Olaudah Equiano, de esclavo a hombre libre

Capturado de niño en África para ser vendido como esclavo, Equiano tuvo varios amos hasta que compró su libertad y decidió luchar por la abolición de la esclavitud.

Olaudah Equiano. Grabado coloreado a partir de una edición  de su autobiografía.

Olaudah Equiano. Grabado coloreado a partir de una edición de su autobiografía.

Foto: Granger / Album

A finales del siglo XVIII, Londres fue escenario de las primeras movilizaciones para prohibir tanto el comercio de esclavos como la misma institución de la esclavitud, que hoy consideramos abominable. Los adalides de esta campaña fueron filántropos como Granville Sharp o William Wilberforce, abogados, políticos y publicistas que formaban parte de la buena sociedad londinense. Pero junto a ellos tuvo un papel muy destacado un negro africano llamado Olaudah Equiano, cuya autobiografía, publicada en 1789, mostró a miles de lectores el drama de la esclavitud y el esfuerzo de un hombre por escapar de ella.

Cronología

Un viaje hacia la libertad

1745

Olaudah Equiano nace en torno a esta fecha en una aldea de la actual Nigeria. Su padre es un jefe tribal de la región.

1756

Es secuestrado junto a su hermana y llevado a la costa, donde será embarcado como esclavo hacia las islas del Caribe.

1766

Después de años al servicio de un mercader caribeño, compra la libertad a su amo por 40 libras.

1783

El escándalo del barco negrero Zong lo empuja a militar en el movimiento contra la esclavitud.

1789

Publica su autobiografía, en la que hace una denuncia de primera mano del azote del esclavismo.

Al principio de sus memorias, Olaudah Equiano describía su tierra natal, en Nigeria, como un territorio fértil cuya población se dedicaba sobre todo a actividades agrícolas y festivas: «Una nación de bailarines, músicos y poetas», según sus palabras. Pese a esta visión idealizada, Equiano no ocultaba que las sociedades africanas practicaban la esclavitud; su propio padre, uno de los señores del lugar, tenía esclavos a su servicio.

El padre de Equiano, jefe tribal de una aldea africana, tenía esclavos negros a su servicio

En 1756, cuando tenía 11 años, Equiano estaba en casa con su hermana pequeña cuando irrumpieron tres cazadores de esclavos, los apresaron y se los llevaron al bosque. Durante varios meses pasaron por las manos de distintos intermediarios. En uno de aquellos canjes los hermanos fueron separados, pero más tarde volvieron a reunirse. La descripción de su último encuentro es conmovedora: «Durante toda la noche, entrelazábamos las manos. Y durante un rato olvidamos nuestras desgracias con la alegría de estar juntos». Al día siguiente volvieron a separarlos para siempre.

En un barco negrero

Finalmente, Equiano fue vendido a un negrero que lo subió con decenas de otros africanos a un barco inglés con destino al Caribe; investigadores modernos han sugerido que se trataba del Ogden, un barco de dos mástiles a las órdenes de un capitán de Liverpool. En su autobiografía salta a la vista la brutalidad del trato infligido a los africanos: «El hedor de la bodega mientras navegábamos por la costa era insoportablemente nauseabundo […]. La estrechez del lugar y el calor del clima, sumados a la cantidad de personas que iban en el barco, tan atestado que apenas teníamos espacio para girarnos, casi nos asfixiaban […]. Los gritos de las mujeres y los gemidos de los moribundos completaban una escena de un horror inconcebible». Equiano presenció cómo tres esclavos desesperados se tiraron al mar para suicidarse; uno de ellos fue rescatado, sólo para someterlo a una brutal paliza.

Figurilla de una madre igbo con su hijo en brazos.

Figurilla de una madre igbo con su hijo en brazos.

Figurilla de una madre igbo con su hijo en brazos.

Foto: M. Graham-Stewart / Bridgeman / ACI

Al llegar a Barbados, Equiano fue llevado al mercado de esclavos, adonde los dueños de las haciendas azucareras iban para renovar su mano de obra. Como aún no se había desarrollado físicamente lo adquirió un comerciante que lo llevó a Virginia para engordarlo y venderlo luego a buen precio. Equiano tuvo suerte porque lo compró un teniente de la Armada británica que, tras rebautizarlo al estilo occidental –según una práctica común de la época– con el nombre de Gustavus Vassa, se lo llevó consigo en las travesías marítimas que hizo durante la guerra de los Siete Años (1756-1763). Equiano aprendió las artes de navegación e incluso a leer y escribir gracias a unas amigas de su amo, que también lo hicieron bautizar en una iglesia de Londres.

Liberado con sus ahorros

Al acabar el conflicto, Equiano fue vendido a un comerciante de la isla caribeña de Montserrat. Pese a que éste era un hombre «de carácter sumamente amable y caritativo», Equiano fue testigo del terrible trato que se daba a los esclavos en el Caribe. «A menudo presencié cómo se infligían todo tipo de crueldades a mis desdichados compañeros de esclavitud por el motivo más trivial», explicaría. A un esclavo le rompieron los huesos a palos por haber dejado derramar un puchero, y a otro lo castraron y le arrancaron las orejas a trozos por haber tenido relaciones con una mujer blanca, en realidad una prostituta. Las violaciones, incluidas las de niñas de diez años, eran moneda corriente.

Equiano logró escapar a ese destino. Gracias al dinero que reunió durante años comerciando por su cuenta con todo tipo de artículos en sus viajes por el Caribe, en 1766 compró su libertad por 40 libras esterlinas y abandonó América, ya como «mi propio amo». En los años siguientes viajó por todo el Mediterráneo enrolado como marino en empresas diversas, incluida una expedición al Ártico en 1773 en busca del paso del Noroeste, que, aunque no logró su objetivo, sí llegó hasta los 80º, la latitud más septentrional jamás alcanzada.

Toma de conciencia

Durante la primera etapa de su vida, Equiano había considerado la esclavitud como algo normal o cuanto menos inevitable. De hecho, cuando llegó por primera vez a Gran Bretaña se sorprendió al descubrir que «los británicos no se vendían entre ellos, como hacíamos nosotros» en África. Después de obtener la libertad trabajó incluso en un barco negrero seleccionando esclavos para trabajar en el campo. Pero los malos tratos que sufrían los esclavos lo conmocionaban. También se indignaba al ver que cualquier negro, aunque fuera legalmente libre, estaba expuesto a los abusos de los blancos.

Fuente memorial  de Buxton

Fuente memorial de Buxton

Fuente memorial de Xuxton. Erigido en 1865 frente al Parlamento del Reino Unido, en Londres, este monumento conmemora el final de la esclavitud en el Imperio británico, que se hizo efectiva en 1833.

Foto: AGE Fotostock

A él mismo, durante uno de sus viajes, el capitán de un barco lo apresó para venderlo como esclavo, pero por suerte logró escapar. En 1774 , un negro amigo suyo fue secuestrado en Londres por su antiguo amo, que lo llevó de vuelta a la isla de Saint Kitts, donde fue azotado brutalmente. Equiano hizo gestiones para liberarlo, sin éxito.

Fue en esa ocasión cuando Equiano entró en contacto por primera vez con Granville Sharp, uno de los primeros activistas contra la trata de esclavos en Inglaterra. Unos años después, en 1783, ambos hombres coincidieron de nuevo en la protesta por la masacre de esclavos en el barco negrero Zong. A partir de ese momento, Equiano se convirtió en un activista contra la esclavitud. Junto a otros africanos fundó la asociación Hijos de África, comprometida con el movimiento abolicionista. Escribía cartas de protesta a los periódicos, y empezó a ser conocido por sus intervenciones en persona en debates públicos sobre la esclavitud.

El libro que le dio la fama

En 1788, Equiano presentó a la reina Carlota, esposa de Jorge III, «una petición en favor de mis hermanos africanos» en la que imploraba «la compasión de Su Majestad por los millones de compatriotas africanos que gimen bajo el azote de la tiranía en las Indias Occidentales». Ese mismo año saludó la Ley de Comercio de Esclavos por la que el parlamento británico regulaba el número máximo de esclavos que podían ser transportados en un barco. «La opresión y la crueldad infligida a los desafortunados negros han llegado por fin a la ley británica», declaró.

La publicación de su autobiografía en 1789 lo convirtió en un icono de la lucha contra la esclavitud. La obra tuvo gran éxito; en pocos años aparecieron una decena de ediciones en inglés y varias traducciones. Pero Equiano disfrutó poco de ese éxito. Murió en 1797, a los 52 años, sin que se hubiera cumplido su sueño emancipador: harían falta más batallas parlamentarias hasta que la trata de esclavos fuera abolida por el Reino Unido en 1833.

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Contra los prejuicios raciales

Al llegar a Inglaterra, Equiano cobró conciencia por primera vez de su piel negra, que lo distinguía de la mayoría blanca. Entonces sintió «vergüenza», pero más tarde comprendió que esa diferencia era meramente superficial. En una carta a un periódico en 1788 defendió los matrimonios interraciales como un modo de «estimular el amor abierto, libre y generoso siguiendo el plan amplio y dilatado de la propia naturaleza […] sin hacer distinciones por el color de la piel». En 1792, él mismo se casó con Susannah Cullen, una inglesa con la que tuvo dos hijos.

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Útil a la causa

Primera edición de las memorias de Olaudah Equiano, publicadas en Londres en 1789.

Primera edición de las memorias de Olaudah Equiano, publicadas en Londres en 1789.

Primera edición de las memorias de Olaudah Equiano, publicadas en Londres en 1789.

Foto: British Library / Album

Demostrando su agudo instinto empresarial, Equiano organizó él mismo la venta de su autobiografía. Consiguió una larga lista de suscriptores ilustres e hizo giras por Inglaterra, Escocia e Irlanda para promover el libro con lecturas públicas. «Confío en que mis andanzas hayan sido útiles a la causa de la abolición del maldito tráfico de esclavos», decía.

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La masacre del zong

El barco de esclavos, óleo de Turner que evoca la tragedia del Zong. 1840.

El barco de esclavos, óleo de Turner que evoca la tragedia del Zong. 1840.

El barco de esclavos, óleo de Turner que evoca la tragedia del Zong. 1840.

Photo: Album

A finales de 1781, el capitán del barco negrero Zong arrojó a más de 130 esclavos por la borda durante la travesía que los llevaba hasta Jamaica, alegando que no había agua para todos. En realidad, su intención era reclamar al asegurador del barco una indemnización por la «carga» perdida. El asegurador se negó a pagar y en 1783 se celebró un juicio que dio la razón a los traficantes. Cuando vio la información en un periódico, Equiano acudió a casa del abolicionista Granville Sharp para alertarle. Éste presentó una apelación que fue desestimada, pero sirvió para despertar las conciencias sobre la ignominia de la esclavitud.

Este artículo pertenece al número 225 de la revista Historia National Geographic.

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