Vida cotidiana

El pijama, de traje indio a ropa de dormir

A finales del siglo XIX se introdujo una nueva prenda para dormir: el pijama, inspirado en una combinación de camisa y pantalones que los británicos habían visto en la India.

William Feilding

William Feilding

William Feilding, primer conde de Denbigh (1582-1643). Retrato por Anthony van Dyck. Galería Nacional, Londres.

Alamy / ACI

Hoy en día, en el mundo occidental, el pijama es la prenda para dormir por excelencia; sin embargo, se desconoce que su origen es asiático y que estaba diseñado como ropa exterior. El término con el que conocemos a esta combinación de camisa y pantalones proviene del persa pay-jame, nombre que se daba a una prenda para las piernas, una ropa bifurcada, a diferencia de la falda o la túnica, que caían libremente y no incluía tiro o bragueta.

 Al principio, el pijama designaba solo los pantalones. Los nómadas de las estepas habían introducido esta prenda, que luego adoptaron los persas y se hizo muy popular en Asia. En la India, los pijamas eran prendas para la calle. Aún hoy se siguen usando, combinados con un kurta, una camisa o túnica suelta y holgada, sin cuello y con manga larga, que cae más abajo de la cadera y visten ambos sexos. 

Los europeos que viajaron a la India en los siglos XVII y XVIII se fijaron en el particular vestido formado por el pijama y el kurta. Los pijamas indios, hechos en algodones suaves o en seda oriental, con pocas costuras y un diseño suelto, contrastaban con la mucho más rígida y ceñida indumentaria europea. Era una ropa exótica y cara, únicamente al alcance de unos pocos. De ahí que algunos aristócratas se trajeran de sus viajes por Oriente esos vestidos para exhibirse con ellos en la corte, e incluso se retrataran ataviados de aquel modo para pasar a la posteridad. 

 

Un conde en pijama

Ese fue el caso de William Feilding, el primer conde de Denbigh. Durante un viaje en 1631 a la corte del shah Safi de Persia y a la del emperador mogol adquirió un vestido oriental con el que, tras volver a Inglaterra, se hizo retratar por Anthony van Dyck, el pintor de moda en la corte inglesa. En el óleo, el conde aparece vistiendo una túnica o kurta y un pijama de seda rojo con rayas. Curiosamente, por debajo de la kurta asoman el cuello y las mangas de una camisa de estilo occidental. El tejido es de seda, una tela que los europeos no sabían cómo se fabricaba y que debían importar de Oriente. El conde es atendido por un criado traído de la India, que luce un kurta más largo, pero igual de lujoso, y un turbante estampado. 

 

Anuncio

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Anuncio de un pijama en el número 9 de La Gazette de Barclay, de 1927. 

Mary Evans / Scala, Firenze

El dominio británico sobre la India en los siglos XVIII y XIX favoreció la difusión de la vestimenta oriental en Europa. Para estar cómodos en casa, los ingleses adoptaron prendas como el banyan, una bata que recordaba a los kimonos japoneses y se lucía encima de la camisa y el chaleco. Los británicos que residían en la India también se dieron cuenta de las ventajas del pijama y el kurta como ropa informal de interior, más benigna para el calor hindú que la vestimenta occidental tradicional. 

 

Qué ponerse para dormir

Fue a finales del siglo XIX cuando el pijama se convirtió en una prenda para dormir. Durante mucho tiempo, lo habitual había sido pasar la noche con la camisa, una prenda interior generalmente hecha de lino o lana que se llevaba siempre puesta, como una segunda piel. En los siglos XVIII y XIX surgió una prenda específica para dormir: la camisa de noche o camisón, que usaban hombres y mujeres. 

Entre las mujeres, el triunfo del pijama se retrasó por las reticencias a que llevaran pantalones

Parece que fueron los hombres de las clases altas de la época victoriana los que sustituyeron el camisón por el pijama, un traje para dormir que consideraban más cómodo y elegante. El nombre se debía que estaba formado por la combinación de camisa y pantalón, como la que se llevaba en la India, aunque adaptada al gusto europeo, por ejemplo añadiéndole cuellos de camisa de vestir y botones

Inicialmente se trató de una prenda de lujo, confeccionada por sastres especializados. Sin embargo, a finales del siglo XIX se desarrolló en Estados Unidos la producción en masa de pijamas, que se generalizaron rápidamente. Quienes no podían permitirse un sastre ya no debían aprovechar camisas viejas o confeccionar sencillos camisones en casa, sino que podían comprar pijamas de dos piezas en los grandes almacenes. Esa moda llegaría a la Europa continental después de la primera guerra mundial. 

 

Catálogo

Catálogo

Pijama en un catálogo de los grandes almacenes Harrods, de Londres. 1903.

Look and Learn / AGE Fotostock

 

El pijama derrota al camisón

Una revista especializada francesa, Adam-Chemisier, afirmaba en 1933 que «después de la guerra, con la llegada de los americanos, que solo conocían el pijama como vestido de noche, los fabricantes [franceses] han tratado de difundirlo. Evidentemente había que lanzarlo al mercado a precios accesibles para responder a los medios modestos del gran público y esperar el éxito [...]. La idea se abrió camino sin reserva y en cada nueva temporada la venta se intensifica [...]. El antiguo camisón ha perdido las preferencias del comprador, salvo para los niños y algunas personas anticuadas». El autor del artículo destacaba a continuación las ventajas del pijama, que «deja una gran libertad de movimiento, necesaria al cuerpo durante el sueño, y favorece la dignidad y la corrección que no eran satisfechas [con el camisón]. Había un equilibrio roto (equilibrio que es la cualidad primordial de la elegancia) que el pijama ha restablecido y al cual ha añadido la gracia de su línea». Según el autor, el camisón no cubría adecuadamente el cuerpo cuando la persona se levantaba de la cama.

Al principio, los pijamas para dormir eran una prenda únicamente masculina. De hecho, una clave de su éxito fue que resultaban más viriles que los camisones. El cine, uno de los principales vehículos para difundir las modas en la vestimenta desde principios del siglo XX, contribuyó al triunfo de esta imagen del pijama masculino. En cambio, las mujeres seguían poniéndose el tradicional camisón, dado el inveterado rechazo a que llevaran pantalones. 

 

Mujer con pijama

Mujer con pijama

Mujer con pijama, por Xavier Sager. Hacia 1922.

Album

La situación cambió tras la primera guerra mundial, cuando se enterraron las modas antiguas del corsé, las largas faldas o los grandes sombreros para dar paso a un nuevo estilo corto, joven y masculinizado. El pantalón femenino se fue abriendo paso allí donde las mujeres realizaban actividades que hasta entonces se asociaban exclusivamente con los hombres, ya fuese en el ámbito laboral o en el del ocio

De hecho, en los años veinte y treinta, el pijama como prenda exterior volvió en la forma de un traje femenino con pantalones pensado especialmente para el veraneo, el llamado «pijama de playa». Su introducción se asocia con la modista francesa Coco Chanel, que gustaba de lucir ella misma estas combinaciones de pantalones sueltos, generalmente estampados con vivos colores y diseños imaginativos, y camisas normalmente más ajustadas. Era un atuendo adecuado para un nuevo tipo de mujer que reivindicaba su derecho a divertirse igual que los hombres.

 

Pijamas de playa

Pijamas de playa

Mujeres con pijamas de playa y gorros marineros. Fotografía de una revista británica de 1933.

Getty Images

 

Moda unisex

En aquel contexto de evolución de la moda femenina, las mujeres también empezaron a adoptar el pijama como ropa de dormir. Esta tendencia, iniciada en el período de entreguerras, triunfaría plenamente en las décadas siguientes. Durante la segunda guerra mundial, el racionamiento de materias primas exigió que el diseño de los pijamas se hiciera más práctico y utilitario y se privilegiaran las telas más confortables y calientes, como el algodón o la mezcla de lanas. Además, después del conflicto, en un contexto de reforzamiento de los valores familiares, los pijamas se vieron como una prenda más recatada que los camisones, a los que los encajes y lazos, el escote y la ausencia de mangas daban connotaciones eróticas. Ya en los años cincuenta, el cine y la televisión difundirían la imagen de los matrimonios vestidos con pijamas que incluso iban a juego, como en I Love Lucy, una popular serie estadounidense de esa época. 

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Gorro y camisón

En el siglo XIX, los camisones para dormir se hacían de diferente longitud: un poco por debajo de las rodillas, hasta los tobillos o hasta el suelo. El atuendo nocturno se completaba con un gorro que servía para proteger del frío, pues los dormitorios no tenían calefacción.

 

Caricatura de Daumier

Caricatura de Daumier

Esposos con camisón en una caricatura de Daumier, de 1848.

Getty Images

 

 

Este artículo pertenece al número 238 de la revista Historia National Geographic.