La colonia más preciada

India, la joya del imperio británico

Desde 1858, miles de británicos partían cada año a la India para hacer carrera como militares, funcionarios o comerciantes en la colonia más preciada del Imperio.

El 'durbar' de Delhi

Foto: Bridgeman / ACI

Atraídos por el comercio de especias, los ingleses llegaron a la India ya en el siglo XVI. A partir de 1600, los mercaderes se agruparon en una Compañía de las Indias Orientales que no sólo estableció factorías y puestos de comercio en el litoral, sino que también desarrolló un ejército propio. Tras su victoria sobre el nabab de Bengala y sus aliados franceses en la batalla de Plassey, en 1757, la Compañía, combinando guerras y alianzas con los príncipes nativos, emprendió un proceso de expansión que le permitió controlar un amplio territorio, desde el actual Afganistán hasta Birmania. La gran revuelta india de 1857 puso en riesgo la misma presencia británica en el país. Una vez ahogado en sangre el motín, el gobierno británico decidió asumir el control directo del país. Nació así el llamado Raj Británico (el término indio raj significa «gobierno»), denominado también Imperio desde que en 1876 la reina Victoria fue coronada emperatriz de la India.

Cronología

Hitos del Raj británico

1858

Tras la revuelta de los cipayos de 1857 se instaura el Raj, el gobierno colonial británico que abarca los actuales territorios de India, Pakistán, Birmania y Bangladés.

1876

La reina Victoria del Reino Unido es proclamada emperatriz de la India a instancias de su primer ministro, Benjamin Disraeli. Sus sucesores ostentarán este título hasta Jorge VI.

1886

La Alta Birmania, un extenso territorio con una población de 4 millones de habitantes, es incorporada al Raj británico, que alcanza con ello su máxima extensión.

1899-1905

Lord Curzon, gobernador de la India, impulsa una serie de reformas administrativas que provocan la oposición del incipiente movimiento nacionalista indio.

1947

Los británicos abandonan la India, poniendo fin al Raj. Tras un grave conflicto civil el territorio queda dividido en dos nuevos Estados: Pakistán y la Unión de la India.

El Raj Británico.

El Raj Británico.

Cartografía: eosgis.com

El gran desafío del Raj fue cómo gobernar una inmensa población –que llegó a 315 millones de personas en su apogeo– con un contingente de británicos que representó siempre una ínfima minoría, no más de 150.000 personas. El mérito se debió en gran parte a Warren Hastings, quien ideó el sistema de funcionariado durante los tiempos de la Compañía de las Indias Orientales. Los funcionarios provenían de las mejores escuelas de Gran Bretaña, se habían formado en Oxford y en Cambridge, y llegaban a la India esperando exotismo, sueldos altos y control sobre la población nativa.

El marajá de Patiala, su hijo y el oficial británico J. R. Dunlop Smith. Fotografía tomada en 1902.

El marajá de Patiala, su hijo y el oficial británico J. R. Dunlop Smith. Fotografía tomada en 1902.

Foto: Bridgeman / ACI

El precio a pagar era, en muchos casos, la soledad del lugar de trabajo y, sobre todo, los rigores del clima. En el subcontinente indio se distinguían tres estaciones: fresca, calurosa y lluviosa. Al terminar la temporada fresca, a mediados de marzo, el gobierno realizaba un éxodo masivo a las tierras altas huyendo de un «calor que achicharraba, la fiebre cerebral, la insolación, el polvo y la malaria», en palabras del escritor Yeats-Brown. Junto con los funcionarios se trasladaban las mujeres, los niños y la gente mayor, para quienes el clima caluroso de las llanuras suponía un estrés insoportable. Repartidas por las colinas de cada distrito, los británicos construyeron centenares de hill stations, pueblos en altura con todas las comodidades. Las más famosas de estas estaciones fueron Simla (donde se encontraba el palacio de verano del virrey), Naini Tal, Missourie y Darjeeling en el Himalaya, y Ootacamund en los montes Nilgiri del sur.

La reina Victoria y su secretario hindú en el castillo de Balmoral hacia 1900.

La reina Victoria y su secretario hindú en el castillo de Balmoral hacia 1900.

Foto: Bridgeman / ACI

La vida en un bungaló

Los británicos adoptaron un tipo de vivienda adecuada al clima indio: el bungaló, un espacio de grandes habitaciones de techo alto con una cubierta vegetal que también se extendía sobre el amplio balcón que rodeaba todo el edificio. A falta de aire acondicionado, el punkah, un gran abanico colgado del techo de la sala principal, era accionado constantemente por el punkah-wallah, un criado que no faltaba en las casas británicas del Raj, donde el bajo precio de la mano de obra facilitaba la contratación de una o dos docenas de sirvientes.

Funcionario británico atendido por sus sirvientes nativos, uno de los cuales acciona un 'punkah' o abanico mediante una rueda. Litografía en color de 1860.

Funcionario británico atendido por sus sirvientes nativos, uno de los cuales acciona un 'punkah' o abanico mediante una rueda. Litografía en color de 1860.

Foto: Bridgeman / ACI

En el caso de las familias con hijos, un aya se encargaba de los niños y les enseñaba el idioma nativo, que muchas veces era aprendido antes que el propio inglés. Criados en un ambiente semisalvaje, estos niños pasaban las vacaciones de Navidad de safari en la jungla montando elefantes, aplastaban ciempiés con sandalias o cazaban monos a temprana edad. El día a día de los niños consistía en desayunar en la veranda, cabalgar por los alrededores de su residencia, jugar en el jardín, comer, hacer la siesta y estudiar un poco para volver a jugar en casas donde, en vez de perros, se tenían mangostas para controlar a las serpientes.

Casco de servicio en la India, perteneciente al príncipe de Gales. 1901. Museo Nacional del Ejército, Londres.

Casco de servicio en la India, perteneciente al príncipe de Gales. 1901. Museo Nacional del Ejército, Londres.

Foto: Bridgeman / ACI

Tarde o temprano este para��so infantil llegaba a su fin. En sus memorias de 1909, la escritora Maud Diver advertía: «Cuanto más pronto a partir del quinto cumpleaños el niño pueda abandonar India, mejor será para su bienestar futuro». La falta de buenas escuelas y de universidades en la India obligaba a enviar a los muchachos a Gran Bretaña para proseguir su formación. Esta separación era la que forjaba el carácter independiente de unos jóvenes que, al regresar a la India tras sus estudios, empezaban enseguida a trabajar con grandes responsabilidades, tomando el control de vastos distritos sin apenas ayuda.

Relax entre palmeras. Esta joven vestida con traje eduardiano descansa entre palmeras en el exterior de su bungaló. Fotografía tomada en 1911.

Relax entre palmeras. Esta joven vestida con traje eduardiano descansa entre palmeras en el exterior de su bungaló. Fotografía tomada en 1911.

Foto: SSPL / Getty Images

El comienzo de las lluvias al final del verano suponía un alivio, pero sólo era momentáneo. Los chubascos podían durar hasta dos meses y la humedad constante causaba, además de goteras y proliferación de insectos, infecciones cutáneas y enfermedades asociadas al agua contaminada.

La fuerza del sable. El mayor William Stephen Raikes Hodson, en el centro de la fotografía, fue un comandante de caballería que tuvo un papel señalado en la represión de la rebelión india de 1857.

La fuerza del sable. El mayor William Stephen Raikes Hodson, en el centro de la fotografía, fue un comandante de caballería que tuvo un papel señalado en la represión de la rebelión india de 1857.

Foto: Peter Newark / Bridgeman / ACI

Viajes y galanteos

Hacia septiembre u octubre, los británicos regresaban a las llanuras. Era entonces cuando llegaba la llamada «flota pesquera», barcos cargados de muchachas inglesas que esperaban encontrar marido entre los sahibs solteros del funcionariado o del ejército. La estación fresca era también el momento de realizar una gira por el territorio: policías, misioneros, soldados, mercaderes o inspectores recorrían el país al ritmo de carros de bueyes, camellos o elefantes. Más adelante, el ferrocarril permitiría una conexión más rápida del territorio.

Comerciantes indios. El Raj intentó hacer de la India un mercado reservado a los productos británicos. En la imagen, comerciantes en una calle de Ambala, a 200 km al norte de Delhi, hacia 1900.

Comerciantes indios. El Raj intentó hacer de la India un mercado reservado a los productos británicos. En la imagen, comerciantes en una calle de Ambala, a 200 km al norte de Delhi, hacia 1900.

Foto: Lebrecht / Bridgeman / ACI

El racismo solía impregnar el trato de los ingleses con los nativos. Yeats-Brown los definió como «un pueblo cansado, generalmente sentado en cuclillas sobre sus talones e inclinado sobre fogatas de boñigas». Los británicos no comprendían el rígido sistema de castas que articulaba la sociedad india ni su religión politeísta, tan distinta a los dogmas cristianos que muchos colonizadores profesaban con ardor.

Ganesha, el dios con cabeza de elefante hijo de Shiva. Siglo XIX. Museo Guimet, París.

Ganesha, el dios con cabeza de elefante hijo de Shiva. Siglo XIX. Museo Guimet, París.

Foto: Thierry Olivier / RMN-Grand Palais

Sin embargo, hubo justamente muchos misioneros que se acercaron a la realidad de los nativos, como William Carey, quien, además de desempeñar un importante papel en el conocimiento de las lenguas nativas, pugnó por suprimir el sati, la práctica por la que las viudas eran quemadas vivas en las piras funerarias de sus esposos.

Bombay hacia 1900. Esta fotografía tomada a finales del siglo XIX o principios del XX muestra el ambiente alrededor de la estación de ferrocarril Chhatrapati Shivaji, la antigua estación Victoria, en Bombay (actual Mumbai).

Bombay hacia 1900. Esta fotografía tomada a finales del siglo XIX o principios del XX muestra el ambiente alrededor de la estación de ferrocarril Chhatrapati Shivaji, la antigua estación Victoria, en Bombay (actual Mumbai).

Foto: Alamy / ACI

Como él, otros británicos mostraron un interés genuino por la lengua y la cultura de los nativos y la necesidad de promover su desarrollo. Fue el caso de la escritora Flora Annie Steele, vinculada especialmente a la región del Punjab, que urgió reformas en la educación de los indios y se interesó por sus costumbres. La escritora Maud Diver, por su parte, encomiaba los matrimonios mixtos como una forma de unir Oriente con Occidente y superar así el prejuicio contra los angloindios, los mestizos que ocupaban el puesto más bajo del escalafón social británico en la India.

El interior de un salón en Fort Fatehgarh, importante puesto militar en la provincia de Uttar Pradesh. 1902.

El interior de un salón en Fort Fatehgarh, importante puesto militar en la provincia de Uttar Pradesh. 1902.

Foto: Heritage / Album

Pero si hay un escritor relacionado con el Raj es, sin duda, Rudyard Kipling. Hijo de un profesor de arte y conservador de museo que hizo toda su carrera en la India, Kipling nació en Bombay en 1865, se educó en Inglaterra y volvió a la India para trabajar durante siete años como periodista. Aunque después se asentó en Europa, presentó en sus obras la India tal como la veían sus compatriotas británicos, mezclando la fascinación de lo exótico, el gusto por la aventura y la justificación del dominio imperial.

La importancia del club

Cuando querían relajarse y relacionarse con sus iguales, los ingleses, tanto civiles como militares, acudían al club. George Orwell, en su novela Los días de Birmania, definió este espacio como «la ciudadela espiritual, el centro real del poder británico». De hecho, el club era el núcleo social alrededor del cual giraba la vida en el Raj, y cada ciudad tenía al menos uno.

La puerta de la India. Este espectacular arco de triunfo, de 26 metros de alto, se erigió en Bombay con motivo de la visita del rey Jorge V y su esposa la reina María en 1911.

La puerta de la India. Este espectacular arco de triunfo, de 26 metros de alto, se erigió en Bombay con motivo de la visita del rey Jorge V y su esposa la reina María en 1911.

Foto: Walter Bibikow / AWI Images

El ejercicio físico se consideraba esencial para ayudar a soportar el calor, y ésa fue orIginalmente la función de los clubes. En ellos se practicaba el polo (un juego de origen persa que los británicos tomaron de las cortes principescas indias en el siglo XIX), la natación, el golf, el squash y el tenis. Los clubes, además, disponían de biblioteca, bar, jardines y salas de baile. Rara vez aceptaban socios indios, por lo que eran un espacio típicamente británico donde las mujeres o memsahibs se reunían para cotillear y los hombres para realizar competiciones deportivas, beber gintónics o whiskies con soda y charlar. Los más conocidos eran el Punjab Club, el Calcutta Club y el Bengal Club.

Jugadores de polo. Grabado publicado por 'The Illustrated London News' el 17 de junio de 1893.

Jugadores de polo. Grabado publicado por 'The Illustrated London News' el 17 de junio de 1893.

Foto: Bridgeman / ACI

Fuera del club, las principales actividades eran los paseos a caballo y la caza. Se cabalgaba sobre todo a primera hora de la mañana, cuando el sol aún no quemaba. La caza, o shikar, se llevaba a cabo con perros y caballos para cazar coyotes, con lanzas para ensartar cerdos salvajes o a lomos de elefante y con escopetas para abatir tigres.

Tigres y panteras

La caza del tigre era la preferida de los virreyes y altos oficiales, y se llegaron a organizar batidas que acabaron con cientos de animales capturados. Cuando estos felinos empezaron a escasear, sólo se siguieron cazando en los estados principescos, para diversión del marajá y sus visitas. En el resto de la India, algunos británicos como Jim Corbett o Kenneth Anderson se convirtieron en shikaris profesionales dedicados a cazar tigres y panteras asesinas.

La caza del tigre. El futuro Eduardo VIII, siendo un joven príncipe de Gales, monta un elefante durante una cacería en Nepal durante su viaje a Oriente (1921-1922).

La caza del tigre. El futuro Eduardo VIII, siendo un joven príncipe de Gales, monta un elefante durante una cacería en Nepal durante su viaje a Oriente (1921-1922).

Foto: Spencer Arnold Collection / Getty Images

En las zonas más remotas del Raj, donde la vida social de los clubes y sus diversiones eran imposibles, podían aparecer figuras extravagantes. Se contaban casos como el de un solitario cultivador de té de las montañas de Asam que, para impresionar a sus sirvientes, vestía de frac cada noche para cenar; o el de un plantador de caña de azúcar que cada mañana inspeccionaba sus campos a caballo vestido para la caza del zorro, o el de un mercader que tenía una cobra en su despacho para disuadir a los ladrones. Los británicos eran conscientes de que si mandaban en el país era porque eran considerados más aptos que los nativos, de manera que había que mantener el prestigio a cualquier precio, incluso si ello requería algunas muestras de excentricidad.

Arquitectura ecléctica

El prestigio británico en la India se mantenía también mediante la construcción de edificios emblemáticos en las grandes ciudades. Aunque Aldous Huxley describió la arquitectura de Bombay como «una colección de despropósitos arquitectónicos», lo cierto es que esta ciudad posee algunas de las construcciones más imponentes del llamado estilo indosarraceno, una fusión de la arquitectura británica con la mogol de la que son buenos ejemplos el Tribunal Supremo de Madrás, el Edificio del Secretariado de Nueva Delhi, el Memorial de Victoria de Calcuta o la estación de trenes de Chhatrapati Shivaji de Bombay. También en Bombay se encuentra la Puerta de la India, un monumental arco de triunfo construido para conmemorar el desembarco del rey Jorge V en 1911, la primera vez que un emperador de la India británica pisó suelo indio.

Edificio del secretariado. Erigido en Nueva Delhi, lo diseñó el arquitecto Herbert Baker en 1912. Hoy es la sede del Ministerio de Defensa indio.

Edificio del secretariado. Erigido en Nueva Delhi, lo diseñó el arquitecto Herbert Baker en 1912. Hoy es la sede del Ministerio de Defensa indio.

Foto: Alex Robinson / AWI Images

A principios del siglo XX, el Raj ya mostraba trazas de debilidad. Nacieron varios movimientos que solicitaban una mayor autonomía, y aunque se permitió a los indios ingresar en el funcionariado y tener cada vez más presencia en el gobierno, las campañas de desobediencia civil instigadas por Gandhi y la segunda guerra mundial precipitaron los acontecimientos. El gran mérito del Raj fue mantener a la India unida, pero cuando en 1948 las últimas tropas británicas abandonaron el país pasando bajo la Puerta de la India de Bombay, dejaron la Joya de la Corona inevitablemente escindida en dos nuevos países: India y Pakistán.

El puente del río Sutlej. Esta fotografía coloreada de finales del siglo XIX o principios del XX muestra el puente del ferrocarril sobre el río Sutlej, en el Punjab.

El puente del río Sutlej. Esta fotografía coloreada de finales del siglo XIX o principios del XX muestra el puente del ferrocarril sobre el río Sutlej, en el Punjab.

Foto: Alamy / ACI

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Cocinero nativo. Los británicos en la India tenían cocineros indios a su servicio. Fotografía coloreada de principios del siglo XX.

Cocinero nativo. Los británicos en la India tenían cocineros indios a su servicio. Fotografía coloreada de principios del siglo XX.

Foto: Bridgeman / ACI

Un toque de curry

El cocinero era un sirviente clave. Cada casa tenía su propio bobaji que preparaba platos tradicionales indios que acabaron integrándose en la cocina británica, como la sopa mulligatawny de lentejas, el kedgeree (un revoltijo de arroz, pescado y huevo que se servía normalmente para desayunar) o el chutney (una salsa para acompañar). También hacía un uso pródigo del curry, una mezcla de especias en las que predomina la cúrcuma. A veces el bobaji también intentaba replicar recetas inglesas, pero la carne disponible se limitaba al cordero o a los pollos, y como ésta se debía comer de inmediato por razones sanitarias, siempre estaba dura.

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Uniforme de gala. Soldado vestido con el uniforme de artillería y el alto casco característicos de las tropas del Raj británico. Grabado del siglo XIX.

Uniforme de gala. Soldado vestido con el uniforme de artillería y el alto casco característicos de las tropas del Raj británico. Grabado del siglo XIX.

Foto: Alamy / Cordon Press

El brazo armado del imperio

El ejército y la administración civil fueron los puntales en que se apoyó el gobierno del Raj para controlar todo el subcontinente. La vida de los militares se desarrollaba en los cuarteles con su regimiento. El clima caluroso hacía que sus movimientos se redujeran a los desfiles por la mañana y la práctica del deporte por la tarde. Los escenarios para la acción militar se concentraban en la frontera noroeste con Afganistán, donde las luchas de las tribus locales obligaban a realizar algunas expediciones punitivas de tanto en tanto. Un cartel en la salida de Landi Kotal, junto al paso de Khyber, informaba sobre los peligros que había más allá: «Que abandone toda esperanza aquel que cruce esa puerta», rezaba, imitando los versos de Dante referidos al Infierno. El cuento de Kipling El hombre que pudo reinar evoca muy bien este mundo.

Este artículo pertenece al número 209 de la revista Historia National Geographic.

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George Everest, el topógrafo general de la India

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