Maravilla del mundo antiguo

El mausoleo de Halicarnaso

La tumba monumental que Mausolo se hizo construir en Halicarnaso fue reconocida pronto como una de las maravillas del mundo por lo suntuoso de su construcción y su riquísima decoración escultórica.

La ciudad del Mausoleo. Esta recreación de Halicarnaso muestra su puerto, la avenida junto a la que se alzaba el Mausoleo y, en primer término, el teatro, que se ha conservado hasta nuestros días.

Foto: Balage Balogh / Scala, Firenze

Situada en el suroeste de Anatolia, la región de Caria tuvo un papel destacado en la Antigüedad. Sus pobladores, los carios, hablaban una lengua propia y tenían ritos religiosos particulares. Célebres por su carácter belicoso, se vieron muy influidos por los helenos, que establecieron colonias en la costa. El territorio de Caria fue conquistado por los persas en el siglo VI a.C. y se convirtió en una satrapía o provincia del Imperio aqueménida a principios del siglo IV a.C. Pese a ello, los sátrapas que la gobernaban eran nobles locales que no siempre fueron leales al poder persa y tuvieron a menudo veleidades de independencia.

Cronología

La gran tumba de la Antigüedad

Hacia 547 a.C.

El rey persa Ciro II el Grande conquista el reino de Lidia. La región de Caria y la ciudad de Halicarnaso caen en manos persas.

377-376 a.C.

El noble Mausolo se convierte en sátrapa de Caria sucediendo a su padre, Hecatomno, que había sido nombrado por Artajerjes II.

Hacia 370 a.C.

Mausolo, sátrapa de Caria, traslada la capital a Halicarnaso y refunda la ciudad. Emprende un vasto programa de obras públicas.

353 a.C.

Tras la muerte de Mausolo, su viuda, Artemisia, prosigue la construcción de su monumento-tumba en el centro de Halicarnaso.

334 a.C.

Alejandro Magno asedia la ciudad de Halicarnaso durante su conquista del Imperio persa. Primeros daños en el Mausoleo.

1406

Los hospitalarios comienzan la construcción del castillo de San Pedro en Bodrum usando materiales del Mausoleo. Destrucción del edificio.

1857

Charles Thomas Newton redescubre el emplazamiento original del Mausoleo. Empieza la investigación científica sobre el monumento.

Tal fue el caso de Mausolo, sátrapa de Caria entre 377 y 353 a.C. Tras heredar el cargo de su padre, Hecatomno, se comportó como un soberano semiindependiente, hasta el punto de que aparece en muchas fuentes con el título de rey. Firmó alianzas, fundó ciudades y se apoderó de la isla de Rodas. Aunque inició su reinado exhibiendo lealtad a los persas, pronto se sumó a la «revuelta de los sátrapas», una serie de alzamientos contra los aqueménidas promovidos por Egipto. Sin embargo, al ver que la revuelta estaba condenada al fracaso, Mausolo se alineó de nuevo con la monarquía persa.

La ubicación de la Maravilla.

La ubicación de la Maravilla.

La tumba de Mausolo

El padre de Mausolo, Hecatomno, provenía de la ciudad sagrada de Mylasa (la actual Milas), situada en un valle rodeado de montañas, donde se hizo construir una tumba monumental descubierta por los arqueólogos en 2010. Mausolo, sin embargo, decidió fijar la capital en Halicarnaso, en la costa, considerando que esta bulliciosa colonia griega, con un puerto estratégico frente al archipiélago del Dodecaneso, podía servir mejor a sus ambiciones que la provinciana Mylasa. Halicarnaso se levantaba sobre una ladera semicircular y albergaba la célebre fuente de la ninfa Sálmacis, de la que se decía que volvía lujuriosos a los que bebían sus aguas. Al parecer, Sálmacis, enamorada del hijo de los dioses Hermes y Afrodita, lo había abrazado con tanta fuerza cuando éste se arrojó al agua para bañarse que ambos formaron un solo ser de atributos femeninos y masculinos: Hermafrodito.

Ayer y hoy de Halicarnaso. Reconstrucción del Mausoleo en el lugar exacto que ocuparía en la actual ciudad de Bodrum (antigua Halicarnaso).

Ayer y hoy de Halicarnaso. Reconstrucción del Mausoleo en el lugar exacto que ocuparía en la actual ciudad de Bodrum (antigua Halicarnaso).

Foto: Neomam Studios

Mausolo rodeó Halicarnaso de murallas, capaces de resistir los ataques de la recién inventada catapulta. Levantó su palacio sobre un promontorio y, a los pies de la mansión real, construyó un puerto secreto, donde reunir barcos y soldados lejos de miradas curiosas. Pero todas estas construcciones palidecían ante otro edificio que inmortalizaría el nombre del monarca: la tumba monumental que hizo construir para sí mismo.

Su propia localización en el centro de la ciudad la hacía ya excepcional. En la Antigüedad, por razones de salud pública, todos los enterramientos se realizaban extramuros, pero entre los helenos la sepultura del fundador de la colonia o de uno de sus héroes podía ubicarse dentro de la ciudad. De hecho, la tumba del padre de Mausolo, Hecatomno, se alzaba en el corazón de Mylasa. Mausolo decidió situar su sepulcro en el centro de la ancha avenida que cruzaba Halicarnaso de este a oeste, entre el puerto y el ágora. La grandeza de la construcción buscaba presentar a Mausolo no como un simple sátrapa persa, sino como cabeza de una auténtica estirpe de reyes de Caria.

El sátrapa de Caria. Esta escultura procede del Mausoleo de Halicarnaso y tradicionalmente se ha identificado con Mausolo. Museo Británico.

El sátrapa de Caria. Esta escultura procede del Mausoleo de Halicarnaso y tradicionalmente se ha identificado con Mausolo. Museo Británico.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Las obras apenas habían comenzado cuando, en 353 a.C., Mausolo murió. Le sucedió su hermana y esposa Artemisia II. Para manifestar su profunda devoción por su esposo-hermano, Artemisia organizó un funeral incomparable, en el que los oradores compitieron por pronunciar el más hermoso de los discursos fúnebres. Mandó incinerar a Mausolo en una gigantesca pira funeraria, y, cuando se recogieron las cenizas, vertió parte de ellas en una copa de vino y se la bebió. Además, la viuda se afanó por dar el impulso definitivo al gran monumento dinástico, la mnema («memoria») de Mausolo, o, simplemente, el Mausoleo.

Un edificio imponente

El diseño del Mausoleo fue encomendado a dos arquitectos: Sátiro de Paros y Piteo. El primero era un artesano leal, que trabajó toda su vida para el linaje de Hecatomno. Piteo, por su parte, fue un arquitecto muy influyente, célebre por sus tratados.

Una maravilla milenaria. Fresco que representa de forma idealizada el Mausoleo de Halicarnaso. Pintura de Nikolaus Schiel en la abadía de Neustift o Novacella, en el Tirol del Sur. 1669.

Una maravilla milenaria. Fresco que representa de forma idealizada el Mausoleo de Halicarnaso. Pintura de Nikolaus Schiel en la abadía de Neustift o Novacella, en el Tirol del Sur. 1669.

Foto: DEA / Scala, Firenze

El Mausoleo se situó en el extremo noreste de un gran recinto rodeado por un alto muro de mármol blanco, que lo separaba del bullicio de la ciudad. Esta terraza dominaba Halicarnaso, y es posible que fuera el escenario escogido para la pira funeraria del rey, que pudo verse desde el mar. Para proporcionar apoyo a la tumba, se excavaron en el lecho de roca unos cimientos de metro y medio de profundidad. A su alrededor los arqueólogos han encontrado restos de un sistema de drenaje, así como apoyos de lo que pudieron ser las máquinas empleadas para subir los materiales a lo alto de la construcción. El edificio en sí estaba recubierto de mármol y formaba en lo alto una pirámide coronada por una cuadriga de mármol conducida por Mausolo, tal vez representado como el dios Sol, y acompañado de su esposa, Artemisia. La construcción tenía unos 40 metros de altura.

Los restos de Mausolo se depositaron en una cámara subterránea a la que se accedía por medio de una entrada oculta, situada en una de las caras y cerrada por un bloque de piedra que se encajaba en la roca con pernos de metal. Tras el bloque había un pequeño corredor, una antecámara y un espacio cuadrado, decorado con columnas y estatuas, que albergaba la urna con las cenizas del difunto Mausolo.

Tumba en Milas. Esta tumba que se alza en la ciudad turca de Milas, la antigua Mylasa, presenta un estilo parecido al del Mausoleo de Halicarnaso.

Tumba en Milas. Esta tumba que se alza en la ciudad turca de Milas, la antigua Mylasa, presenta un estilo parecido al del Mausoleo de Halicarnaso.

Foto: Ivan Vdovin / AWL Images

En Asia Menor ya existían construcciones similares al Mausoleo, como el monumento de las Nereidas de Janto. Sin embargo, el Mausoleo de Halicarnaso fue excepcional por sus dimensiones y la elegante disposición de sus partes y, más aún, por su decoración escultórica, de una riqueza y calidad sin parangón en el arte de la Antigüedad, según podemos juzgar por los abundantes restos que han llegado hasta nosotros.

Esta decoración corrió a cargo de cuatro escultores, que se ocuparon de cada una de las caras del Mausoleo; su trabajo fue tan bueno que se consideraba que ninguna cara superaba a las demás. Según Plinio el Viejo, estos cuatro artífices fueron Escopas, Briaxis, Timoteo y Leocares. Vitrubio, sin embargo, considera que en lugar de Timoteo quien trabajó en el Mausoleo fue nada menos que Praxíteles, una posibilidad apoyada por varios expertos modernos. El sensual Praxíteles y Escopas, el maestro de la emoción intensa, fueron dos de los más grandes escultores de la Antigüedad.

El castillo de Bodrum. Como muestra este grabado de 1844, el castillo de San Pedro estaba decorado con relieves y esculturas procedentes del antiguo Mausoleo.

El castillo de Bodrum. Como muestra este grabado de 1844, el castillo de San Pedro estaba decorado con relieves y esculturas procedentes del antiguo Mausoleo.

Foto: DEA / Getty Images

Artemisia II apenas sobrevivió dos años a su amado esposo. Tras su fallecimiento, el reino quedó en manos de sus hermanos, Idrieus y Ada, que también estaban casados. El Mausoleo aún no estaba terminado, pero los escultores decidieron seguir trabajando, entendiendo tal vez que el edificio estaba destinado a convertirse en un homenaje a su propio talento y al arte mismo de la escultura.

Más de mil años en pie

Una vez acabado, y gracias sobre todo a la excelencia de los escultores que trabajaron en él, el edificio pronto se hizo célebre y merecedor de contarse entre las Siete Maravillas del Mundo; incluso el término «mausoleo» comenzó a emplearse para referirse a cualquier tumba monumental y sirvió de inspiración a otras construcciones.

Tambor de una columna jónica procedente del Mausoleo y que fue reutilizada en el castillo de San Pedro.

Tambor de una columna jónica procedente del Mausoleo y que fue reutilizada en el castillo de San Pedro.

Foto: Aurimages

Sabemos que se mantuvo en pie durante largo tiempo. En la Edad Media sufrió el embate de terremotos, pero a inicios del siglo XV su mole aún dominaba Bodrum, la antigua Halicarnaso. Fue entonces cuando llegaron a la ciudad los caballeros de la Orden de Rodas, unos antiguos cruzados que tras ser expulsados de Tierra Santa se habían establecido en las islas del Dodecaneso. En 1406, poco después de ocupar Bodrum, erigieron el castillo de San Pedro, que aún hoy se alza en un promontorio del puerto de la ciudad.

Por desgracia, los constructores usaron el antiguo Mausoleo como cantera de la que obtener sillares para la fortaleza. Cuando Bodrum fue conquistada por los turcos en 1522, el Mausoleo debía de haberse desmontado casi por completo. Desapareció incluso el recuerdo de dónde se había alzado. Su rastro sólo se recuperaría en 1857 gracias a un arqueólogo inglés que localizó, enterrados en el centro de Bodrum, los restos del más espléndido de los mausoleos del mundo antiguo.

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La tumba de Mausolo

El mausoleo de Halicarnaso se alzaba en el interior de un témenos (1) o recinto sagrado de 242 x 105 metros, al que se accedía por una puerta monumental (2) que comunicaba con el ágora de la ciudad. El edificio se componía de tres partes. La inferior era una estructura cuadrangular de unos 19 m de altura (3), algo más estrecha en su extremo superior. La central, llamada Pteron (4), estaba rodeada por 36 columnas jónicas entre las que se colocaron esculturas. El Pteron sostenía una pirámide de 24 escalones (5) adornada con estatuas. Coronaba el edificio una cuadriga conducida por Mausolo y su esposa Artemisia (6).

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El Mausoleo, una galería de escultura al aire libre

El Mausoleo de Halicarnaso estaba decorado con hasta 444 esculturas y relieves que se repartían desde la cúspide hasta la base del monumento.

La pirámide superior estaba coronada por una cuadriga conducida por Mausolo (1), a cuyos pies se extendía un friso que representaba una Centauromaquia (2), esto es, la lucha entre centauros y lapitas. Los escalones de la pirámide estaban decorados con leones (3).

El Pteron lucía numerosas estatuas colosales (4), de 3 m de alto, dispuestas en los intercolumnios, que representaban a dioses, héroes y antepasados de Mausolo. Se cree que dos de ellas fueron talladas por Escopas y que representan al rey Mausolo y a su esposa, aunque muchos expertos las identifican con dos antepasados del rey. El muro interior del Pteron estaba decorado con un friso de carreras de carros (5).

La estructura cuadrangular debajo del Pteron estaba adornada con dos series de bajorrelieves: escenas de combates entre griegos y persas (6), colocadas sobre grandes «escalones» de piedra, y un friso de la Amazonomaquia (7), el combate entre héroes y amazonas. Tanto la Amazonomaquia como la Centauromaquia aludían a las victorias de Mausolo sobre sus enemigos, pero también simbolizaban el triunfo del orden frente al caos. La derrota de estos seres antinaturales significaba la victoria de la civilización encarnada por los héroes griegos.

En la parte más baja del Mausoleo podía verse una procesión que llevaba animales al sacrificio (8). El desfile conducía a una puerta situada en el centro de la cara este, donde había una estatua colosal, tal vez del rey Mausolo, listo para recibir las ofrendas. De hecho, en su entierro se realizaron sacrificios de bueyes, cabras, corderos, gallos, gallinas y pichones.

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Jarrita de alabastro aqueménida. Siglo V a.C. Museo Británico, Londres.

Jarrita de alabastro aqueménida. Siglo V a.C. Museo Británico, Londres.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

La vasija persa

Entre las piezas halladas por los arqueólogos en el Mausoleo de Halicarnaso, una llama especialmente la atención. Se trata de una jarrita de unos 30 centímetros, tallada en un bloque de calcita. El pequeño objeto fue realizado en Egipto y contiene una breve inscripción en egipcio, persa, babilonio y elamita con el nombre del rey Jerjes I (486-465 a.C.). ¿Cómo llegó el recipiente a Caria, y por qué estaba en una tumba datada un siglo después de que Jerjes I gobernara el Imperio persa? Sabemos que en 480 a.C., durante la segunda guerra médica, Artemisia de Caria se unió con una pequeña flota de barcos al ejército del rey Jerjes I. La soberana no sólo dio al rey persa excelentes consejos, sino que combatió con tanto arrojo e inteligencia en la batalla de Salamina que Jerjes I, mientras contemplaba la derrota de su armada, exclamó: «Hoy, mis hombres han combatido como mujeres y mis mujeres como hombres». Tal vez la jarrita fue un regalo de Jerjes I a la valiente reina de Caria, y el objeto se guardó con reverencia, durante generaciones, hasta que la reina Artemisia II, viuda de Mausolo, decidió llevarse a la tumba el preciado obsequio recibido por su antepasada.

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Las ruinas del Mausoleo. El yacimiento del antiguo Mausoleo de Halicarnaso, en el centro de la actual Bodrum, conserva todavía fragmentos de columnas y otros materiales del antiguo edificio.

Las ruinas del Mausoleo. El yacimiento del antiguo Mausoleo de Halicarnaso, en el centro de la actual Bodrum, conserva todavía fragmentos de columnas y otros materiales del antiguo edificio.

Foto: Álvaro Germán / Alamy / ACI

Piedras venerables

En el siglo XIX, cuando no quedaba nada en pie del Mausoleo, e incluso su emplazamiento se había olvidado, un arqueólogo inglés logró descubrir sus ruinas. Charles Thomas Newton era asistente en el Museo Británico y en 1852 fue enviado como vicecónsul británico a Mitilene (en Lesbos) con el encargo de recolectar obras de interés para su institución. Newton hizo importantes hallazgos en Calimnos, Cnido y Dídima, pero su gran contribución fue la localización de una de las Maravillas del mundo antiguo. Guiado por las referencias de los autores antiguos, Newton se fijó en un área del centro de la ciudad turca de Bodrum ocupada por casas y pequeñas parcelas de tierra. Lo que le llamó la atención es que se podían encontrar,desperdigadas en la superficie, secciones de columnas jónicas hechas con mármol de gran calidad. La irregularidad del terreno indicaba además que podía tratarse de una antigua escombrera. Tras obtener permiso para excavar una parcela, Newton encontró enseguida un friso decorado con relieves y un fragmento de un león de mármol. Como recordaría más tarde, «desde ese día no tuve ninguna duda de que había encontrado el emplazamiento del Mausoleo».

Este artículo pertenece al número 211 de la revista Historia National Geographic.

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