Mujeres en el Antiguo Egipto

Las sacerdotisas de Amón

Durante el Reino Nuevo, en las ceremonias del templo de Amón participaban mujeres cantoras, bailarinas y acróbatas, organizadas en grupos bajo la dirección de la Esposa del Dios.

Meritamón

Meritamón

Foto: Sandro Vannini / Bridgeman / ACI

En sus Historias, Heródoto nos cuenta que en el antiguo Egipto «ninguna mujer ejerce el sacerdocio de dios o diosa alguno; los hombres, en cambio, ejercen el de todos los dioses y diosas». Sin embargo, basta acudir a los textos y las pinturas en templos y tumbas para ver que la mujer estaba plenamente integrada en el servicio a los dioses.

Cronología

Esposas reales y divinas

Dinastía IV, 2543-2436 a.C.

La mujer se incorpora al servicio divino, sobre todo como sacerdotisa en el culto faraónico. Con las primeras dinastías, la mujer empezó a adquirir un papel relevante en los ritos religiosos, sin embargo no será hasta el Reino Nuevo cuando adquiera un rol mucho más importante.

Dinastía XI, 1980-1940 a.C.

La princesa Neferu adopta el título de Esposa del Dios, que es meramente honorífico. Durante el Reino Medio, este cargo lo ostentó primero la madre del faraón y más tarde, la Gran Esposa Real.

Dinastía XII, 1939-1760 a.C.

A pesar de que hasta entonces parecía que su relevancia iba en aumento, durante este periodo del Antiguo Egipto se puede comprobar como decae el papel de las mujeres en las ceremonias religiosas del templo de Amón.

Dinastía XVIII, 1539-1292 a.C.

Al inicio de esta dinastía, la reina Ahmes Nefertari es nombrada Esposa del Dios. Será la primera que ejercerá las nuevas atribuciones, dotada con grandes recursos económicos y encargada de dirigir a las Servidoras del Dios.

Dinastía XXI, 1076-944 a.C.

La Esposa del Dios controla a un grupo de Cantoras de Espacios Interiores. Se repartían en cuatro grupos y sus funciones en el desarrollo de los rituales se vinculaban con el canto, la música y la danza.

Dinastía XXVI, 664-525 a.C.

El cargo de Divina Adoratriz de Amón alcanza su máximo relieve político. No hay duda de que las grandes ceremonias de la religión faraónica serían inconcebibles sin la participación en las mujeres que desempeñaban un rol de mando.

Estatuilla del dios Amón con su tocado de plumas. Museo Británico, Londres.

Estatuilla del dios Amón con su tocado de plumas. Museo Británico, Londres.

Foto: Scala, Firenze

Durante el Reino Nuevo –la época más gloriosa de Egipto–, el principal cuerpo sacerdotal era el que se encargaba del culto del dios Amón en Tebas. Allí se levantaba su templo, el mayor de Egipto, llamado «El más selecto de los lugares» y que hoy conocemos como el templo de Karnak. Este clero era en su mayoría masculino y estaba dirigido por cuatro Servidores del Dios, que tenían a su cargo a servidores menores. Todos ellos formaban parte de una jerarquía, como funcionarios de la divinidad. Junto a ellos había un conjunto de mujeres organizado por categorías, bajo la dirección de la reina y de la persona en la que ésta delegaba su función.

El festival de Opet

El festival de Opet

El dibujo recrea el momento en que las tres barcas sagradas de Amón, Mut y Khonsu salen de Karnak llevadas en andas por sacerdotes, con mujeres cantoras tocando sistros.

Foto: Balage Balogh / RMN-Grand Palais
Sistro con los nombres de las diosas Maat y Mut. Museo del Louvre, París.

Sistro con los nombres de las diosas Maat y Mut. Museo del Louvre, París.

Foto: C. Décamps / RMN-Grand Palais

Las sacerdotisas se escogían entre las hijas o esposas de los nobles y de los trabajadores del templo que atendían al dios. A veces encarnaban a las diosas –como Isis o Meret– a las que estaban dedicadas las ceremonias, pero su función principal era complacer a Amón con su música y su danza, pues se creía que éstas eran actuaciones sagradas que servían para mantener a raya a las fuerzas malignas. A la cabeza de estas sacerdotisas se encontraba la Esposa del Dios. Durante el Reino Medio, este cargo lo ostentó primero la madre del faraón y más tarde, la Gran Esposa Real (la esposa principal del soberano). La Esposa del Dios tenía un gran poder mágico y religioso porque personificaba a la diosa leona Tefnut, que era la primera manifestación femenina surgida en la Creación y la divinidad responsable del orden cósmico y de la maat, la justicia. Además, el título de Esposa del Dios se relacionaba con la concepción divina de los reyes, puesto que se consideraba que el dios Amón se manifestaba en el cuerpo del faraón para fecundar a su esposa y que diera a luz al nuevo monarca.

Guardianes del templo

Guardianes del templo

Esfinges con cuerpo de león y cabeza de carnero, símbolo del dios Amón, en el interior del primer patio del templo de este dios en Karnak, en la antigua Tebas.

Foto: Alamy / ACI

El cargo de Esposa del Dios adquirió toda su trascendencia durante el Reino Nuevo. Dotada de importantes recursos económicos, la Esposa del Dios quedó encargada de dirigir a las sacerdotisas o Servidoras del Dios, lo que permitió al faraón fortalecer sus lazos con el poderoso clero de Amón.

Privilegios de la Esposa del Dios

La primera Esposa del Dios que ejerció estas nuevas atribuciones fue la reina Ahmes Nefertari, esposa de Ahmose I, fundador del Reino Nuevo. Ahmes Nefertari recibió el excepcional privilegio de ser nombrada por el oráculo de Amón «Segundo Servidor del Dios», un puesto nunca antes ocupado por una mujer y que la integraba en la directiva masculina del templo. Así consta en una inscripción del año 7 del reinado de Ahmose I, en la que este faraón declaraba: «[He dado] el cargo de Segundo Servidor de Amón a la Esposa del Dios, Gran Esposa Real, unida a la belleza de la corona blanca, Ahmes-Nefertari, ¡que viva!». Sin embargo, tras esta fecha la reina no vuelve a aparecer mencionada con este título y sí en cambio con el de Esposa del Dios Amón, lo que revela la importancia que cobró el cargo de directora del colectivo de las sacerdotisas.

Ahmes Nefertari, esposa del Dios

Ahmes Nefertari, esposa del Dios

La Gran Esposa Real del faraón Ahmose I fue también la primera reina en ostentar el título de Esposa del Dios. Aquí se muestra a la reina en una estatuilla de madera, divinizada con el nombre de Djehutyhermeketef. Museo del Louvre, París.

Foto: Christian Décamps / RMN-Grand Palais
Paleta para incienso o ungüentos con el mango en forma de cabeza de pato que lleva el nombre de la reina Mutemuiya.

Paleta para incienso o ungüentos con el mango en forma de cabeza de pato que lleva el nombre de la reina Mutemuiya.

Foto: UIG / Album

Se sabe que la residencia de la Esposa del Dios se hallaba cerca del templo de Ramsés III en Medinet Habu. Era una institución muy rica, que se financiaba con donaciones del clero de Amón y del faraón y sus familiares. La reina las aceptaba en el momento de su investidura diciendo: «En efecto, estoy satisfecha con el precio. Que se haga conforme a él, sin permitir que nadie lo impugne o sea impugnado por nadie para siempre». Además, debía de recibir otras donaciones en ocasión de grandes fiestas como el Heb Sed. Sus bienes incluían su residencia y su oficina en Medinet Habu, así como fincas y tierras por todo el país, rebaños y un gran tesoro personal que comprendía metales preciosos, ropa, cosméticos, pelucas, alimentos... A sus órdenes estaba un administrador, el Supervisor del Granero de la Casa de la Esposa Divina, así como otros funcionarios varones.

Templo de Karnak

Templo de Karnak

El grandioso santuario dedicado al dios Amón en Tebas, sede de ceremonias en las que participaron sin cortapisas las Esposas del Dios, fue embellecido con nuevas construcciones por los sucesivos faraones. En la imagen, vista aérea del complejo presidido por la gran sala hipóstila y, en primer término, el lago sagrado donde sacerdotes y sacerdotisas se purificaban antes de llevar a cabo los rituales.

Foto: Kenneth Garrett

En los relieves, la Esposa del Dios generalmente aparece con una peluca corta y un vestido de estilo antiguo, sostenido con dos tirantes, que en este tipo de representaciones sólo llevan ella y las diosas. En esas imágenes a menudo no se registra su nombre propio (el caso de Ahmes Nefertari es excepcional), porque lo importante era su función simbólica y su labor a la cabeza del grupo de mujeres adscritas al templo de Amón en Tebas.

Cantoras y músicas

La Esposa del Dios delegaba sus funciones en otra mujer de alta alcurnia: la Jefa o Supervisora del Cuerpo Musical Sagrado de Amón, equivalente femenino del Primer Servidor del Dios, o sea, del hombre que dirigía el templo de Amón. En tiempos del faraón Amenhotep III este puesto lo desempeñó su suegra Tuya, pero a su muerte pasó a manos de Apeny, una mujer que no pertenecía al entorno real y que era la esposa de Ptahmés, Sumo Servidor del Dios.

Templo de Amón

Templo de Amón

La gran sala hipóstila del templo de Amón en Karnak, con columnas de más de 20 metros de altura y 5 de diámetro, fue erigida por Seti I y terminada por su hijo Ramsés II.

Foto: Alamy / ACI

La Supervisora del Cuerpo Musical Sagrado de Amón controlaba el grupo más numeroso de sacerdotisas de Amón, formado por las cantoras, que procedían de la alta sociedad tebana; muchas eran hijas de sacerdotes. Era habitual que las hijas y nietas de una familia desempeñaran los mismos cargos en el templo. Cuando morían eran enterradas de la forma reservada a la élite social de su tiempo: en ataúdes polícromos, junto con un rico ajuar funerario y con papiros que servían de guía para el más allá, en tumbas bellamente decoradas.

Los dioses Amón y Mut

Los dioses Amón y Mut

Estatua de grauvaca procedente probablemente del templo de Amón en Karnak. Siglo XIII a.C. Museo del Louvre, París.

Foto: Décamps / RMN-Grand Palais

Estas mujeres se repartían en cuatro grupos, que prestaban sus servicios un mes de cada cuatro. Sus funciones en el desarrollo de los rituales se vinculaban con el canto, la música y la danza, por lo que casi todas llevaban el título de Cantoras de Amón. «Actuaban» en grupos mixtos compuestos por hombres y mujeres, acompañándose de un sistro y un menat, instrumentos semejantes a sonajeros que agitaban rítmicamente al son de sus voces. Parece que se las preparaba para ello, puesto que en un relieve de la tumba de Khesuwer, Supervisor de Servidores e Instructor de Cantantes, datado en el Reino Medio, aparece un personaje blandiendo dos sistros y después batiendo palmas, aleccionando a un grupo de mujeres.

Una cantora de Amón y su esposo

Una cantora de Amón y su esposo

En esta pintura de la tumba de Sennefer, que entre otros cargos era sumo sacerdote de Amón, aparece su mujer Meryt, cantora de Amón. Ésta sujeta en la mano izquierda un sistro y en la derecha un menat.

Foto: UIG / Album

Junto a las cantoras de Amón actuaban otros músicos, tanto varones como mujeres. En relieves y pinturas los vemos batiendo palmas o tocando distintos instrumentos de percusión, cuerda o viento, que recibían diferentes nombres según su especialidad. Eran imprescindibles para lograr que con la magia de la música se alejaran las fuerzas hostiles al dios, a las que no agradaba ese sonido.

El nombre de una reina

El nombre de una reina

Foto: Décamps / RMN-Grand Palais

Las bailarinas eran otro grupo de mujeres adscrito a las sacerdotisas de Amón. Las más importantes eran las danzantes meret, asociadas con la diosa Meret, que encarnaba un aspecto de la diosa vaca Hathor. Con su danza favorecían la fertilidad y participaban en los rituales del dios Amón de Tebas. Algunos autores creen que tanto cantoras como bailarinas practicaban un sistema quironómico, es decir, marcaban entre ellas, con movimientos de las manos o muecas del rostro, las notas del canto o las posturas de la danza. El último grupo de sacerdotistas de Amón eran las contorsionistas. Todas estas mujeres, en su mayoría de extracción social elevada, eran imprescindibles en fiestas y festivales, durante los cuales danzaban en coreografías sagradas.

Música para el más allá

Música para el más allá

En esta escena de la tumba del escriba Amenemhat, en Gurna, se representó a un grupo de músicos: una arpista, un hombre que tañe un instrumento de cuerda y una mujer que está tocando una flauta doble.

Foto: S. Vannini / DEA / Album

Cabe destacar que cantoras, bailarinas y acróbatas estaban vinculadas al sexo y al amor, pues ciertas danzas y algunos instrumentos utilizados en ellas, como el sistro y el menat, estimulaban simbólicamente al dios a fin de que estuviera feliz. Pero en Egipto no parece haber existido un fenómeno de prostitución sagrada como sí ocurrió en el Próximo Oriente y en Grecia, y las sacerdotisas no tuvieron la obligación de prostituirse para contribuir al culto. En todo caso, no hay duda de que la Esposa del Dios y las múltiples sacerdotisas que estaban a su cargo desempeñaron un papel muy destacado en la vida religiosa del Reino Nuevo. Si en la dirección del culto los hombres llevaron la voz cantante, las grandes ceremonias de la religión faraónica serían inconcebibles sin la participación en ellas de las cantoras de Amón.

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Cantos para Amón

Este relieve de la capilla roja de la reina Hatshepsut en Karnak representa cantores y bailarines, hombres y mujeres, que participaban en las grandes fiestas que tenían lugar en Tebas en honor del dios Amón.

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Rito de purificación

Rito de purificación

Este relieve de la Capilla Roja de Karnak muestra a la Esposa del Dios en el lago del templo (el rectángulo a sus pies) y haciendo una ablución (la onda de agua en torno al personaje).

Foto: UIG / Album

Las esposas del dios Amón

Tal y como vemos en un relieve de la Capilla Roja de la reina Hatshepsut, en Karnak, la Esposa del Dios debía sumergirse en el agua sagrada del lago del templo de Amón y limpiarse la boca con agua y natrón antes de desempeñar sus funciones cultuales en las liturgias y rituales diarios del templo. Se consideraba que esta agua, procedente del Nilo, eliminaba las impurezas físicas y espirituales y permitía que la Esposa del Dios pudiera oficiar sin estar contaminada. El ritual era también un modo de evocar simbólicamente el nacimiento del orden cósmico ocurrido en el momento de la creación, es decir la maat.

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Divina adoratriz

Divina adoratriz

Tocada con la corona de buitre. Siglos VIII-VII a.C. Museo Fitzwilliam, Cambridge.

Foto: Bridgeman / ACI

Las Divinas Adoratrices

Al final del Reino Nuevo apareció una nueva sacerdotisa asociada al culto de Amón: la Divina Adoratriz del Dios. En realidad, era más una figura política que religiosa. Durante el Tercer Período Intermedio hubo una pugna entre los faraones, entonces establecidos en Tanis, la nueva capital en el Delta, al norte, y el clero de Amón, que controlaba el área de Tebas, al sur. Para mediar entre ambos se estableció la figura de la Divina Adoratriz, que debía ser hija soltera del rey y gobernaría en Tebas en nombre del faraón. Las Divinas Adoratrices fueron a la vez regentes y grandes sacerdotisas en un Egipto debilitado. Este cargo alcanzó su auge entre los siglos IX y VII a.C., cuando protagonizaron espectaculares procesiones como la descrita en la estela de adopción de Nitocris, hija de Taharqa.

Este artículo pertenece al número 217 de la revista Historia National Geographic.

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