Descubrimientos

El santuario de Olimpia vuelve a ver la luz

El alemán Ernst Curtius dirigió en Olimpia, entre 1875 y 1881, una excavación que se convirtió en modelo de rigor arqueológico.

El equipo de Curtius durante las excavaciones en el templo de Zeus. Fotografía de 1875-1876.

El equipo de Curtius durante las excavaciones en el templo de Zeus. Fotografía de 1875-1876.

Foto: Adoc-Photos / Album

Olimpia albergó los más famosos juegos atléticos de la antigua Grecia. Desde el siglo VIII a.C., miles de personas acudieron allí cada cuatro años, procedentes de todos los rincones del mundo helénico, para asistir a las competiciones deportivas en el estadio y hacer ofrendas en los espléndidos templos del santuario, mientras se alojaban en hospederías y se relajaban en los baños. Pero el recinto de Olimpia quedó clausurado después de que las autoridades cristianas de Roma prohibieran los juegos y los cultos paganos en torno al año 400 d.C.

Estatuilla de bronce de un corredor, con una inscripción votiva.

Foto: Marka / AGE Fotostock

En el siglo VI, dos terremotos convirtieron el lugar en un amasijo de ruinas. Más tarde, los derrumbes del monte Cronión y los aluviones de las crecidas de los ríos Alfeo y Cládeo sepultaron el yacimiento bajo una capa de tierra de varios metros de profundidad, un hecho que paradójicamente contribuyó a preservar los restos de Olimpia durante siglos.

Cronología

Dioses y deporte

776 a.C.

Se celebran en Olimpia, según la tradición, los primeros juegos de la antigua Grecia.

393 d.C.

Teodosio I suprime los Juegos Olímpicos por su relación con el paganismo.

1875

Comienzan las excavaciones en el yacimiento de Olimpia a cargo de Ernst Curtius.

1877

Hallazgo de la escultura de Hermes y Dioniso en el interior del templo de Hera.

El santuario perdido

Los autores clásicos dejaron mucha información sobre Olimpia, sobre todo Pausanias, un viajero que en su Descripción de Grecia mencionó casi todos los monumentos que formaban el santuario en el siglo II d.C., así como las esculturas y exvotos que podían contemplarse allí. Apoyándose en esta descripción, el teólogo inglés Richard Chandler, durante un viaje que hizo a Grecia, pudo identificar en 1766 los restos de Olimpia en la confluencia del río Alfeo con su afluente el Cládeo, y halló algunos vestigios del templo de Zeus. En las décadas siguientes, otros europeos llegaron al lugar para realizar los primeros mapas y sondeos.

La primera excavación arqueológica empezó en 1829 bajo la dirección de dos franceses, Abel Bouet y Léon-Jean J. Dubois, pero las autoridades del nuevo Estado griego les rescindieron el permiso tras esa primera campaña por llevarse a Francia los hallazgos.

Pasó casi medio siglo antes de que comenzara la excavación sistemática del yacimiento. El impulsor del proyecto fue el alemán Ernst Curtius, un eminente historiador de la antigua Grecia, arqueólogo y profesor de la Universidad de Berlín. Aunque ya en 1852 había trazado un plan de excavación del lugar, Curtius tuvo que esperar dos decenios para lograr el apoyo del emperador alemán Guillermo I, que en 1872 promovió la creación del Instituto Arqueológico Alemán de Atenas y enseguida hizo gestiones a través de su embajador en Grecia para obtener del gobierno heleno la concesión de la excavación en Olimpia. El acuerdo, firmado en 1874, estableció que todas las piezas descubiertas se quedarían en Olimpia a menos que existiesen ejemplares idénticos.

Desenterrar Olimpia

Desde octubre de 1875, Curtius, sus principales colaboradores –el arqueólogo Gustav Hirschfeld y el arquitecto Adolf Bötticher– y un contingente de quinientos operarios se dedicaron a la ingente tarea de desenterrar por completo los restos de la antigua Olimpia. Para lograrlo fueron necesarias seis campañas sucesivas de excavación, realizadas entre los años 1875 y 1881. En ellas se sacaron a la luz los restos de los dos grandes templos de Olimpia: el de Zeus, con gran parte de su decoración escultórica original, y el de Hera. También se exhumaron algunas construcciones ligadas a los Juegos Olímpicos, como el estadio o el gimnasio, y edificios de uso civil como el pritaneo, el bouleuterion o el leonideon.

La excavación de Curtius en Olimpia marcó un momento decisivo en el desarrollo de la arqueología científica. El yacimiento se convirtió en una auténtica escuela para toda una generación de profesionales que iban relevándose conforme el calor y la malaria minaban su salud.

Trabajadores y arqueólogos en el templo de Hera, durante las excavaciones de la campaña de invierno de 1877-1878.

Foto: Alamy / ACI

Método científico

En Olimpia se puso en práctica la incipiente metodología estratigráfica, que permite tanto establecer la cronología de los hallazgos según el nivel del terreno en que aparecen como relacionarlos con otros objetos de su mismo nivel. El equipo de Curtius también fue pionero en el uso de la fotografía para catalogar los hallazgos.

Curtius fue pionero en el uso de la estratigrafía para establecer la cronología de los hallazgos, y en el empleo de la fotografía para catalogarlos

Del mismo modo, la inclusión de arquitectos e ingenieros en el equipo arqueológico permitió analizar las estructuras de forma técnica, documentarlas de múltiples maneras gráficas, restaurarlas y consolidarlas. En esta labor cabe destacar a Friedrich Adler y Wilhelm Dörpfeld, quien sucedería a Curtius en la dirección de los trabajos de Olimpia.

Pese a que ya en la primera campaña de excavaciones se encontraron piezas de extraordinario valor, como las metopas del gran templo de Zeus, el descubrimiento más sensacional tuvo lugar en 1877, durante la tercera campaña, cuando apareció una estatua de Hermes atribuida a Praxíteles, obra que, en palabras de Curtius, constituía «la gloria coronada de todos los hallazgos».

El Hermes

Se trata de un grupo escultórico en mármol que representa al dios Hermes de pie, sosteniendo a un niño, su hermano Dioniso, sobre su antebrazo izquierdo. Diecisiete siglos antes, Pausanias había descrito exactamente esa figura, atribuyéndola al escultor Praxíteles, el gran maestro del siglo IV a.C.; apareció justo donde la situaba este escritor, en el interior del templo de Hera. Yacía boca abajo, enterrada bajo un derrumbe de adobes que salvaguardó la pieza en un óptimo estado de conservación, incluso con algunos restos de policromía.

De un tiempo a esta parte se ha puesto en duda que sea una obra original de Praxíteles y tiende a pensarse que se trata de una copia romana, aunque de excelente factura. Se debate incluso la identidad del personaje, ya que algunos autores creen que podría tratarse de un sátiro, puesto que en las lumbares presenta una extraña oquedad por la que podría haberse introducido un apéndice en forma de cola de caballo, similar al que llevan esos seres mitológicos en sus representaciones cerámicas. Comoquiera que sea, esta obra icónica del arte de la Grecia clásica ocupa un puesto de honor en la colección del Museo de Olimpia desde su inauguración en 1887.

Los trabajos de Curtius y sus continuadores dieron una nueva vida a la antigua Olimpia. Cuando en 1896 el barón de Coubertin creó los Juegos Olímpicos modernos quiso evidenciar su vinculación con el santuario del Peloponeso encendiendo la antorcha frente al templo de Hera de Olimpia; un gesto que se ha mantenido hasta el presente.

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Suelo sagrado

En 1852, Curtius instó al gobierno prusiano a asumir la excavación de Olimpia: «Lo que yace allí sepultado en la oscuridad es vida de nuestra vida. Quizás otros designios divinos hayan descendido sobre la Tierra presagiando una paz más profunda que la de la tregua olímpica; sin embargo, Olimpia es para nosotros suelo sagrado [...]. Debemos acoger el entusiasmo, el fervor patriótico [...] y la dicha que sobrevive a todas las pruebas que nos depara la vida».

Ernst Curtius. Antigua Galería Nacional, Berlín.

Foto: Alamy / ACI

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Las esculturas de Olimpia

Durante las primeras excavaciones de Olimpia se descubrió una inusitada cantidad de esculturas, incluso más que en la Acrópolis de Atenas. Esto hizo que el Estado griego, con la ayuda de los arqueólogos y arquitectos alemanes, decidiera construir un gran museo en el mismo lugar, en el que destacan las espaciosas salas que albergan las esculturas y relieves del templo de Zeus, el Hermes de Praxíteles y la Niké de Peonio.

La estatua de Hermes, hallada el 8 de mayo de 1877 en el templo de Hera, no apareció completa. Le faltaban el brazo derecho, con el que Hermes debía de sostener un racimo de uvas, y las piernas por debajo de las rodillas. En 1879 se descubrió el pie derecho, lo que llevó a los restauradores a reconstruir en yeso el resto de las piernas. También se halló la cabeza del niño Dioniso.

Copia en yeso del Hermes realizada en Berlín antes de 1881. Palacio de Versalles.

Copia en yeso del Hermes realizada en Berlín antes de 1881. Palacio de Versalles.

Copia en yeso del Hermes realizada en Berlín antes de 1881. Palacio de Versalles.

Foto: Anne Chauvet / RMN-Grand Palais

Hermes de Praxíteles. Museo de Olimpia.

Foto: Bridgeman / ACI

Erguida sobre un pedestal de nueve metros de altura, se sabe que esta estatua fue encargada al escultor Peonio de Mende por los habitantes de Mesene y Naupacto para celebrar su victoria contra los espartanos en el año 425 a.C. El diezmo del botín tomado al enemigo sufragó el coste de esta obra, ofrecida a Zeus en signo de agradecimiento.

Reconstrucción de la Niké de Peonio. Museo de Olimpia.

Foto: AKG / Album

Niké de Peonio. Siglo V a.C. Museo de Olimpia.

Foto: AKG / Album

Este artículo pertenece al número 221 de la revista Historia National Geographic.

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Olímpicos, Ístmicos, Píticos y Nemeos, los juegos en Grecia

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