Una mujer en el califato

Subh, la favorita que gobernó al-Andalus

Concubina preferida del califa al-Hakam II y madre de su heredero, Subh la Vascona ejerció durante dos décadas el máximo poder en el califato de Córdoba.

Un músico toca el laúd ante el harén del sultán. Biblioteca Apostólica, Vaticano.

Un músico toca el laúd ante el harén del sultán. Biblioteca Apostólica, Vaticano.

Foto: Oronoz / Album

En Medina Azahara (Madinat al-Zahra, en árabe), la ciudad palatina que Abderramán III hizo construir cerca de Córdoba hacia el año 940, existía un espacio reservado a las mujeres de los califas, las concubinas encargadas de entretenerlos, satisfacerlos y darles hijos. Ningún hombre, salvo el soberano y sus eunucos de confianza, tenía acceso a ese harén. En aquel recinto bañado en el lujo imperaba una rígida jerarquía: esclavas y mujeres libres, esposas y concubinas de diferentes edades y orígenes convivían bajo la autoridad de la favorita del califa o de la madre de su primogénito.

Todas eran mujeres con grandes encantos y capacidades, que recibían una esmerada educación y ejercían una gran influencia sobre el califa. Pese a ello, la mayoría son figuras anónimas y no aparecen en las fuentes escritas ni en las inscripciones o epitafios. Muy pocas lograron vencer las barreras que imponía el harén, y entre ellas destaca Subh, que ocupó por derecho propio un papel prominente en la historia.

Cronología

Mandar desde el harén

965

Subh, favorita del harén de al-Hakam II, da a luz al segundo hijo del califa, Hisham, que se convertirá en su heredero.

976

Tras la muerte del califa, logra que su hijo de 11 años sea entronizado y toma las riendas del gobierno con Almanzor.

996

Subh planea una conspiración contra Almanzor para poner coto a su poder, pero el caudillo sale reforzado.

997

Almanzor renueva el juramento de fidelidad a Hisham a cambio de que el califa les delegue su poder a él y a sus hijos.

998

Muere Subh, apartada del poder. Almanzor preside sus funerales.

Los orígenes de Subh son desconocidos. Dado que las fuentes le dan el apodo al-Bashkunsiya, «la vascona», cabe pensar que nació en el norte de la Península o que su familia era originaria de allí. Quizá fue apresada en alguna campaña militar o comprada como esclava. Lo que sí sabemos es que era una esclava cantora y concubina de al-Hakam II. Conocido por su afición a los libros, el califa debió de ver en Subh sobre todo a una mujer inteligente y cultivada a la que convirtió en su favorita. La llamaba cariñosamente Yafar, un nombre masculino que ha dado pie a todo tipo de elucubraciones sobre los gustos del califa.

Madre del heredero

En 962, Subh dio a luz a su primer hijo, llamado Abderramán. El califa tenía entonces 47 años y Subh aún debía de ser veinteañera. A partir de entonces, Subh comenzó a aparecer en las fuentes con un nuevo estatus, el de sayyida o señora. El llamado Bote de Zamora, una fabulosa caja de marfil, fue un regalo encargado por el califa para agasajar a la «señora, madre de Abderramán», un nombre que deja de lado el origen esclavo y extranjero de Subh y refleja su plena islamización. Cuatro años después nació su segundo hijo, Hisham, que se convertiría en heredero tras la muerte prematura del primogénito. A su vez, Subh pasó a ser Umm Hisham, «madre de Hisham». Se la conocía como la sayyida al-kubrà, la «gran señora», un título honorífico que la distinguirá a partir de entonces como madre del heredero.

Bote de Zamora, regalo de al-Hakam II a Subh, madre de su heredero.

Bote de Zamora, regalo de al-Hakam II a Subh, madre de su heredero.

Foto: AKG / Album

Su posición en el alcázar de Medina Azahara y su influencia sobre el califa debieron de ser notables por entonces. Los cronistas nos informan de que eligió a Muhammad ibn Abi Amir, más conocido como al-Mansur (Almanzor en las crónicas cristianas), como tutor de su hijo y administrador de sus bienes. Según unas fuentes, él le hizo varios presentes para llamar su atención, entre ellos una maqueta del palacio de Medina Azahara hecha en plata. Los cronistas sugieren que ambos mantuvieron una relación y que ella sentía un amor apasionado (shagaf) por él. La relación entre ambos dio pie a todo tipo de rumores, y la mayoría de los historiadores no duda en afirmar que fueron amantes. Lo que sí resulta claro es que Almanzor fue acumulando diversos cargos en la administración gracias a la
intercesión de Subh.

Al dar a luz al heredero del califa, Subh comenzó a recibir el trato de sayyida o señora

La mala salud del califa al-Hakam II y su decisión de que Hisham heredara el trono incrementaron el protagonismo de Subh en la política del califato cordobés. Aunque Hisham, con apenas once años, no podía ser califa según la ley islámica al ser menor de edad, en sus últimos años de vida al-Hakam II recurrió a varias estratagemas para que todos reconociesen a su hijo como heredero y le jurasen fidelidad. Pese a ello, cuando el califa murió en el año 976 se vivieron momentos de gran tensión en Medina Azahara. Durante esos turbulentos días se truncó una conjura que pretendía elevar al trono a un pariente de Hisham, su tío al-Mugira. Subh desempeñó un papel muy destacado en estos acontecimientos. Se ocultó la noticia de la muerte del califa
y los representantes del Estado juraron fidelidad a Hisham. Sólo entonces, tal como escribe el autor de Una descripción anónima de al-Andalus, «su madre divulgó la noticia [del juramento] y comenzó a hacer regalos y a atraerse a la gente hasta conseguir sus propósitos». Igualmente se atribuye a la influencia de Subh el nombramiento como hayib o chambelán del que había sido visir de confianza del difunto califa, Yafar al-Mushafi, mientras que Almanzor fue nombrado visir.

Una vez asegurada la sucesión, Subh desempeñó un papel político muy visible. La ya citada Descripción anónima se refiere a ella como Subh la Vascona e indica que «la sayyida Subh tenía el control del reino por la minoría de edad de su hijo y el hayib al-Mushafi y los visires no decidían nada sin consultarle ni hacían otra cosa que lo que les ordenaba».

Dinar de oro de al-Hakam II. Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Dinar de oro de al-Hakam II. Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Foto: ASF / Album

La mujer más poderosa

A estos momentos corresponde una inscripción localizada en Écija que conmemora la reconstrucción de una fuente por orden de «la señora, Dios le conceda gloria, progenitora, madre del Príncipe de los Creyentes al-Mu’ayyad bi-Llah Hisham, hijo de al-Hakam». El epígrafe atestigua el gran poder que ostentaba Subh en esos momentos, pues el tratamiento «Dios le conceda gloria» (a’zza-ha Llah) era similar al que habían recibido anteriormente emires y califas. Sin embargo, por su condición de mujer, Subh no podía ejercer el poder como tal. Nominalmente las órdenes las daba su hijo y éstas eran transmitidas por Almanzor, el único que tenía acceso al califa y trataba con Subh.

Subh llevó las riendas del Estado durante veinte años, sirviéndose de Almanzor en aquellas esferas de poder que no podía controlar desde Medina Azahara, particularmente los asuntos militares. Pero en 996 se hizo evidente que Almanzor aspiraba a controlar él mismo el poder, y Subh reaccionó. Junto con su hermano Fa’iq, eunuco en la corte y persona de su confianza, la sayyida organizó el traslado clandestino de parte del tesoro califal, escondiéndolo en jarras cubiertas con miel y diversas salsas. Con esos fondos Subh quería atraerse a nuevos partidarios y financiar un ejército que le fuese leal. Informado de ello, Almanzor envió a Medina Azahara a su hijo y mano derecha, Abd al-Malik, que reunió un contingente militar y se presentó en el palacio para adueñarse de las joyas. Pero cuando quiso hacerse con el tesoro privado del califa, Subh le recriminó su actitud y Abd al-Malik no se atrevió a enfrentarse a ella.

Medina Azahara fue edificada por Abderramán III. En la imagen, la entrada de la llamada casa de Yafar.

Medina Azahara fue edificada por Abderramán III. En la imagen, la entrada de la llamada casa de Yafar.

Foto: Stefano Politi Markovina / Alamy / ACI

Al año siguiente, Subh participó en un desfile por las calles de Córdoba, acompañando a su hijo como testigo del acto oficial en el que el califa delegó la administración del Estado a Almanzor y su linaje, los amiríes. Según una fuente, la sayyida murió un año más tarde. Almanzor acudió a su entierro descalzo, en señal de humildad y respeto, y, tras rezar las oraciones fúnebres, dejó una limosna de quinientos mil dinares, una suma enorme para honrar a la mujer a la que le debía todo. El gesto de Almanzor era un reconocimiento del papel que Subh había desempeñado en al-Andalus durante más de treinta años, en los que consiguió escribir su nombre en las crónicas y figurar en ellas no como una esclava extranjera movida por las pasiones, sino como una mujer inteligente, «virtuosa y muy religiosa», respetada por todos, que supo comandar el califato entre bastidores.

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La novela de Aurora

Los historiadores del siglo XIX dieron una visión romántica y hasta novelesca de Subh. Para ellos no había duda de que fue una esclava cristiana, e incluso imaginaron que originalmente se llamaba Aurora. Tras entrar en el harén y adoptar un nombre árabe, Aurora-Subh se transformó en una figura exótica en su nuevo entorno. Su vida habría estado determinada por su relación con los hombres y por sus sentimientos de mujer: primero cautivó al califa, luego fue víctima de una ciega pasión por su amante Almanzor y por último habría sido incapaz de salvaguardar el legado de su hijo frente a este ambicioso general, al que cedió todo el poder.

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Busto de Almanzor. Siglo XX.

Busto de Almanzor. Siglo XX.

Foto: Alamy / ACI

Amante y protegido

Subh nunca estuvo aislada en el harén, sino que supo rodearse de personas de su confianza. Una de ellas fue Almanzor, un joven que había llegado a Córdoba para completar sus estudios. Subh se fijó en él y consiguió que el califa lo nombrase su secretario y administrador de bienes. Las fuentes sugieren que hubo una relación amorosa entre ambos y que Almanzor la cubría de regalos.

Este artículo pertenece al número 215 de la revista Historia National Geographic.

Para saber más

Medina Azahara: la ciudad brillante

El esplendor de Medina Azahara

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