadores de tarot

Jugadores de tarot

Foto: M. Carrieri / DEA / Album

Los juegos de cartas surgieron, con toda probabilidad, en Oriente. Aunque se especula si el origen último se sitúa en China o en la India, los antecedentes más directos de las barajas que hoy conocemos están en el Próximo Oriente. Desde allí los nayb o «naipes» llegaron a Europa, donde consta su existencia desde el siglo XIV.

Las barajas más comunes estaban formadas por cartas numerales agrupadas en cuatro palos (oros, copas, bastos y espadas) más cuatro cartas de corte (dama, caballero, reina y rey). Con ellas se jugaba a juegos de azar que pronto se hicieron muy populares, antecedentes directos de los actuales, como la brisca. La Iglesia intervino pronto para condenar esta nueva afición. En lugares como Bolonia se hicieron piras para quemar barajas como inventos del diablo.

La Iglesia intervino pronto para condenar esta nueva afición. En lugares como Bolonia se hicieron piras para quemar barajas como inventos del diablo.

Uno de los primeros juegos de cartas de los que hay noticia es el tarot. Siempre que oímos hablar de este juego pensamos en la adivinación del futuro, pero en realidad la práctica adivinatoria del tarot data del siglo XVIII, cuando los tarotistas Court de Gebelin y Aliette comenzaron a realizar estas prácticas y dejaron testimonio de ello en Francia. Pero el tarot nació tres siglos antes, como uno más de los juegos de cartas que se popularizaron en el Renacimiento.

Obra de arte

La referencia más antigua al tarot se sitúa en la corte de los marqueses (luego duques) de Ferrara en el año 1440. En ésta y otras ciudades de Italia, el tarot era un juego aristocrático. Los tarots más antiguos que se han conservado son los llamados tarots Visconti-Sforza, encargados por Filippo Maria Visconti, duque de Milán, y su yerno y sucesor Francesco Sforza en los años centrales del siglo XV. Se trata de tres mazos de cartas incompletos –tienen 74, 67 y 48 cartas, respectivamente– conservados en diferentes colecciones del mundo. Los naipes están realizados a mano con materiales preciosos, como pan de oro o lapislázuli.

Originalmente, estas barajas se componían de 78 cartas. Como en los demás mazos, había 40 cartas numerales más 16 de corte, agrupadas en los cuatro palos. A éstas se sumaban otras veintiún cartas llamadas triunfos, naipes que llevaban un nombre y estaban numerados del uno al veintiuno, más la «carta del Loco», que carece de número. Los triunfos formaban tres grupos de siete cartas cada uno, según el tipo de representación que llevaran. El primer grupo mostraba las condiciones del hombre, con naipes como el Ermitaño, el Mago o los Amantes. El segundo grupo ilustraba los elementos que influyen en la vida humana, e incluía las virtudes cristianas, la Rueda de la Fortuna o el Diablo. En cuanto a las cartas del tercer grupo, representaban los planetas: la Luna, el Sol o la Estrella (en referencia a las estrellas fijas o las constelaciones).

Cabe destacar que algunos triunfos, como el Sol, la Luna, la Estrella o el Mundo, hacen referencia a elementos vinculados con la astrología, disciplina muy cultivada en el Renacimiento

Lo que diferenciaba las barajas que utilizaba la plebe de la baraja de tarot, reservada a la aristocracia, era la presencia de los triunfos. El hecho de que en éstos se representaran las virtudes cristianas podría explicar que el tarot no fuera condenado por la Iglesia. Esto nos hace suponer que era un juego distinto de los juegos de apuestas populares en la época.

Sin embargo, no tenemos textos que expliquen cómo se jugaba al tarot. Una hipótesis podría ser que las personas de la época conocieran perfectamente el significado de las cartas de triunfos. Era un saber que provenía de la Edad Media. Tenemos un ejemplo de ello en la Biblia pauperum, una colección de imágenes que permitía familiarizarse con las Sagradas Escrituras a quienes no sabían leer ni escribir. De hecho, algunos motivos que aparecen en las iglesias, como la propia Rueda de la Fortuna, los encontramos después en los triunfos del tarot. Así pues, en aquella época se entendía perfectamente el significado de las imágenes. Por esa razón, no hacía falta un texto que regulara taxativamente el valor de cada carta del tarot, dado que éste era un conocimiento ya adquirido y obvio para todos en la época. Por otra parte, cabe destacar que algunos triunfos, como el Sol, la Luna, la Estrella o el Mundo, hacen referencia a elementos vinculados con la astrología, disciplina muy cultivada en el Renacimiento.

Frescos del palacio Schifanoia, en Ferrara, cuya iconografía se ha comparado con la del tarot de Mantegna.

Foto: Antonio Guerra / Mondadori / Album

El tarot de Mantegna

El llamado Tarot de Mantegna, una baraja elaborada en el área veneciana hacia 1465-1470, aunque no era propiamente un tarot, ofrece pistas sobre cómo era el juego. Todas las cartas de esta baraja son triunfos, están numeradas del uno al cincuenta y se dividen en cinco grupos: las condiciones del hombre (desde el Mísero hasta el papa), Apolo y las Musas, las artes y los saberes (gramática, retórica, matemáticas, geometría, música...), las siete virtudes del cristianismo (fe, esperanza, caridad, humildad, templanza...) y los planetas, a los que acompañan el Primo Mobile y la Prima Causa (generadores del movimiento del universo), que cierran la baraja.

Aquí el sistema de juego parece ser evidente. A partir de una carta de la serie de las condiciones del hombre, más alta o más baja, el jugador debía llegar a lo más alto en el escalafón, ocupado por el papa. El resto de las cartas influían positiva o negativamente con su valor numérico y su significado: las musas, los saberes, las virtudes o los planetas. Ganaba quien al final del juego llegara más arriba en las condiciones del hombre.

Espejo de príncipes

El juego del tarot también podía servir como una herramienta didáctica para que los jóvenes nobles aprendieran los conocimientos necesarios para gobernar un día. Y aquí nos topamos con otro tarot muy singular, el llamado tarot Sola Busca, el más antiguo que se conserva completo. En la Pinacoteca de Brera, en Milán, se encuentra el mazo más famoso de esta baraja.

Con 56 cartas numerales y de corte y 22 triunfos, el Sola Busca sigue la estructura de los tarots Visconti-Sforza. Lo singular es que en la mayoría de los naipes se ha representado a personajes con su nombre escrito. Aparecen gobernantes de la Antigüedad clásica como Alejandro Magno o Nerón, personajes bíblicos como Nabucodonosor, literatos y juristas clásicos como Catón y figuras mitológicas como el dios Amón o la diosa Palas Atenea, además de muchas otras figuras con nombres latinos que aún no han sido identificadas.

Los naipes mostraban alegorías cuyo significado era conocido por las personas de la época

El propósito del juego sería que el joven que lo aprendiera comenzara a familiarizarse con los personajes de la Biblia, la mitología, la historia y la literatura. Era, por ello, un juego sumamente culto. Este tarot tiene también su paralelo en varios palacios renacentistas, en cuyas paredes vemos personajes históricos y mitológicos, como en el salón de los Gigantes del palacio Trinci en Foligno.

En suma, podemos considerar el tarot de los orígenes como un juego aristocrático, intelectual y educativo, diferente de los juegos populares, que hunde sus raíces en la Edad Media y guarda asimismo relación con el pensamiento mágico del Renacimiento, sobre todo con la astrología.

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Fuerza. Triunfo de una baraja Visconti. Museo Morgan, Nueva York.

Foto: Bridgeman / ACI

Lujo y arte

Las barajas Visconti-Sforza son un verdadero objeto de lujo. Los naipes, realizados quizá por los artistas Bonifacio Bembo y Antonio Cicognara, son pequeños cartones pintados con témpera. Los triunfos y las figuras aparecen sobre un fondo de oro e incluyen detalles hechos con materiales preciosos.

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Francesco Fibbia con varias cartas de su tarocchino boloñés.

Foto: Alamy / ACI

El enigma del inventor del tarot

No sabemos quién inventó el tarot, pero hipótesis no faltan. Durante mucho tiempo se habló de Jaquemin Gringonneur, un artista que habría creado el llamado Tarot de Carlos VI para este soberano francés, pero hoy sabemos que dicha baraja es más tardía y fue realizada en Florencia. Otra hipótesis nos habla de Francesco Fibbia, un noble italiano que en el siglo XIV habría inventado el tarocchino boloñés, un derivado del tarot pero con menos cartas. Así reza un lienzo del siglo XVII en el que vemos a este noble dejando caer al suelo naipes del tarot. Hoy pensamos que este personaje tampoco pudo ser el inventor del tarot, puesto que las primeras evidencias de la existencia de juegos de triunfos no aparecen hasta el año 1440.

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El tarot de Mantegna

Pese a su nombre, hoy sabemos que este mazo no fue creado por el pintor Andrea Mantegna. En la parte inferior de cada carta aparece el palo al que pertenece (A, B, C, D y E), el nombre y el número.

Poesía. Se encuentra sentada frente al Parnaso, tocando la flauta, símbolo de la elocuencia.

Foto: BPK / Scala, Firenze

Prima Causa. El triunfo más alto de la baraja muestra las esferas celestes del universo aristotélico.

Foto: BPK / Scala, Firenze

Teología. Añadida, junto a la Poesía y la Filosofía, a los siete saberes para completar un palo.

Foto: BPK / Scala, Firenze

Este artículo pertenece al número 215 de la revista Historia National Geographic.

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