Mapas del tiempo

Mito  y  realidad en  el  primer mapa  del  Ártico

El cosmógrafo flamenco Gerardus Mercator fue el autor de la primera representación conocida del Ártico

Mapa

El primer mapa conocido del Ártico apareció en 1569, como parte de una famosa carta de navegación publicada por Mercator y que incluía todo el planeta. En 1595, tras su muerte, su hijo Rumold lo publicó como mapa independiente en un atlas del mundo: Atlantis Pars Altera; es el que se muestra aquí. En él se reflejan los descubrimientos que habían tenido lugar desde 1569, y que Mercator plasmó junto con la información mítica de las regiones septentrionales que entonces se creía verídica.

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Leyendas medievales

En los textos que acompañaban el mapamundi de 1569, Mercator refiere que, en 1360, un franciscano inglés de Oxford, matemático, «fue a las islas [septentrionales] y que, habiéndolas dejado y habiendo llegado más lejos por un procedimiento mágico, había descrito y medido todo mediante el astrolabio poco más o menos en la forma que más abajo reproducimos según Jacques Cnoyen». Este último era un navegante neerlandés, autor de un itinerario en el que se conservaban retazos de la obra del supuesto viajero franciscano, llamada Inventio Fortunata, cuya descripción del Ártico provenía, en realidad, de la Topografía de Irlanda escrita hacia 1188 por el historiador galés Giraldus Cambrensis.

Esta geografía fantástica, que Mercator incluyó en su mapa, asoma en una carta que escribió en 1577 al astrónomo y astrólogo inglés John Dee: «Justo en medio de los cuatro continentes [cuatro grandes islas] hay un remolino, en el que se vuelcan los cuatro mares que dividen el Norte. Y el agua ruge a su alrededor y desciende al interior de la Tierra, como si se colara por un embudo».

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El polo norte

En el centro del remolino, a 90º de latitud norte, se encuentra una «roca negra y altísima» Pero esa roca no era magnética, como creían muchos: Mercator afirma que «justo debajo del Polo yace una roca desnuda en medio del mar» y «compuesta en su totalidad por piedra magnética» lo que es un intento de explicar la declinación magnética de las brújulas cuyas agujas imantadas apuntaban a un norte que variaba. Marinos como Martin Frobi-sher y John Davis, que buscaban el paso del Noroeste (una ruta que uniera los océanos Atlántico y Pacífico bordeando el norte de América), eran testigos de la variación magnética, del mismo modo que observaban corrientes que arrastraban icebergs, lo que podía reforzar la idea del remolino gigantesco. Mercator incluyó en este mapa los descubrimientos de Davis, que hizo tres viajes en busca del paso entre 1576 y 1578, y los de Frobisher, que fue dos veces al Ártico entre 1585 y 1587.

Este artículo pertenece al número 197 de la revista Historia National Geographic.