Personaje singular

Rabban bar Sauma, el Marco Polo chino

Siendo ya mayor, un monje nestoriano tomó la audaz decisión de cruzar toda Asia para visitar Jerusalén. Aquel viaje se prolongó casi veinte años y lo llevó por media Europa

Carta del kan Arghun a Felipe IV

Carta del kan Arghun a Felipe IV

Carta del kan Arghun a Felipe IV de Francia, en la que se menciona a Bar Sauma, 1289.

Foto: Bridgeman / ACI

Desde mediados del siglo XIII se multiplicaron las expediciones diplomáticas y comerciales que partieron de una boyante Europa con destino a China, el imperio más rico y poderoso del mundo. Estos viajes, que discurrían por la Ruta de la Seda (la vasta red comercial que unía el Mediterráneo con el Extremo Oriente), se vieron favorecidos por la llamada Pax Mongolica, la relativa estabilidad y uniformidad política de Asia a resultas de su dominio por parte de Gengis Kan y sus sucesores. Los tres viajeros más famosos que se dirigieron hacia China en aquellos años fueron el mercader Marco Polo y los diplomáticos Giovanni da Pian del Carpine y Willem van Ruysbroeck.

Cronología

De monje a embajador de Persia

1220

Hacia este año nace Rabban bar Sauma en Zhongdu, en el seno de una rica familia de cristianos nestorianos.

1243

A los 23 años, Bar Sauma, de ascendencia uigur, se hace monje nestoriano. Ganará fama de asceta y maestro.

1275

Emprende un viaje a los lugares santos cristianos que lo llevará a Europa como embajador del soberano persa Arghun.

1294

En enero fallece en Bagdad, acogido por el patriarca nestoriano, el discípulo con el que había comenzado su largo viaje.

Pero ¿

quién recuerda a los viajeros que recorrieron la Ruta de la Seda en sentido opuesto, para llegar a Europa desde Oriente? Aunque en China no faltaban los exploradores, éstos se hallaban más interesados en los reinos y las riquezas de la propia Asia. De hecho, el primer sinomongol que puso pie en Roma y París llegó casi por casualidad. En efecto, Rabban bar Sauma no era comerciante ni diplomático, sino un monje cristiano perteneciente al credo nestoriano (una antigua desviación de la ortodoxia católica) que siempre había vivido en paz y dedicado a la contemplación en un monasterio entre China y Mongolia. Con 55 años recién cumplidos (llegar a esa edad ya era un logro para la época), su emprendedor novicio Marcos tuvo una idea que cambiaría la vida de ambos: visitar los santos lugares del cristianismo en el Próximo Oriente, empezando por Jerusalén.

Rabban bar Sauma y su discípulo Marcos alcanzaron Bagdad al cabo de dos años de arrostrar todo tipo de peligros.

Una misión inesperada

En 1275, tras donar a los pobres todos sus bienes, ambos viajeros se encaminaron hacia el oeste. En un primer momento siguieron el río Amarillo, costeando el borde meridional del desierto de Gobi, un terreno hostil que hizo el viaje muy duro. Para sortear un tramo de la Ruta de la Seda infestado de bandidos decidieron atravesar el desierto de Taklamakán, donde tuvieron que trepar por dunas de veinte metros y resguardarse de las tempestades de arena.

Finalmente, tras meses de camino, llegaron al oasis de Jotán (Hétián), en la China occidental, un importante nudo de la Ruta de la Seda. Allí se detuvieron durante seis meses, esperando a que se resolviese un conflicto local y pudieran abastecerse de provisiones. Atravesaron las gélidas montañas de Afganistán bajo la amenaza constante de las incursiones de los bandidos, y los desiertos áridos y yermos de Irán, hasta que tras dos años de viaje llegaron a Bagdad, donde residía el catolicós o patriarca de la Iglesia nestoriana. Proyectaban detenerse allí unas pocas semanas antes de partir hacia Jerusalén, pero se quedarían años.

El Imperio persa había sido conquistado tiempo atrás por Gengis Kan, y ahora lo gobernaba Abaqa, un soberano mongol con el título de il-kan. El catolicós, Mar Denha I, envió a los dos viajeros ante Abaqa para que éste confirmara su ordenación como patriarca. Ambos obedecieron la petición, y durante el viaje Marcos fue nombrado metropolitano de China (es decir, dirigente de la Iglesia nestoriana en aquel territorio).

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El catolicós los quiso enviar a China, pero falleció en 1281, y los dos viajeros recibieron con enorme sorpresa la elección del nuevo patriarca, que recayó inesperadamente en el joven Marcos. Éste asumió su nueva dignidad con el nombre de Mar Yahballaha III. Aquí terminaba su viaje, pero no así el de su maestro.

Por entonces, Abaqa había fallecido, y su hijo Arghun buscaba una alianza contra los mamelucos de Egipto. Siguiendo el consejo de Marcos, nombró a Rabban bar Sauma jefe de la delegación que debía convencer a los reyes europeos de que se uniesen a una campaña militar contra el común enemigo egipcio. Bar Sauma tenía 65 años, pero no se arredró ante los inconvenientes de un nuevo y largo viaje, cuya primera etapa sería Constantinopla.

Rabban bar Sauma fue nombrado jefe de la delegación que debía convencer a los reyes europeos de que se uniesen a una campaña militar contra el común enemigo egipcio.

Bar Sauma provenía de una pequeña comunidad cristiana, aislada y con pocos recursos, y era la primera vez que se encontraba en una ciudad enteramente cristiana. ¡Y qué ciudad! Constantinopla unía el esplendor del pasado romano con la riqueza del Imperio bizantino. Nuestro protagonista quedó deslumbrado por la magnífica visión de Santa Sofía, construida siete siglos antes por el emperador Justiniano, y quedó sin palabras para describir la grandeza de aquel lugar, sus columnas de mármol, la gigantesca cúpula y los refulgentes mosaicos de los apóstoles.

Tras embarcar en Constantinopla, llegó a Nápoles dos meses más tarde, en junio de 1287. Era el primer viajero de Extremo Oriente que alcanzaba Europa. Su primer destino era Roma, donde debía convencer al papa de que declarase una nueva cruzada para reconquistar Tierra Santa, ayudando así al Imperio persa a derrotar a los mamelucos, que dominaban Palestina. Pero el pontífice Honorio IV acababa de fallecer y aún no se había elegido a su sucesor.

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De Roma a París

Bar Sauma aprovechó la espera para visitar las majestuosas basílicas romanas y las reliquias de los personajes santos que tanto había venerado durante su vida en la lejana China: la tumba de san Pablo, las cadenas de san Pedro, la madera de la cuna de Jesús... Pero los conflictos internos en el colegio de cardenales retrasaban la elección del nuevo papa, y al fin, cansado de esperar, continuó su misión en otoño y partió para encontrarse con Felipe IV el Hermoso, soberano de Francia.

No dudaba de que los ejércitos cristianos aprovecharían la oportunidad de unirse al soberano persa y marchar contra los infieles mamelucos, pero chocó con la fragmentación del poder europeo. El monarca francés estaba más preocupado por los ingleses que controlaban Aquitania que por los musulmanes de Tierra Santa, y se limitó a formular algunas vagas promesas.

sacra culla

sacra culla

La sacra culla, la supuesta cuna de Jesús que vio Bar Sauma, se conserva en la basílica romana de Santa María la Mayor.

Foto: ALAMY / ACI

Bar Sauma aprovechó para visitar París, su universidad, sus iglesias y reliquias, como un trozo de madera de la cruz y las espinas de la corona de Cristo. Se sorprendió de que los reyes de Francia sepultados en Saint-Denis yacieran en pequeñas tumbas mientras que los asiáticos hacían construir palacios enteros para sus restos mortales. Curiosamente, no mencionó la enorme catedral de Notre Dame, que con seguridad debió impresionarle; el historiador Morris Rossabi sugiere que quizá lo hizo porque le resultaba incómodo, ya que los nestorianos no veneran a la Virgen.

Después se presentó ante el impulsivo rey de Inglaterra, Eduardo I, que entonces residía en Burdeos y le prometió rápidamente ayuda económica y militar. Pero en los años siguientes sus energías fueron absorbidas por las guerras europeas y no envío ningún ejército a luchar contra los mamelucos.

Arghun recibe a Geoffrey de Langley

Arghun recibe a Geoffrey de Langley

Arghun recibe a Geoffrey de Langley, enviado por Eduardo I de Inglaterra. Tras la embajada de Bar Sauma se establecieron relaciones entre sus reinos.

Foto: Bridgeman / ACI

En febrero de 1288 fue elegido un nuevo papa, Nicolás IV, y Rabban Sauma se presentó ante él. El pontífice le confió una carta para el soberano persa, cuya copia se conserva en los archivos vaticanos. En ella, el papa declinaba la alianza con Arghun debido a la fragilidad de la situación interna en Europa y lo exhortaba a encontrar la luz y convertirse al cristianismo. Sin embargo, el diplomático chino suscitó su curiosidad y le permitió celebrar una misa según la costumbre nestoriana, que no conocía. Nicolás IV notó con satisfacción que, aparte de la lengua, la misa celebrada por el «embajador de los mongoles» era idéntica a la oficiada en Occidente.

El largo viaje de Rabban Sauma había llegado a su término. Volvió sus pasos hacia Oriente, pero quizás antes de abandonar China ya sabía que nunca volvería a ella. Murió en Persia en 1294, en brazos del patriarca Mar Yahballaha III, aquel novicio que había partido junto a él veinte años atrás.

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Rabban bar Sauma

Rabban bar Sauma

Procesión de sacerdotes nestorianos durante el domingo de ramos. Pintura mural en Gaochang (Xinjiang), siglos VII-VIII.

Foto: AKG / Album

El manuscrito perdido

La historia de Bar Sauma quedó en el olvido hasta que, a finales del siglo XIX, se halló un manuscrito en un monasterio del norte de Persia (el actual Irán). Era una traducción al siríaco del relato de sus viajes, desde China hasta Europa. Ello permitió unir otros retazos de su historia, como los procedentes de un manuscrito en Londres y la correspondencia custodiada en los archivos vaticanos. El relato original se ha perdido; la traducción al siriaco fue reelaborada por el compilador, que privilegió los aspectos espirituales y religiosos olvidando las descripciones de las ciudades y las gentes.

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ESTELA NESTORIANA DE XI'AN

ESTELA NESTORIANA DE XI'AN

Estela nestoriana de Xi’an (detalle). año 781. Museo Meilin, Xi’an.

Foto: AKG / Album

Nestorianos en China

El nestorianismo, la doctrina de Rabban bar Sauma, se remontaba a Nestorio, que fue patriarca de Constantinopla en el siglo V. Nestorio afirmaba que las dos naturalezas de Cristo, la humana y la divina, estaban separadas, y que en la cruz únicamente había muerto el Jesús humano. El nestorianismo fue rechazado en Europa y el Imperio bizantino, pero prosperó en el Imperio persa, donde residía su dirigente, el catolicós. Desde allí alcanzó China en el año 625, cuando el emperador Taizong recibió al monje nestoriano persa A-lo-pen; así lo cuenta la estela nestoriana de Xi’an, erigida el 7 de enero de 781.

Este artículo pertenece al número 197 de la revista Historia National Geographic.