Historia del deporte

El renacimiento de los Juegos Olímpicos

En la primavera de 1896, hace 125 años, la ciudad de Atenas acogió los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, de carácter internacional, inspirados en los de la antigua Grecia y de los que ahora se ha celebrado en Tokio la 32ª edición. A los Juegos de Atenas les siguieron los de París en el año 1900, los de Saint Louis en 1904, los de Londres en 1908 y los de Estocolmo en 1912; la Gran Guerra interrumpió esta serie de eventos y obligó a suspender los Juegos que se debían celebrar en 1918, en Berlín.

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Fervor griego

Foto: Popperfoto / Getty Images

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Fervor griego

Los Juegos Olímpicos de Atenas tuvieron un carácter marcadamente helénico. El rey Jorge I de Grecia los inauguró el 6 de abril, día de la Independencia del país (aunque en Grecia era 25 de marzo, según el calendario juliano entonces vigente allí), y, dada la limitada difusión de la iniciativa, de los 241 atletas –todos hombres– que participaron en ellos, la mayoría eran griegos; el número de países representados oscilaba entre doce y catorce, dado que la geografía política de la época era diferente a la actual. Las pruebas atléticas se realizaron en el estadio Panatenaico, reconstruido en mármol pentélico –el mismo del que estaba hecho el Partenón– gracias a la donación de un acaudalado griego de Alejandría, Georgios Averof. Pero Atenas ya había conocido otros Juegos Olímpicos modernos: los impulsados por el hombre de negocios y filántropo griego Evangelos Zappas, celebrados en los años 1859, 1870, 1875 y 1888.

En la foto se ve el estadio Panatenaico durante los Juegos Olímpicos de 1896. Tenía capacidad para unos 60.000 espectadores.

El renacimiento de los Juegos

Foto: Album

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El renacimiento de los Juegos

La idea de Zappas sobre unos Juegos Olímpicos renovados provenía del poeta griego Panagiotis Soutsos, que la formuló en 1833. La labor de Zappas inspiró al británico William Penny Brookes, quien organizó unos Juegos Olímpicos británicos en Londres en 1866, y en la década de 1880 abogó por la creación de unos Juegos Olímpicos internacionales en Atenas. En 1890 se entrevistó con el aristócrata francés Pierre Fredy, barón de Coubertin, interesado en el papel del deporte como elemento formativo del espíritu y favorecedor de la concordia internacional. En junio de 1894, en París, durante una conferencia sobre deporte a la que asistieron 79 delegados de 49 organizaciones de nueve países, se aprobó la propuesta de Coubertin sobre la creación de unos Juegos Olímpicos internacionales, cuya organización se confió a un Comité Olímpico Internacional. Aunque se acordó celebrarlos en 1900 y en París, finalmente se adelantaron a 1896 y se celebraron en Atenas.

El Comité Olímpico Internacional (COI) en 1896. Sentados, a la izquierda, Pierre de Coubertin, el secretario general y, junto a él, el griego Dimitrios Vikelas, su presidente.

Maratón, la gran prueba

Foto: Burton Holmes / Getty Images

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Maratón, la gran prueba

La carrera celebrada entre las localidades de Maratón y Atenas fue la prueba que mayor interés despertó. Se celebró el 10 de abril, y de los 17 atletas que salieron de Maratón (trece eran griegos) sólo diez llegaron al estadio. El ganador fue el griego Spiridón Louis. La prueba tuvo otros dos protagonistas poco conocidos. Uno fue el italiano Carlo Airoldi, cuyos escasos medios económicos lo llevaron a partir desde Milán a pie para participar en la carrera, pero cuando se presentó en Atenas fue rechazado por ser un profesional, ya que había cobrado por participar en algunas competiciones y los Juegos estaban reservados a los amateurs. El otro fue Stamata Revithi, una mujer de condición humilde que, al parecer espoleada por la idea de un premio, quiso participar en la maratón, pero, como no fue admitida, corrió por su cuenta al día siguiente y completó la distancia; nada más se ha sabido de ella.

Tres atletas entrenan para la maratón de 1896; en el centro, Kharilaos Vasilakos, que quedaría segundo. 

Entusiasmo real

Foto. Bob Thomas / Popperfoto / Getty Images

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Entusiasmo real

Los atletas participaron en 43 pruebas de nueve deportes: atletismo, gimnasia, halterofilia, lucha, tenis, natación, ciclismo, tiro y esgrima. Las de remo y vela se anularon debido al mal tiempo, ya que se celebraban en mar abierto. En las de natación, también en mar abierto, unos botes trasladaban hasta la distancia fijada a los participantes, que luego nadaban hacia la costa. La ceremonia de clausura tuvo lugar el 15 de abril y la presidió el rey Jorge I. El éxito de estos primeros Juegos se debió en buena medida a que Pierre de Coubertin logró convencer al príncipe heredero, Constantino, de que se pusiera al frente de su organización en Grecia. La adhesión de la casa real fue entusiasta: cuando Spiridón Louis entró en el estadio Panatenaico al final de la maratón, los príncipes Constantino y Jorge bajaron a la pista y lo acompañaron hasta la meta.

Escenificación de una prueba de esgrima (los contrincantes van sin máscara) en el Zappeion de Atenas, ante el rey Jorge I y sus hijos, sentados en primer término.

Atletas todoterreno

Foto: Alamy / ACI

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Atletas todoterreno

Del carácter amateur –y democrático– de los Juegos de 1896 habla el perfil de dos de sus ganadores. Friedrich Adolf Traun, de 20 años, era hijo de una familia de acaudalados industriales de Hamburgo. Llegó a Atenas para participar en la carrera de ochocientos metros lisos, pero no pasó a la final. Entonces participó en la competición de tenis individual, en la que fue derrotado por el británico Boland... con quien formó la pareja que ganó el oro en dobles. La historia de Spiridón Louis, el vencedor de la maratón, está rodeada de mitos, aunque al parecer era un pastor que había servido en el ejército; completó la carrera en 2 h. 58 min. 50 s. (el vencedor de los JJ. OO. de 2016 lo hizo en 2 h. 8 min. 44 s.). Jamás volvió a competir, aunque el 1 de agosto de 1936 reapareció como abanderado de Grecia en los Juegos Olímpicos de Berlín y ofreció una rama de olivo a Hitler.

Spiridón Louis (a la izquierda de la imagen) ataviado con el traje nacional griego, y Friedrich Adolf Traun (a la derecha).

Atenas_Burke

Foto: Cordon Press

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Impulsarse con las manos

El estadounidense Thomas Burke ganó la final de los cien metros en doce segundos, cuya salida vemos aquí. Fue el segundo triunfo de Burke en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896, ya que tres días antes había ganado la prueba de los cuatrocientos metros. Tanto los espectadores como el resto de competidores quedaron sorprendidos porque Burke fue el único que se agachó en la salida y puso las manos en el suelo para impulsarse, una técnica desconocida fuera de Estados Unidos y que luego se universalizó.

Salida de la carrera de cien metros lisos en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896.

París_Cooper

Foto: Cordon Press

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La primera campeona olímpica

Los Juegos Olímpicos de 1900, en París, fueron los primeros en que pudieron competir las mujeres. La británica Charlotte Cooper, apodada Chattie, era una londinense alta y elegante que jugó a tenis con vestidos de la época, largos hasta los tobillos, que disfrazaban su potencia en la pista. Dominó el tenis de fin de siglo, ganando tres títulos femeninos individuales en Wimbledon antes de competir en los Juegos de París, donde venció en la competición individual frente a la francesa Hélène Prévost, convirtiéndose así en la primera campeona olímpica de la historia, y en la de dobles mixtos, en la que ella y Reginald Doherty se enfrentaron a la pareja formada por Prévost y el británico Harold Mahony. Después ganaría otras dos veces en Wimbledon.

Charlotte Cooper, la primera campeona olímpica de la historia, a punto de golpear la pelota con su raqueta en los Juegos Olímpicos de París de 1900.

Saint Louis_Ewry

Foto: Cordon Press

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Saltos sin impulso

Ray Ewry, de Lafayette, Indiana, era un aspirante improbable a la gloria olímpica. Contrajo poliomielitis de niño, quedó confinado en una silla de ruedas y había serias dudas de si volvería a caminar. Pero demostró que quienes dudaban de él se equivocaban. Primero hizo ejercicios con las piernas y luego, cuando pudo volver a caminar, las fortaleció saltando. Apodado "la rana humana", se convirtió en el máximo exponente de los saltos sin impulso (longitud, altura y triple salto) al ganar tres pruebas en los Juegos de 1900 en París y en los de 1904 en Saint Louis –la foto lo muestra antes del salto de longitud en estos últimos Juegos–, así como el salto de altura sin impulso y el de longitud sin impulso en 1908, en Londres. En 1912, cuando tenía casi 40 años, quedó fuera por muy poco del equipo olímpico estadounidense y no pudo participar en los que habrían sido sus cuartos Juegos.

Ray Ewry se prepara para realizar su salto durante los Juegos Olímpicos de Saint Louis en 1904.

Saint_Louis Winters

Foto: Cordon Press

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Las primeras medallas

El estadounidense Frederick Winters muestra su fuerza en la competición de halterofilia en los Juegos de Saint Louis, en 1904; fue segundo en levantamiento con un brazo. En 1901, el Comité Olímpico Internacional había aprobado la inclusión en los Juegos Olímpicos de la halterofilia, el boxeo, la lucha libre y el decatlón. Y fue en Saint Louis donde por primera vez los atletas clasificados en primer, segundo y tercer puesto de cada prueba recibieron una medalla: de oro para el primero, plata para el segundo y bronce para el tercero.

Frederick Winters levanta unas pesas ante la mirada de un arbitro en la competición de halterofilia durante los Juegos de Saint Louis.

Saint Louis_Carvajal

Foto: Cordon Press

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El cartero corredor

Félix Carvajal era un cartero cubano que compitió en la maratón de Saint Louis, y cuya experiencia estadounidense había sido de lo más amarga. Al desembarcar en Nueva Orleans perdió todo el dinero que llevaba jugando a las cartas (le hicieron trampa), y, sin más ropa que la que llevaba puesta, llegó a Saint Louis haciendo autostop. Cayó en gracia a los lanzadores estadounidenses, que, por decirlo así, lo adoptaron, y gracias a eso pudo comer hasta el día de la maratón, a la que se presentó con zapatos de calle y pantalón largo. Los jueces no le permitían tomar la salida con ese atuendo, de manera que el campeón olímpico de disco, Martin Sheridan, le recortó las perneras para que le permitieran correr. El extrovertido Carvajal se detenía a hablar con las espectadoras, e incluso besó a alguna de ellas. Y habría conseguido una medalla de no ser porque el hambre le hizo entrar en una huerta y comer unas manzanas verdes que le provocaron unos cólicos insufribles, a pesar de lo cual acabó la carrera, aunque quedó relegado a la cuarta posición.

El cubano Félix Carvajal corriendo la maratón de Saint Louis. El cartero estuvo a punto de no poder participar porque los jueces no le permitían correr con ropa de calle.

 Saint Louis_Dvorak

Foto: Cordon Press

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Una pértiga de bambú

El atleta estadounidense Charles Dvorak fue el ganador de la competición en el salto con pértiga en los Juegos de Saint Louis; esta prueba ya figuraba en los Juegos de Atenas de 1896 (aunque estaba reservada a los hombres; no se abrió a las mujeres hasta los Juegos de Sídney, en el año 2000). La imagen muestra a Dvorak durante un salto en Saint Louis; sorprende la ausencia de una colchoneta que amortiguara el impacto al caer. Además de establecer un récord de altura –saltó 3,50 metros metros–, Dvorak revolucionó aquel deporte por introducir la pértiga de bambú, que utilizó en vez de las que se empleaban hasta entonces, hechas de madera. La flexibilidad del bambú permitía alcanzar mayor altura, y este material no fue sustituido hasta la introducción de las pértigas de fibra de carbono.

En los Juegos de Saint Louis de 1904, Charles Dvorak ganó la competición de salto de pértiga impulsándose con una larga vara de bambú.

Londres_Halswelle

Foto: Cordon Press

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Una carrera en solitario

El teniente William Halswelle, un londinense de origen escocés, era un veterano de la guerra de los bóers. Se inició en el atletismo en 1904, cuando ya tenía 22 años, y ganó numerosas pruebas antes de participar en los Juegos de Londres, en 1908. La imagen muestra su llegada a la meta en la carrera de los cuatrocientos metros, y si no se ve a sus competidores es porque no los había. El británico ya había participado antes en la final de esta prueba compitiendo con tres estadounidenses: John Carpenter, John Taylor y William Robbins. En la recta final, Carpenter bloqueó con su codo a Halswelle, que intentaba superarlo por la derecha, lo que estaba permitido según las reglas estadounidenses, pero prohibido por las normas británicas. Carpenter fue descalificado y la carrera se anuló. Cuando se repitió, Taylor y Robbins no quisieron participar por solidaridad con Carpenter, y Halswelle corrió en solitario. Aquel triunfo le dejó un sabor tan amargo que no tardó en retirarse de la competición.

Halswelle atraviesa la meta tras ganar la carrera de cuatrocientos metros en Londres 1908. El escocés corrió en solitario debido a la incomparecencia de sus competidores.

Londres_Pietri

Foto: Cordon Press

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Una maratón agónica

La maratón de los Juegos de Londres tuvo como gran protagonista y gran perdedor al italiano Dorando Pietri, que superó a todos sus competidores hasta que el calor y la fatiga pudieron con él. Cuando llegó al estadio, agotado, pero en cabeza de la carrera, se desplomó. Al levantarse, desorientado, empezó a correr en sentido contrario. Los jueces le indicaron que diera la vuelta y, en medio del silencio sepulcral de los aficionados, recorrió agónicamente los setenta metros que le quedaban hasta la meta entre tropiezos y cuatro caídas más, la última cuando el segundo corredor, el estadounidense Johnny Hayes, entraba en el White City Stadium, construido expresamente para los Juegos. La imagen muestra lo que sucedió entonces: el juez Jack Andrew (a la derecha de Pietri, con megáfono) y el doctor Michael Bulger (a la izquierda del corredor) lo ayudaron a levantarse para alcanzar la meta. Pietri fue descalificado y el oro fue para Hayes. El italiano fue ingresado en un hospital; cuando lo abandonó, recibió de la reina Alejandra una copa de plata dorada, un gesto al parecer promovido por el escritor Arthur Conan Doyle, que contempló la tragedia de Pietri desde la tribuna del estadio. Pietri se resarciría de su derrota más tarde, unos meses más tarde, en noviembre, cuando derrotó a Hayes en una carrera celebrada en el Madison Square Garden de Nueva York. 

El corredor italiano Dorando Pietri atraviesa la meta en el estadio olímpico de Londres tras llegar el primero en la prueba de la maratón. Al final fue descalificado.

Londres_Jean Bouin

Foto: Cordon Press

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Una pelea que salió muy cara

El atleta francés Jean Bouin, uno de los grandes fondistas mundiales de la primera mitad del siglo XX, estuvo presente en Londres, pero no pudo competir como estaba previsto en la final de las tres millas por equipos ya que la federación francesa de atletismo lo sancionó por una salida nocturna (se peleó en una taberna del Soho con tres marineros); el equipo francés quedó en tercer lugar. Bouin sí participó en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, celebrados en 1912, en los que ganó la medalla de plata de los cinco mil metros. La primera guerra mundial interrumpió la carrera y la vida de Bouin, como la de tantas otras personas: murió en acción, en septiembre de 1914, durante la batalla del Marne. Wyndham Halswelle, el atleta que corrió en solitario la final de los cuatrocientos metros en Londres, también fue víctima de la guerra: un francotirador acabó con su vida en la batalla de Neuve Chapelle, en marzo de 1915.

A la izquierda, el fondista francés Jean Bouin aparece con el atuendo deportivo debajo de la guerrera; a la derecha, se muestra su tumba.

Este artículo pertenece al número 212 de la revista Historia National Geographic.