La fabulosa tierra de los dioses

El misterioso país de Punt

De aquel lejano país llegaban a Egipto cosas tan maravillosas que las gentes del Nilo lo llamaron Ta netjer, la «Tierra del dios». Aún hoy, los especialistas debaten sobre la ubicación de ese exótico lugar

Relieve del templo funerario de la soberana en Deir el-Bahari

Relieve del templo funerario de la soberana en Deir el-Bahari

El regreso de los barcos. En la popa de uno de los cinco barcos que la reina Hatshepsut envió a Punt se ve, de pie, al timonel sujetando con fuerza la barra que gobierna el doble timón de la nave. Relieve del templo funerario de la soberana en Deir el-Bahari.

Kenneth Garrett

A medio camino entre la realidad y la leyenda, el país de Punt fue un lejano lugar al que los egipcios enviaron numerosas expediciones comerciales. Durante más de un milenio, exploradores y comerciantes del país del Nilo atravesaron desiertos y surcaron las aguas del mar Rojo en busca de las «maravillas de Punt». Oro, electro (una aleación natural de oro y plata), especias, ébano y maderas nobles, animales salvajes o sus pieles, aceites y resinas aromáticas y, ante todo, la valiosa mirra que perfumaba el aire de los templos egipcios, fueron objeto de ambiciosas misiones comerciales realizadas por orden de los faraones.

La primera expedición de la que tenemos constancia se realizó durante el reinado de Sahure (2487-2475 a.C.), faraón de la dinastía V. Luego hubo muchas otras hasta, al menos, el reinado de Ramsés III (1184-1153 a.C.), de la dinastía XX. Pero la más legendaria de todas ellas, y también la que más información nos ha aportado sobre el lejano país de Punt, se llevó a cabo durante los años octavo y noveno del reinado de la reina-faraón Hatshepsut

 

Esfinge

Esfinge

Kenneth Garrett

Según cuentan los relieves del imponente templo funerario de la soberana en Deir el-Bahari, la expedición se realizó por deseo expreso del propio dios Amón de Tebas, quien anunció a su hija Hatshepsut que le había sido «concedido Punt entero hasta las tierras de los dioses, la Tierra del dios que no ha sido pisada y las terrazas de mirra que la gente ignora».

Reconstrucción

Reconstrucción

El lugar más santo. El nombre del templo funerario de Hatshepsut era Djeser Djeseru, «El más sagrado de los sagrados». Arriba, una reconstrucción.

Scala, Firenze

Cronología

Más de mil años de contactos

2487-2475 a.C.

Según la Piedra de Palermo, el rey Sahure (dinastía V) envía una expedición a Punt; es la primera que está documentada.

2160-2055 a.C.

Durante el Primer Período Intermedio cesan los contactos con Punt. Sus productos llegan a través de intermediarios.

2004-1992 a.C.

Mentuhotep III restablece el contacto directo con Punt a través del mar Rojo, después de 250 años de interrupción.

1473-1478 a.C.

Hatshepsut envía la primera expedición a Punt en tiempos del Reino Nuevo. A su frente está Nehesy, un alto funcionario.

1184-1153 a.C.

El Papiro Harris I alude a las maravillas traídas de Punt bajo Ramsés III, quizás en la última expedición documentada.

 

 

El misterio de Punt

La localización exacta del remoto país de Punt sigue siendo un misterio para los investigadores. Todo parece indicar que la llamada «Tierra del dios» podría haber estado en algún lugar cercano a la costa entre el sureste de Sudán y el extremo meridional del Cuerno de África (Eritrea, Somalia, Yibuti, Etiopía). Pero también hay quien sugiere que podría encontrarse en la orilla opuesta del mar Rojo, es decir, al sur de la península arábiga (Yemen). En los relieves de Deir el-Bahari, ni las representaciones de sus habitantes, ni la de sus casas suspendidas sobre pilares nos dan muchas pistas sobre la identidad de los pobladores de Punt.

 

Vivienda palafítica del país de Punt

Vivienda palafítica del país de Punt

Vivienda palafítica del país de Punt junto con palmeras y árboles de resina aromática, tal como los muestran los relieves de Deir el-Bahari. 

Manuel Cohen / Aurimages
Templo de Deir el-Bahari

Templo de Deir el-Bahari

Hatshepsut ante el dios Amón. Relieve en un pilar del pórtico del Punt, en el templo de Deir el-Bahari.

David Rull

Ahora bien, estudios recientes de algunas momias de babuinos sagrados (Papio hamadryas) encontradas en Egipto han concluido que estos procedían de una región comprendida entre las actuales Etiopía, Eritrea y Somalia. Al ser una especie que nunca habitó en el valle del Nilo, estos animales –que se asociaban al dios de la sabiduría Toth– podrían ser la pista definitiva que nos indicaría la región donde se hallaba Punt, ya que solo se encuentran en algunas regiones del cuerno de África y el sur de la península arábiga

Pectoral de Tutankhamón

Pectoral de Tutankhamón

En un pectoral de Tutankhamón, dos babuinos sagrados con discos lunares adoran al Sol naciente, Museo Egipcio, El Cairo.

Album

No sabemos a ciencia cierta si Punt fue un reino o bien una extensa región que los egipcios bautizaron con ese nombre y que nunca tuvo una unidad política. Lo único que podemos afirmar con certeza es que Punt se consideró el «País del dios» o, en otras palabras, un lugar cercano a los dioses donde se podían conseguir productos exóticos con una importante carga religiosa y simbólica

Así lo establece el mismo dios Amón en los muros de Deir el-Bahari: «Esta es la región más apartada de la Tierra del dios; es mi lugar de esparcimiento. Yo lo he creado para mi solaz junto con Mut y Hathor, señora de la corona blanca y de Punt, señora del cielo, grande de magia, señora de todos los dioses».

El templo de la montaña.

El templo de la montaña.

El templo de la montaña. Fue el arquitecto Senenmut quien, en el circo rocoso de Deir el-Bahari, edificó para la reina Hatshepsut este magnífico recinto.

Uwe Skrzypczak / AGE Fotostock

 

Las rutas comerciales

El Estado egipcio necesitaba abastecerse de productos exóticos para que sus reyes y sacerdotes realizaran todo tipo de ceremonias y ritos. Se trataba de bienes de prestigio con escasa utilidad práctica, pero necesarios para llevar a cabo rituales de importancia capital. Uno de estos productos era el llamado antyu, una resina aromática relacionada con la mirra (Commiphora myrrha), el incienso (Boswellia sacra) o, tal vez, el olíbano (Boswellia), no lo sabemos con certeza. 

Mapa

Mapa

Cartografía: Eosgis.com

Desde épocas muy tempranas de la civilización egipcia, la necesidad de conseguir estos productos favoreció la aparición de grandes rutas terrestres que se dirigían al interior del continente. Así, los egipcios consiguieron cristal líbico del interior del Gran Mar de Arena (la gran extensión de dunas que separa Egipto de Libia); colmillos de elefante, oro y ébano de Nubia (región situada entre los actuales Estados de Egipto y Sudán); animales exóticos, pieles, incienso y mirra de Punt, y un largo etcétera. ¡Hasta un pigmeo que llegó a la corte en tiempos del faraón Pepi II! 

Pigmeo

Pigmeo

Pigmeo procedente de África Central. Estatuilla egipcia en marfil. H. 1950 a.C. MET, Nueva York.

Scala, Firenze

Asimismo, existían rutas fluviales que se dirigían hacia el sur del continente siguiendo el curso del Nilo, pero las seis cataratas que había entre las actuales Asuán y Khartum dificultaban enormemente la navegación de forma continua a causa de los rápidos del río. Navegar Nilo arriba nunca fue fácil, así que a menudo se optó por buscar rutas terrestres que atravesaran los desiertos Occidental y Oriental del país. Estas rutas se recorrían a pie, con la compañía de largas caravanas de burros que trasladaban todos los bienes obtenidos en las transacciones comerciales. En una inscripción del Wadi Hammamat leemos que los burros fueron cargados con sandalias y cuando una se rompía otra la sustituía.

Vista del Wadi Hammamat

Vista del Wadi Hammamat

Vista del Wadi Hammamat, que conectaba la capital egipcia, Tebas, con el puerto de Qusayr, en el mar Rojo, situado a unos 200 km.

Alamy / ACI

Aunque todo sugiere que se podía viajar a Punt por tierra y por mar, la documentación que ha llegado hasta nosotros revela que la vía marítima fue la favorita para las grandes expediciones a la «Tierra del dios». 

 

Naves y puertos

Para alcanzar el mar Rojo había que atravesar las montañas del desierto Oriental, y esta no era una empresa fácil. El Wadi Hammamat, un valle que conecta el valle del Nilo con las costas del mar Rojo, fue una de las grandes vías de accesoal mar. Aún lo es hoy en día. Pero alcanzar la orilla del mar Rojo entrañaba dificultades de todo tipo. Por un lado, había que resolver toda la logística relativa al agua y la alimentación de la expedición en un territorio desértico y montañoso. Por otro, y tal y como atestiguan inscripciones como la de Henu, datada durante el reinado de Mentuhotep III (2004-1992 a.C.), en ocasiones fue necesario enviar una avanzadilla de cuerpos armados para pacificar la zona antes de que llegara el grueso de la misión: «Un ejército y cuatro destacamentos de policía despejaron los caminos delante de mí, sometiendo a los que se rebelaban contra el rey». 

 

La reina Hatshepsut

La reina Hatshepsut

La reina Hatshepsut, tocada con el pañuelo nemes y el ureo, luce la falsa barba faraónica. Estatua de granito. Museo Egipcio, Berlín.

BPK / SCALA, FIRENZE

Por si todo lo anterior fuera poco, la ausencia de madera en el desierto Occidental obligaba a los egipcios a trasladar, desmontados, los barcos desde el valle del Nilo hasta la costa. Una vez allí, las naves se ensamblaban de nuevo y a veces se volvían a desmontar cuando la expedición regresaba del viaje. Todo ello era posible gracias a la pericia de los carpinteros egipcios y a que las piezas se enlazaban mediante cabos. 

A orillas del mar Rojo se han encontrado los restos de puertos como el de Wadi el-Jarf (el más antiguo descubierto hasta la fecha) desde el que se navegaba a la península del Sinaí para conseguir cobre y turquesas. Más al sur, los puertos de Wadi Gasus, Quseir y Mersa Gawasis fueron usados para emprender los largos viajes a Punt, tal y como atestiguan algunas inscripciones encontradas en el lugar. De ello se deduce que no había establecimientos egipcios fijos a orillas del mar Rojo, y que los que hubo se usaron de forma temporal. Asimismo, durante largos períodos de la historia de Egipto se supone que los intercambios comerciales con Punt se hicieron a través de intermediarios.

 

La expedición de Hatshepsut

«Exploraré las rutas hacia Punt, descubriré los caminos hacia las terrazas de mirra, tras guiar a la tropa por agua y por tierra para traer maravillas de la Tierra del dios». Estas fueron las órdenes de Amón a la reina-faraón Hatshepsut, que obedeció el mandato divino y envió una flota formada por cinco grandes naves al mando de un alto funcionario llamado Nehesy

El rey de Punt, Parehu, y su esposa Aty

El rey de Punt, Parehu, y su esposa Aty

El rey de Punt, Parehu, y su esposa Aty reciben a los miembros de la expedición de Hatshepsut. Relieves del templo de Deir el-Bahari.

AKG / Album

Este alcanzó la «Tierra del dios» y fue recibido por el jefe de Punt, Parehu, su esposa Aty, sus dos hijos, su hija e incluso «el asno que carga con su esposa». Ambas delegaciones intercambiaron presentes, hecho que demuestra que las relaciones con Punt siempre fueron amistosas y de carácter comercial.
Los egipcios ofrecieron pan, cerveza, vino y carne a sus anfitriones. A cambio, llenaron sus naves con «lo que no se había traído ni parecido para otro rey del Bajo Egipto, consistente en maravillas de la tierra de Punt». Cuando las naves regresaron a Egipto, las mercancías fueron contabilizadas meticulosamente y entregadas como ofrendas al gran templo de Amón-Re en Karnak.

Reposacabezas de la tumba de Tutankhamón

Reposacabezas de la tumba de Tutankhamón

Reposacabezas de la tumba de Tutankhamón hecho en marfil, uno de los productos que llegaban de Punt.

Album

 Así lo atestiguan los relieves del pórtico meridional de la segunda terraza del templo funerario de Hatshepsut. En ellos también se aprecia cómo la expedición trajo consigo algunos plantones del árbol de mirra o, tal vez, de incienso. Según parece, los valiosos árboles de Punt sobrevivieron al largo viaje y fueron trasplantados en el complejo funerario de Deir el-Bahari. Aún hoy en día, en la entrada del templo, se conservan los restos fósiles de algunos árboles que podrían ser los restos petrificados de los que la expedición trajo de Punt hace 3.500 años. 

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EL SÍMBOLO DE TOTH, Los babuinos sagrados

Los babuinos, y en especial los babuinos sagrados (Papio hamadryas), fueron considerados una de las manifestaciones de Toth, dios de la sabiduría, la escritura y la luna, así como notario del juicio de las almas ante Osiris. Toth, que también se relacionaba con el dios solar Re, tenía dos manifestaciones en forma de animal: el ibis y el babuino. El culto a los babuinos como animales sagrados se remonta al inicio de la historia egipcia. Los Textos de las pirámides (el primer gran texto funerario egipcio) mencionan al dios babuino Babi como un agresivo «guardián del cielo». Los babuinos, que llegaban a Egipto desde Punt, fueron objeto de culto tanto vivos como muertos. Así lo atestiguan estatuas de todas las épocas y cientos de momias de machos en posición sedente envueltos en sudarios de lino. Un estudio de algunas de estas momias conservadas en los museos Británico y Petrie indica que el Papio hamadryas procedía del Cuerno de África o del sur de la península arábiga, lo que arroja luz sobre la ubicación de Punt.  

El dios babuino

El dios babuino

El dios babuino. La momia de un babuino de la especie Papio anubis era adorada en las catacumbas de Tuna el-Jebel, al igual que la estatua de Toth como babuino, al fondo.

Kenneth Garrett

 

Momia de Papio hamadryas

Momia de Papio hamadryas

Momia de Papio hamadryas procedente del templo de Khonsu, en Tebas. Fue estudiada para determinar el origen de los ejemplares de esta especie hallados en Egipto. Museo Británico.

British Museum / Scala, Firenze

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Un aroma celestial. La fragancia divina

El país de Punt siempre estuvo vinculado a un valioso y raro producto llamado antyu, que tradicionalmente se ha relacionado con la mirra, una resina gomosa y aromática de color rojizo transparente usada en ceremonias religiosas y para la momificación. En el Papiro Harris se dice que el antyu permite «andar por el templo  con la fragancia de Punt en tu honorable nariz, a primera hora de la mañana». El antyu fue un producto aromático con profundo significado religioso, llegado a Egipto desde la lejana región de Punt, el «País del Dios». Ahora bien, la identificación del antyu con la mirra (Commiphora myrrha) no es segura. Aquel término también podría aludir al incienso, otra resina gomosa, en este caso amarillenta o rojiza, que proviene del árbol del incienso (Boswellia Sacra). El término egipcio empleado para aludir al incienso, senetjer, es muy revelador, pues significa «aquello que hace divino». Fuese mirra o incienso, el antyu era, ante todo, una sustancia cuya fragancia convertía en divino aquello que perfumaba.

Árboles valiosos

Árboles valiosos

Árboles valiosos. Miembros de
la expedición de Hatshepsut a Punt trasladan árboles de incienso o de mirra; las raíces se preservan en cestas con tierra.

Kenneth Garrett

 

Árbol de mirra

Árbol de mirra

Árbol de mirra. Pertenece a la familia de las burseráceas, al igual que el árbol del incienso.

Shutterstock

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El final del viaje. Los tesoros llegan a Tebas

La ilustración evoca el regreso a Tebas de la expedición naval que Hatshepsut envió al país de Punt entre los años 8 y 9 de su reinado. Desde un barco atracado en el Nilo avanza una larga procesión con una deslumbrante variedad de productos, que los sacerdotes de Amón en Karnak presentan a la reina. Hatshepsut, que los dedica al dios Amón, agita el cetro sejem sobre las ofrendas. De pie junto a la soberana está su cogobernante, el joven Tutmosis III. Un sacerdote del dios Amón viste la distintiva piel de leopardo, y un escriba real registra las ofrendas a medida que se presentan. Entre los productos llegados de Punt hay pulseras de oro, especias, plantones de árboles de resina aromática, marfil, pieles de pantera, mirra destinada a rituales religiosos y también babuinos vivos. Los egipcios extraían los poderosos caninos de estos animales, cuya mordedura podía causar heridas muy graves.  

Ilustración

Ilustración

La soberana lleva el tocado real nemes con el ureo -la cobra protectora de la realeza- y luce la falsa barba, uno de los atributos del faraón. Tras ella, un sirviente sostiene un cojín con el cayado y el mayal, atributos de la realeza.

Fernando G. Baptista / National Geographic Image Collection

 

Viaje al país de Punt

Este artículo pertenece al número 241 de la revista Historia National Geographic.