Tumbas imperiales

Mausoleos, la gloria póstuma de los emperadores romanos

Octavio Augusto erigió en Roma un magnífico monumento funerario para albergar las cenizas de los miembros de su linaje. Adriano y otros emperadores seguirían su ejemplo y crearían otros imponentes mausoleos.

Castillo de Sant´Angelo

Foto: Franck Guiziou / Gtres

La mañana del 19 de agosto del año 14 d.C., en su villa de Nola, en la Campania, el primer emperador de Roma agonizaba. Según Suetonio, su ambiciosa y fiel esposa, Livia, había envenenado los higos que tanto gustaban al princeps para poner fin a sus más de cuatro décadas de gobierno y facilitar el tan ansiado acceso al trono de su hijo Tiberio. Octavio Augusto murió ese mismo día a los 75 años, diez meses y veintiséis días de edad. Su cuerpo fue trasladado a Roma para rendirle un funeral de Estado. Recibiría sepultura en la tumba que él mismo había mandado construir 43 años atrás, antes incluso de recibir el título de Augusto y de haber asumido los cargos que le concedieron el poder supremo.

Augusto. Camafeo reutilizado en la cruz de lotario. Aquisgrán.

Augusto. Camafeo reutilizado en la cruz de lotario. Aquisgrán.

Augusto. Camafeo reutilizado en la cruz de Lotario. Aquisgrán.

Foto: DEA / Scala, Firenze

Cronología

Tumbas regias

29-28 a.C.

Octavio ordena erigir un espectacular mausoleo para acoger sus restos y los de la familia Julio-Claudia.

130

El emperador Adriano manda construir un nuevo mausoleoimperial para los miembros de su familia, el actual Castillo de Sant´Angelo.

218-219

Los restos mortales de Julia Domma y de Geta, esposa e hijo de Séptimo Severo, son enterrados en el mausoleo de Adriano.

222-235

Alejandro Severo hace levantar su túmulo imperial junto a la vía Tuscolana, aunque esta atribución hoy se discute.

252-268

El emperador Galieno ordenar levantar un mausoleo de 13 metros de diámetro en la novena milla de la vía Appia.

306-312

Majencio, rival de Constantino, construye un mausoleo en su villa imperial, pero no es enterrado allí.

Un sepulcro monumental

En efecto, el espectacular panteón que recibió las cenizas del princeps empezó a construirse entre 29 y 28 a.C., poco después de que Octavio hubiera derrotado a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actium. A diferencia de Marco Antonio, quien había manifestado en su testamento el deseo de ser enterrado en Alejandría junto a su esposa –tenía la ambición de fundar un poderoso reino oriental gobernado desde Egipto–, Octavio Augusto, de 34 años, mandó erigir su monumento fúnebre en uno de los lugares más sagrados de la ciudad, el Campo Flaminio, como muestra de su absoluta fidelidad hacia Roma y garantía de su capitalidad.

Roma desde el aire

Roma desde el aire

Augusto levantó su mausoleo en el Campo Flaminio, en el extremo norte del Campo de Marte, un área reservada a héroes o salvadores de la patria. Enfrente se alza hoy  el Museo del Ara Pacis, monumento de Augusto que originalmente estaba a 500 m del mausoleo.

Foto: Shutterstock

Cuando Octavio concibió el sepulcro de los julio-claudios se unió a la moda de construir un monumento de dimensiones descomunales para plasmar, con su envergadura y diseño, la riqueza y el poder de quien encargaba la tumba. En aquellos años era frecuente hallar en primera fila de las vías de acceso a la ciudad grandes sepulcros aristocráticos que imitaban modelos helenísticos de la Magna Grecia, Asia Menor y Egipto: tumbas en forma de altar, de dado o de templo, principalmente, o diseños más originales, como la pirámide de Cayo Cestio, junto a la Porta Ostiense. Nada tenían que ver con las humildes tumbas de la plebe, reducidas a una fosa cubierta de tejas alla cappucina (en dos vertientes), muy lejos de las vías principales.

El túmulo circular, la estructura que Octavio Augusto había elegido para el sepulcro de los julio-claudios, resultaba muy poco habitual en la Roma de finales de la República, porque se asociaba de manera directa con la monarquía, tan odiada por los romanos desde la muerte de Tarquinio el Soberbio. El emperador quiso emular la tumba del mítico Eneas en Lavinio, los sepulcros dinásticos de los reyes helenísticos y los grandes túmulos heroicos de época arcaica (similares, en su aspecto externo, a los grandes túmulos etruscos) para hacer público su deseo de ser el monarca de Roma.

La memoria de un gran hombre

Se cree que Octavio inspiró su túmulo en la desaparecida tumba de los reyes ptolemaicos, en Alejandría, donde reposaban los restos de Alejandro Magno. Augusto la había visitado el año 30 a.C., antes de regresar a Roma tras la conquista de Egipto, tan sólo un año antes de emprender la construcción de su mausoleo en la Urbe. Según relata Suetonio, cuando entró
en aquel sepulcro regio para presentar sus respetos al rey macedonio, a quien tanto admiraba, no se dignó siquiera dirigir la mirada hacia los restos de los demás soberanos, sino que declaró: «He venido a ver a un rey, no cadáveres».

Se cree que el emperador se inspiró en la sepultura de la dinastía de los Ptolomeos en Alejandría, que custodiaba los restos de Alejandro Magno

Los romanos que asistieron a la construcción del mausoleo de Augusto no quedaron indiferentes ante sus dimensiones. La tumba alcanzó una altura de 45 metros y un diámetro de 87. «Es el más notable de los monumentos del Campo Flaminio –afirmaba Estrabón–, un gran túmulo que surge sobre una alta base de mármol blanco junto al río, totalmente cubierto hasta su cima de árboles perennes. En lo alto hay una estatua de bronce de César Augusto, mientras que, bajo el túmulo, están las tumbas de él, de sus parientes y sus amigos íntimos. Detrás hay un gran bosque sagrado que ofrece maravillosos paseos».

El túmulo de Augusto

El túmulo de Augusto

El túmulo de Augusto

Ilustración 3D: Valor-Llimós Arquitectura

El túmulo augusteo constaba de dos tambores circulares concéntricos, uno externo, en cemento, revestido de mármol, y otro interno, de menor diámetro y mayor altura, en cuyo centro se hallaba la cella (la cámara sepulcral), a la que se accedía a través de un largo pasillo abovedado. Un talud de tierra, apoyado sobre muros de contención, cubría el espacio entre los dos cilindros para formar un montículo artificial ajardinado, que se divisaba desde gran distancia.

Coronaba el túmulo la estatua del difunto, colocada sobre una columna anclada en el centro de la cámara funeraria. Frente a la entrada del túmulo se colocaron dos obeliscos procedentes de Egipto. El testamento de Augusto fue inscrito en una gran losa de mármol; hoy conocemos este documento como las Res gestae divi Augusti, (Las gestas del Divino Augusto), conservadas gracias a una copia tallada sobre los muros del templo del Divino Augusto en Ankara.

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El mausoleo de Augusto, de jardín a plaza de toros

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El funeral imperial de Augusto

Cuando el emperador Augusto murió en el año 14 d.C., el Senado decretó un funeral de Estado. Según los testimonios conservados, el féretro, adornado con oro y marfil, fue conducido hasta el Foro a través de la masa de ciudadanos convocada por los pregoneros. El heredero del Principado, Tiberio, y el hijo de éste, Druso el Menor, leyeron sendos discursos panegíricos, uno desde la tribuna de los oradores y el otro desde el templo del Divo Julio, dedicado a Julio César, donde se habían instalado las andas.

Cuando acabaron los actos públicos del Foro, la comitiva fúnebre emprendió el camino hacia el recinto de incineración, el ustrinum, en el Campo de Marte, donde el cadáver del emperador fue quemado sobre una alta pira de madera de ciprés rociada con perfumes e incienso. Conviene recordar que la incineración prevaleció sobre la inhumación durante los primeros siglos de nuestra era y fue el método elegido por los emperadores hasta la implantación del cristianismo.

Según Plinio, junto a la pira se colocaban pinturas en las que se narraban los principales acontecimientos de la vida del difunto, y objetos preciados como armas, vasos o vestidos. Mientras el cadáver ardía se arrojaban al fuego ofrendas de gran valor y regalos, y se hacía la ultima conclamatio o llamada al muerto, tras la cual, apagada la pira, se recogían los huesos calcinados. Las cenizas, una vez secas y separadas del resto mediante un lienzo de amianto, se guardaban en una urna que los familiares depositaban en el sepulcro.

En la cámara del mausoleo

En la cámara del mausoleo

En la cámara del mausoleo.

Foto: Pacific Press Agency / Alamy / ACI

El ustrinum imperial se convertía a partir de ese momento en un lugar de culto público, donde se realizaban periódicamente sacrificios para recordar al difunto. En cambio, el sepulcro (en el caso de Augusto, su mausoleo) acogía los rituales religiosos que realizaba la familia del fallecido en el aniversario de su nacimiento y durante las fiestas Parentalia.

Las cenizas de Augusto no fueron las primeras que se depositaron en su mausoleo. El túmulo se abrió por vez primera en 23 a.C. para acoger los restos de Marcelo, sobrino y yerno de Augusto, según se dijo envenenado por Livia. Tras él se fueron acumulando las urnas de casi todos los miembros de la gens julio-claudia, así como las de algunos emperadores posteriores. Tras los funerales de Marciana, Plotina y Matidia (hermana, esposa y sobrina, respectivamente, del emperador Trajano), el interior del sepulcro quedó tan saturado de urnas, estatuas y pedestales honoríficos que fue necesario plantear la construcción de un nuevo panteón regio.

En la cámara del mausoleo

La cámara funeraria ocupaba el centro del mausoleo de Augusto. Un pilar en el centro soportaba el peso de la gran estatua de bronce del emperador que coronaba el túmulo. Aunque la decoración de esta sala fue expoliada durante siglos, los arqueólogos han recuperado algunos fragmentos de las grandes urnas funerarias que acogía en su interior. La urna de Nerón, junto con la de su madre Agripina la Mayor, acabó en el mercado del Capitolio, transformada en una mesa ponderaria (para medir el grano), y las lastras de mármol de la urna de Tiberio sirvieron para construir el brocal de un pozo de la basílica de los Santos Apóstoles. Las lápidas en la pared reproducen las inscripciones que figuraban sobre las urnas, que se han podido reconstruir a partir de antiguos grabados.

Cámara funeraria

Cámara funeraria

Cámara funeraria.

Foto: Andreas Solaro / Getty Images

La nueva tumba imperial

Cuando Adriano decidió levantar una segunda tumba dinástica, el modelo arquitectónico del sepulcro imperial ya estaba fijado, aunque se introdujeron pequeñas variaciones. Adriano mandó construir un nuevo túmulo en el año 130, en una propiedad heredada de su madre, Domicia Paulina Lucila Mayor: los horti o jardines de Domicia, situados en la margen derecha del Tíber, cerca del Vaticano. La elección obligó a construir a la vez un puente sobre el río, que separaba el mausoleo del corazón de Roma y del cercano Campo de Marte, donde estaban los recintos de incineración.

En 138, a la muerte del emperador en Bayas, dado que su túmulo no estaba todavía terminado fue necesario depositar sus restos de forma provisional en la tumba de la familia de los Elios, a la que él pertenecía, en los jardines de Domicia. Allí reposaban las cenizas de su esposa Sabina y de Lucio Elio César, a quien el soberano había adoptado. Fue Antonino Pío, el heredero del trono, quien inauguró oficialmente el mausoleo de Adriano y mandó grabar el nombre de éste sobre la puerta de acceso.

Se trasladaron entonces las urnas de los Elios y se colocaron en las cámaras funerarias, dispuestas en torno a una rampa en espiral que circulaba por el interior del gran cilindro central. En uno de sus muros aún hoy puede leerse un pequeño poema, escrito por Adriano, que da cuenta de su concepción del más allá: «Pequeña alma, errante, delicada, huésped y compañera de mi cuerpo, que partirás para lugares pálidos, rígidos, desnudos, y ya no bromearás como acostumbras». En la tumba reposaron los restos de todos los miembros de las familias de los Elios, Antoninos, Domicios y algunos de los Severos. Los últimos personajes sepultados allí fueron Julia Domna, esposa de Septimio Severo, y su hijo Geta, en los años 218 y 219 d.C.

La tumba de Adriano

La tumba de Adriano

La tumba de Adriano

Ilustración 3D: Valor-Llimós Arquitectura

El mausoleo erigido por el emperador Adriano en Roma se inspiraba en el mausoleo de los julio-claudios, aunque incluía algunas innovaciones. Situado a orillas del Tíber, frente al puente Elio, que conectaba el Campo de Marte con el Campo Vaticano, estaba formado por un basamento de piedra de 89 m de lado y 15 de altura y un tambor circular, de 64 m de diámetro y 21 de altura. En su interior, una galería helicoidal ascendente conducía a la cámara funeraria cuadrada, de 8 m de lado, donde se depositaron las urnas cinerarias de la familia imperial.

Los últimos mausoleos

La inestabilidad política del siglo III d.C. no extinguió los sueños de grandeza de algunas familias imperiales, dispuestas a convertir su tumba en emblema de continuidad dinástica. Sin embargo, los emperadores de finales de la época pagana decidieron alejar sus monumentos fúnebres del núcleo urbano de Roma y reducir ostensiblemente sus dimensiones. También prescindieron del anillo ajardinado característico del modelo augusteo.

La cúpula oculta

La cúpula oculta

Aunque este grabado del Monte del Grano elaborado por Henry More (1814) contiene algunas licencias, da una idea de la estructura interna del monumento. El acceso se efectuaba por un corredor de 21 m de longitud que conducía a la cámara sepulcral, cubierta por una amplia cúpula. Iluminada mediante lucernarios oblicuos, la cámara estaba dividida en dos niveles mediante una bóveda hoy desmoronada.

Foto: White Images / Scala

Así, junto a la vía Tuscolana se erigió el tercer túmulo regio de Roma (el llamado Monte del Grano), atribuido a Alejandro Severo, de más de 30 metros de diámetro; Galieno construyó un mausoleo menor, de 13 metros, en la vía Appia, y Majencio incluyó la tumba de su linaje, los Hercúleos, en un complejo palaciego situado entre la segunda y la tercera milla de la vía Appia. En cambio, en las décadas siguientes los emperadores cristianos, empezando por Constantino, prefirieron ser inhumados –ya no incinerados– en tumbas de dimensiones modestas situadas junto a las de los mártires y santos cristianos.

El mausoleo de Severo

La cámara del mausoleo

La cámara del mausoleo

La imagen muestra el interior de la cámara sepulcral y el pasillo que daba acceso a ella. Sobre los muros aún se conserva el arranque de la cúpula que dividía en dos el túmulo. 

Foto: Mark. E. Smith / Scala, Firenze

A mediados del siglo II d.C. se erigió junto a la vía Tuscolana, al sudeste de Roma, un mausoleo en forma de túmulo. El Monte del Grano, como se lo conoce, surgía en la campiña romana como un gran montículo poblado de árboles perennes, bajo el cual se ocultaba una cámara sepulcral de 10 m de diámetro cubierta por una gran cúpula; un pasillo de 21 m de longitud conducía a esta cámara.

Según el humanista Flaminio Vacca, en su interior se halló un rico sarcófago de mármol (hoy en el Antiquarium capitolino) con cubierta en forma de un lecho sobre el cual aparecían recostados dos personajes. Éstos se identificaron con el emperador Alejandro Severo (222-235) y su madre Julia Mamea, por lo que el túmulo se consideró el mausoleo de este emperador. Sin embargo, en los últimos años se ha constatado que la tumba es anterior, de mediados del siglo II d.C., según indican las marcas de construcción impresas sobre los ladrillos. Quizá sea un mausoleo imperial, pero no sabemos de quién.

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Este artículo pertenece al número 201 de la revista Historia National Geographic.