Porcia, la última heroína de la República romana

La hija de Catón el Joven fue una mujer de firmes convicciones políticas, que repudió la dictadura de Julio César y apoyó a su marido, Bruto, cuando decidió acabar con aquél.

El suicidio de Porcia. Óleo atribuido a Pierre Mignard. Siglo XVII. Museo Lambinet, Versalles.

El suicidio de Porcia. Óleo atribuido a Pierre Mignard. Siglo XVII. Museo Lambinet, Versalles.

Foto: Agence Bulloz / RMN-Grand Palais

En la cultura de la antigua Roma, la virtus o virtud era el coraje que demostraban los hombres pertenecientes a la élite en su vida de adultos, ya fuese en el campo de batalla o en el ejercicio de sus deberes profesionales. Por definición era una cualidad netamente masculina, no en vano vir significa «varón». Pero también las mujeres podían dar supremas demostraciones de virtud o coraje. En el siglo I a.C., durante la crisis del régimen republicano, varias féminas alcanzaron renombre por sus actos de sacrificio y de valentía dignos de una auténtica romana. Una de estas mujeres fue Porcia.

Cronología

Una mujer en medio de la tormenta

73 a.C.

En torno a esta fecha nace en Roma Porcia, hija de Marco Porcio Catón (Catón el Joven) y su primera esposa Acilia.

58 a.C.

Porcia se casa con Marco Calpurnio Bíbulo, con lo que se establece una alianza entre dos familias enemigas de César.

49 a.C.

Estalla la guerra civil entre Julio César y Pompeyo. Catón y Bíbulo mueren en los dos años siguientes.

45 a.C.

Tras quedar viuda, Porcia se casa con Marco Junio Bruto, hijo de Servilia y ahora aliado de César tras cambiar de bando.

43-42 a.C.

Muere Porcia, según algunos autores al ingerir brasas ardientes. No está claro si murió antes o después que Bruto.

Era hija de Marco Porcio Catón –llamado Catón el Joven o Catón de Útica para diferenciarlo de su bisabuelo, Catón el Censor– y de Acilia, perteneciente a una familia ilustre. Cuando ya tenían varios hijos, el matrimonio de los padres se rompió porque, al parecer, Acilia había mantenido una relación adúltera con Julio César. De ahí nació el odio visceral que tanto Catón como Porcia profesaron al futuro dictador de Roma.

Busto de bronce de Marco Porcio Catón. Museo Arqueológico, Rabat.

Busto de bronce de Marco Porcio Catón. Museo Arqueológico, Rabat.

Busto de bronce de Marco Porcio Catón. Museo Arqueológico, Rabat.

Foto: DEA / Album

De niña, Porcia estudió filosofía en casa de su padre y enseguida destacó por su inteligencia y por su fuerte carácter. Se casó muy joven con Marco Calpurnio Bíbulo, quizá justo después de que este ejerciera como cónsul junto a César en 59 a.C.

Una familia en lucha

Cuando Porcia tenía unos veinte años y había dado ya dos hijos a Bíbulo ocurrió un curioso episodio que cuenta Plutarco. El padre de Porcia había trabado una alianza con un anciano orador, Quinto Hortensio Hórtalo. Éste, que era riquísimo y no tenía hijos, propuso a Catón casarse con su hija Porcia para tener un heredero de ella; luego se comprometía a devolvérsela a su marido, Bíbulo.

Catón rechazó el trato, pues «consideraba un despropósito hablar de matrimonio con una hija que ya estaba casada con otro». Cabe suponer igualmente que fuera Bíbulo quien, enamorado de su esposa, se hubiera negado a ese acuerdo, pese a que le habría reportado pingües beneficios tanto económicos como políticos. Catón decidió ceder a Hortensio a su propia mujer, Marcia, para no desairar al anciano orador. Después de que Marcia diera un heredero a Hortensio, y tras la muerte de este último, Catón volvió a casarse con su exmujer.

Dados sus antecedentes familiares, era inevitable que Porcia se viera arrastrada por la vorágine de la guerra civil en Roma en la década de 40 a.C. Cuando, en 49 a.C., Julio César cruzó el Rubicón y se rebeló contra el Senado romano, tanto el padre como el marido de Porcia se alinearon con el partido senatorial, liderado por Pompeyo. Ambos desaparecerían pronto de la escena. Bíbulo murió de enfermedad mientras se hallaba en la provincia de Asia, adonde había llevado a los dos hijos que tuvo con Porcia, que no regresaron a Roma. Catón, por su parte, se suicidó en Útica, arrancándose las vísceras con las manos, después de que las tropas senatoriales fueran derrotadas por César en la batalla de Tapso, en 46 a.C.

El segundo matrimonio de Porcia con Bruto fue visto como un desafío a Julio César.

Porcia vio entonces cómo Julio César se convertía en dueño y señor de Roma, pero, lejos de resignarse, se empeñó en mantener viva la llama de la oposición republicana que había liderado su padre. Así se explica el matrimonio que contrajo en 45 a.C. con Marco Junio Bruto. Éste pasaba entonces por ser un aliado de César, que al término de la guerra civil lo había nombrado gobernador de la Galia; la propia madre de Bruto, Servilia, había sido amante del dictador. Pero durante la guerra Bruto había luchado en el partido senatorial y no había duda de sus simpatías por la vieja República. Por ello, muchos vieron el matrimonio como una declaración de intenciones: Bruto se alineaba con el partido senatorial (representado por la hija de Catón) en contra de César y de su propia madre, Servilia, quien se había opuesto a la boda por considerarla una afrenta al dictador. En la boda Porcia llevó el manto de su padre, un gesto reivindicativo que no pasó desapercibido para nadie en Roma.

Los rumores estaban justificados. En los meses siguientes, Bruto se embarcó en el complot para asesinar al dictador, junto con otros senadores del propio partido cesariano, desilusionados por los cargos concedidos por César o por afrentas que éste les había infligido. Aunque en la cultura romana la política era cosa de hombres, Porcia no estaba dispuesta a permanecer al margen. Al notar algo raro en el comportamiento de su marido, un día le exigió que le comunicase qué le preocupaba. Ante el silencio de Bruto, ella se hizo un profundo corte en el muslo, sin dar la menor muestra de dolor. Cuando Bruto le preguntó por qué hacía eso, Porcia le contestó: «Yo, hija de Catón, entré en tu casa, no como las mujeres que sirven como concubinas, para compartir el lecho y la mesa, sino como compañera de lo bueno y también de lo malo». Se había autolesionado para demostrar que sería capaz de resistir cualquier tortura sin revelar sus secretos. Impresionado por la fortaleza de carácter de su esposa, Bruto le comunicó sus planes para asesinar a César.

Porcia, esposa de Bruto, es atendida por sus esclavas tras herirse un muslo para mostrar su valor. Nicolas-Bernard Lépicié. 1777. Palacio de Bellas Artes, Lille.

Porcia, esposa de Bruto, es atendida por sus esclavas tras herirse un muslo para mostrar su valor. Nicolas-Bernard Lépicié. 1777. Palacio de Bellas Artes, Lille.

Porcia, esposa de Bruto, es atendida por sus esclavas tras herirse un muslo para mostrar su valor. Nicolas-Bernard Lépicié. 1777. Palacio de Bellas Artes, Lille.

Foto: Philipp Bernard / RMN-Grand Palais

El día del magnicidio, el 15 de marzo de 44 a.C., Porcia entró como en trance y perdió la voz. Al creer sus esclavos que había muerto, fueron a avisar a Bruto, pero éste hizo caso omiso, entró en el teatro de Pompeyo, donde se reunía el Senado, y participó en el asesinato de César. Luego Porcia intervendría en una reunión para decidir cómo se podrían poner a salvo los conspiradores.

Es significativo que en ese importante encuentro participaran, junto a cuatro hombres –los anticesarianos Bruto, Casio, Favonio y Cicerón–, tres mujeres: Junia (la esposa de Casio), Porcia y Servilia, preocupada ahora únicamente por la supervivencia de su hijo Bruto. Siguiendo una propuesta conciliadora de Marco Antonio, se decidió que Bruto y Casio abandonaran Roma con el pretexto de un encargo público en África y en las provincias de Oriente para así evitar la ira de los cesarianos.

Suicidio de leyenda

Tras la reunión, Bruto partió hacia su destino mientras Porcia quedaba en Roma. Desde allí debió de seguir la lucha de su marido en Oriente en defensa de la vieja República romana frente a Octavio, el hijo adoptivo de Julio César, con quien se alió Marco Antonio. Finalmente, a Porcia le llegó la noticia de que Bruto se había quitado la vida tras ser derrotado en la batalla de Filipos (42 a.C.). Porcia decidió entonces seguir sus pasos y se mató tragándose unas brasas.

Más de un siglo después, el poeta Marcial contaba este hecho en una de sus composiciones. En ella, tras enterarse de la muerte de su esposo y ver que habían apartado todas las armas para que no se autolesionara, Porcia exclama: «¿Ignoráis todavía que no podéis negarme la muerte? Creía que os lo había enseñado mi padre con su muerte», dijo, para luego beber «ávidamente unas brasas encendidas». Por su parte, Plutarco cuenta que Porcia estaba deseosa de morir a causa de una enfermedad y, como sus amigos y esclavos la vigilaban constantemente para evitar un posible suicidio, cogió con presteza unas brasas del fuego, las metió en su boca y murió abrasada.

Esta famosa historia, recogida en la literatura y en el arte, tiene todos los ribetes de una leyenda. El único testimonio contemporáneo de la muerte de la hija de Catón no dice nada al respecto. Se trata de Cicerón, que en una carta escrita en el verano del año 43 a.C. y dirigida a Bruto se lamentaba de la muerte de la esposa de éste. Porcia, pues, había fallecido antes que su marido, y de las palabras de Cicerón se deduce que murió por causas naturales. La leyenda aparecería más tarde.

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Una romana demasiado virtuosa

Como hija de catón, a Porcia se le suponía una virtud intachable. La historia de su suicidio tragándose unas brasas la consagró como una heroína de valor sobrehumano, pero hubo quien puso en duda esa imagen idealizada. Marcial, en un poema escrito más de un siglo después, hizo una referencia obscena a los hábitos sexuales de Porcia con Bruto para reprochar a otra dama su mojigatería.

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Un corazón débil

Grabado que representa a Porcia en la obra Julio César de William Shakespeare.

Grabado que representa a Porcia en la obra Julio César de William Shakespeare.

Grabado que representa a Porcia en la obra Julio César de William Shakespeare.

Foto: Adoc-Photos / Album

Porcia aparece en una de las obras más famosas de Shakespeare, Julio César. Se muestra como confidente de Bruto antes del magnicidio: «¡Ay de mí! ¡Qué débil cosa es el corazón de la mujer! ¡Oh Bruto! ¡Que los cielos te ayuden en tu empresa! [...] ¡Oh, me desmayo!».

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Una muerte agónica

Vista aérea de Filipos, donde Octavio y Antonio aplastaron a los asesinos de César.

Vista aérea de Filipos, donde Octavio y Antonio aplastaron a los asesinos de César.

Vista aérea de Filipos, donde Octavio y Antonio aplastaron a los asesinos de César.

Foto: Getty Images

El debate sobre la forma de suicidio de Porcia continúa hoy en día, pues muchos médicos dudan de la posibilidad de tragar brasas encendidas. Algunos especulan con que simplemente murió envenenada por encender un brasero en una habitación sin ventilación. Otros piensan que la introducción de carbones al rojo en la boca provocaría una parada cardiorrespiratoria prácticamente inmediata. Cabe asimismo recordar que el padre de Porcia, Catón el Joven, se suicidó arrancándose las vísceras con las manos; podría ser que su hija hubiera emulado la muerte de su padre con un método tanto o más brutal.

Este artículo pertenece al número 224 de la revista Historia National Geographic.

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