Grandes descubrimientos

Los petroglifos de Tamgaly, un museo al aire libre

En un remoto valle de Kazajistán se hallaron en 1957 miles de grabados en la roca con escenas de caza y danzas rituales.

Petroglifos en un cañón rocoso de Tamgaly. Destaca una especie de bóvido con largos cuernos frente al que se alza un hombre.

Foto: Marina Pissarova / Alamy / ACI

Unos 125 kilómetros al noroeste de la antigua capital de Kazajistán, Almaty, se alzan las áridas y despobladas montañas Chu-Ili, el último contrafuerte antes de llegar a las estepas del norte. En uno de los valles de esta sierra se oculta un inmenso archivo capaz de documentar los aspectos más diversos de la vida y las creencias de los pueblos de la región desde la Edad del Bronce hasta las épocas más recientes. Se trata de un conjunto de miles de grabados rupestres o petroglifos concentrados en una reducida zona llamada Tamgaly, que en lengua kazaja significa «lugar de los signos».

Su descubrimiento científico se remonta a la primavera de 1957, cuando una expedición soviética, liderada por la arqueóloga Anna Maksimova, empezó a explorar el desfiladero excavado por el río Tamgaly, cuya tortuosa sección central serpentea a lo largo de 1.200 metros y en algunos puntos se estrecha hasta menos de veinte metros.

Cronología

Vida en la piedra

1.500 - 900 a.C.

Gentes del Bronce Medio y del Bronce Tardío graban 3.000 petroglifos en las rocas de Tamgaly.

800 - 300 a.C.

Durante la Edad del Hierro, los pueblos de la zona siguen grabando petroglifos en Tamgaly.

Siglos VIII-XX

Desde la Edad Media hasta 1960, los habitantes de la zona siguen realizando grabados.

1957

Investigadores soviéticos liderados por Anna Maksimova comienzan a estudiar los petroglifos.

Figuras en la roca

Enseguida se hizo evidente que esta zona había sido habitada casi sin interrupción desde mediados del II milenio a.C., dado que la abundancia de agua y pastos la convertía en un entorno favorable para comunidades de pastores. Las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz varios asentamientos, zonas de culto y complejos funerarios que testimoniaban este dilatado poblamiento humano. Pero lo más impactante fue la extraordinaria cantidad de petroglifos grabados en rocas de arenisca, y, con menos frecuencia, de granito que afloran en las laderas de las colinas circundantes.

La calidad artística de estas representaciones demuestra que los artistas de la época dominaban la técnica del grabado. A causa de la prolongada exposición a los agentes atmosféricos, en la superficie de las rocas se había formado una oscura pátina sobre la que se inscribieron las imágenes, mediante un lento trabajo de martilleo con piedras afiladas o instrumentos metálicos. Maksimova siempre fue consciente de la importancia del lugar, y en los años siguientes se sucedieron las expediciones.

En 2004, la Unesco incluyó Tamgaly en la lista del Patrimonio de la Humanidad, ya que, como se declaró entonces, «el conjunto de petroglifos, con imágenes sagradas, altares y zonas de culto, junto con los asentamientos y los cementerios relacionados con ellos, ofrece un destacado testimonio de la vida y de las creencias de los pueblos pastoriles desde la Edad del Bronce hasta nuestros días». Y es que en Tamgaly se realizan grabados desde hace tres mil años.

Figura que los investigadores identifican como una divinidad solar montada sobre un animal con enormes cuernos.

Figura que los investigadores identifican como una divinidad solar montada sobre un animal con enormes cuernos.

Foto: Keren Su / Alamy / ACI

En la parte norte de la sección central del desfiladero, que se extiende sobre unos 500 metros, se han localizado tres mil petroglifos que se pueden datar en el Bronce Medio (1.500-1.200 a.C.) y el Bronce Tardío (1200-900 a.C.). Por otra parte, se han catalogado otros dos mil dibujos en un área más periférica y amplia, en la que predominan imágenes de fases más tardías: la Edad del Hierro (800-300 a.C.), la época turco-medieval (700-1300) y la edad moderna y contemporánea (1500-1960).

Los grabados de la sección principal del desfiladero, correspondientes a la Edad del Bronce, son los que despiertan más interés, sobre todo por la complejidad de los temas que se representan, a menudo muy elaborados y difíciles de interpretar. Los artistas no se limitaron a mostrar aspectos de la vida material, sino que manifestaban necesidades mucho más íntimas, que a menudo se adentran en una dimensión sagrada.

Estos petroglifos se han dividido en cinco grupos, según las características de las imágenes. En los grupos 1 y 2, diversos animales –cabras, caballos, lobos, ciervos, toros y un asno salvaje– se alternan con magníficas escenas de caza. Igual de numerosa es la presencia de seres humanos, incluidas figuras que parecen chamanes cubiertos con pieles de animales. Tampoco faltan lo que parecen ser algún tipo de ceremonias sagradas y, en algunos casos, escenas ligadas al ámbito sexual.

Los petroglifos de Tamgaly muestran enigmáticas danzas rituales y escenas de caza

Danza ritual en un petroglifo de Tamgaly.

Danza ritual en un petroglifo de Tamgaly. 

Foto: Keren Su / Alamy / ACI

¿Divinidades solares?

El grupo 3, con 800 dibujos, es uno de los más enigmáticos. En algunas representaciones se ve a hombres realizando danzas rituales frente a grandes toros o bien caballos de largos cuernos (las imágenes son difíciles de comprender). Una de las representaciones más emblemáticas corresponde a misteriosas figuras con cuerpo humano y cabeza en forma de disco rodeado de líneas y puntos, en las que se ha visto una divinidad solar. Teniendo en cuenta la frecuencia con que aparecen en el lugar (se han documentado hasta 30 casos), se ha sugerido que Tamgaly era un santuario dedicado al culto del Sol. Pero en el grupo 3 no faltan actividades de caza ni representaciones de perros y cabras; e incluso hay un carro de combate de dos ruedas.

El grupo 4, con 700 grabados, incluye una misteriosa escena: un grupo de hombres danza en torno a una mujer que da a luz, mientras sobre ellos se alzan siete de las divinidades solares mencionadas. ¿Cómo se puede interpretar este conjunto? La hipótesis más común es que quería evocarse una danza ritual con ocasión de un nacimiento, para obtener la protección de seres superiores. En este cuarto grupo, donde también están presentes los animales y las escenas de caza habituales, aparece un espléndido camello.

Por último, el grupo 5, con mil petroglifos, sorprende por su complejidad. Abundan las representaciones de hombres en actitud de veneración junto a figuras que se pueden interpretar como chamanes en estado de trance. La presencia de la divinidad solar es muy frecuente y, al menos en un caso, aparece en un carro de combate de dos ruedas, tal vez una posible conexión con el carro del Sol.

Caza ritual. Algunos arqueros rodean lo que parece un caballo con cuernos, quizá símbolo de un toro, animal sagrado.

Caza ritual. Algunos arqueros rodean lo que parece un caballo con cuernos, quizá símbolo de un toro, animal sagrado.

Foto: Tom Till / Alamy / ACI

Otros Tamgalys

Los petroglifos de las áreas más periféricas de Tamgaly tienen otras características. Por ejemplo, en el complejo de Sunkarsay, con unos 500 petroglifos, el repertorio es más reducido y estándar. Predominan los grabados de la Edad del Hierro, con escenas de caza, chivos y ciervos que muestran complejos cuernos ramificados, así como grabados de la época turco-medieval, que nos resultarán más familiares: caballeros con banderas en sus lanzas y escenas de caza con halcón.

Con el paso del tiempo, pues, se fueron priorizando los motivos relacionados con el mundo animal y las actividades materiales, mientras desaparecían las referencias al mundo de lo sagrado. El hombre, con su universo, se convirtió en el centro de atención de los desconocidos artistas de Kazajistán.

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Nuevos hallazgos

Carro de guerra. Petroglifo de la Edad de Bronce. Montes Chu-Ili.

Carro de guerra. Petroglifo de la Edad de Bronce. Montes Chu-Ili.

Foto: Antonio Ratti

En los últimos decenios, la exploración del complejo montañoso de Chu-Ili ha deparado nuevos hallazgos que se suman a los de Tamgaly. En una amplia zona cien kilómetros al oeste, la Universidad de Almaty ha documentado numerosos yacimientos de arte rupestre más pequeños, pero con un repertorio iconográfico y estilístico muy parecido.

Para saber más

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Este artículo pertenece al número 195 de la revista Historia National Geographic.

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