General Romano

Germánico, la muerte del ídolo de Roma

Germánico era sobrino nieto de Augusto y sobrino de Tiberio, que lo adoptó como su sucesor. Amado profundamente por sus conciudadanos, su misteriosa muerte en Siria levantó todo tipo de sospechas

Germánico destacó en sus campañas militares y fue considerado un héroe por el pueblo de Roma. Busto que representa a Germánico joven. Museo del Louvre, París. 
 

Foto: HERVÉ LEWANDOWSKI / RMN-GRAND PALAIS

 

 

Cronología

VIVIR AL SERVICIO DE ROMA

15 a.C.

Nace Nerón Claudio Druso, que será conocido como Germánico, hijo de Druso el Mayor y Antonia la Menor.

4 d.C.

Germánico es adoptado por su tío Tiberio, hermano de Druso el Mayor, y pasa a formar parte de la gens Julia.

7-11 d.C.

Germánico sirve como comandante a las órdenes de Tiberio en Panonia, para someter a las tribus de la zona.

14 d.C.

Muere Augusto y le sucede su hijo adoptivo Tiberio. Germánico sofoca la rebelión de las legiones en el Rin.

17 d.C.

Se concede a Germánico el imperium maius o poder supremo sobre las provincias de Oriente, hacia donde se dirige.

19 d.C.

Muere Germánico en Antioquía, en Siria. El gobernador Pisón es acusado de haberlo envenenado.

En el año 14 d.C., cuando Augusto murió y Tiberio ocupó el trono imperial, Germánico era una figura emergente en Roma. Nieto de Oc tavia, la hermana de Augusto, Germánico fue protegido por este emperador, quien obligó a su hijastro Tiberio a adoptarlo. Con ello, Germánico pasaba por delante del hijo del propio Tiberio, Druso el Menor, en la línea de sucesión. Amado por el pueblo, por las legiones y por la oligarquía que formaba el Senado, Germánico era un joven de porte atlético, apuesto, lleno de gracia, de trato amable y tranquilo, pero también enérgico y decidido a la hora de conducir a sus soldados a la victoria.

Orador brillante, su encanto personal le permitía ganarse las voluntades de quienes le escuchaban. Germánico eclipsaba a todos allí donde llegaba, especialmente cuando iba acompañado de su mujer, Agripina. Algunos creían, quizá con mala fe, que incluso hacía sombra al emperador Tiberio, un hombre concienzudo y de profundas convicciones republicanas, pero que carecía del carisma de su sobrino e hijo adoptivo.

Un héroe de guerra

En su preparación para gobernar el Imperio, Germánico tuvo que afrontar duras pruebas. Cuando Tiberio sucedió a Augusto se encontraba en Germania, donde contuvo la sedición de las legiones, que pretendían mejorar sus condiciones económicas. Después recibió el encargo de Tiberio de restablecer la influencia romana al este del Rin, perdida tras la derrota de las legiones en el bosque de Teutoburgo en el año 9 d.C.

TEUTOBURGO

TEUTOBURGO

Germánico ordena recuperar los restos de los soldados romanos y los estandartes de las legiones destruidas por Arminio y sus hombres en el bosque de Teutoburgo, a fin de darles un entierro digno. Lionel Royer. Siglo XIX. Museo de Tesse, Le Mans.
 

Foto: BRIDGEMAN / ACI

El joven general, entonces procónsul en la Galia, cruzó el Rin e invadió Germania con el apoyo de ocho legiones fieles. Luchó contra queruscos, marsos, catos y marcomanos hasta lograr la victoria en la batalla de Idistaviso, cerca del río Weser, en el año 16. Tiberio le concedió el triunfo y le pidió que regresara a Roma. A pesar de los rumores maliciosos sobre la envidia que sentía el emperador por los éxitos militares de Germánico, Tiberio no debía de albergar dudas sobre su hijo adoptivo, pues en el año 17 le otorgó un mando extraordinario en el Oriente griego. Conocer y gobernar esas provincias y ciudades era un paso indispensable en la formación de los futuros emperadores.

Tras su éxito en Germania, Tiberio concedió a su hijo adoptivo Germánico un triunfo en Roma. La imagen muestra a Tiberio en un carro triunfal durante una ovatio, honor inferior al triunfo. Tesoro de Boscoreale. Museo del Louvre, París.

Foto: HERVÉ LEWANDOWSKI / RMN-GRAND PALAIS

Pero Tiberio tomó otra decisión que fue malinterpretada por algunos: además de otorgar el mando supremo de Oriente a Germánico, Tiberio nombró un gobernador para la provincia de Siria, en cuya capital, Antioquía, se hallaba el cuartel general de las legiones destinadas a proteger la peligrosa frontera con el reino parto, el principal enemigo de Roma. Este gobernador era Gneo Calpurnio Pisón, un senador romano de antigua estirpe que hacía gala de una severidad que creía propia de su condición.

Figura de bronce de un portador de estandarte que formó parte de un arnés. Museo de Historia del Arte, Viena
 

Foto: E. LESSING / ALBUM

No parece que el nombramiento de Pisón fuese del gusto de Germánico. Los rumores corrieron para explicarlo, y las malas lenguas dijeron que Tiberio había nombrado a Pisón por instigación de su madre, la emperatriz Livia, con la intención de controlar en secreto a Germánico. Con Pisón, además, llegó a Siria su esposa Plancina, íntima amiga de Livia y encargada, según los historiadores antiguos, de vigilar y perseguir a Agripina, la esposa de Germánico.

Agripina, esposa de Germánico. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

 

Foto: ALBUM

El viaje a Oriente fue en muchos sentidos una celebración de poder para Germánico. En primer lugar llegó a Nicópolis, la ciudad levantada por Augusto cerca del mar de Accio, allí donde venció a Marco Antonio y Cleopatra en una batalla decisiva. Es fácil imaginar los sentimientos encontrados del joven, pariente tanto de Augusto como de Antonio. Desde allí, Germánico viajó a Atenas. Aquella fue una visita feliz y festiva, donde toda su familia fue recibida con grandes honores y aclamada como si fuera divina. En Lesbos, además, nació su sexto y último vástago, Julia Livila. Pero el camino hacia Oriente no fue siempre feliz. Cuando llegó a la provincia de Asia visitó el famoso oráculo de Colofón, cuyos sacerdotes transmitían en verso la voluntad de Apolo. Para sorpresa de todos, la consulta al oráculo no fue favorable para Germánico: se le vaticinó un fin prematuro.

El viaje a Oriente

Germánico cumplió eficazmente con sus tareas en Oriente. Coronó al nuevo rey de Armenia y estableció buenas relaciones con el de Partia y sus otros reinos satélites. Pero, a ojos de Pisón, la diplomacia amable de Germánico debilitaba la posición de Roma, por lo que el gobernador inició una campaña de descrédito contra el general y comenzó a corromper a las legiones con numerosos donativos, en busca de una pronta traición. El desencuentro entre Pisón y Germánico se agravó cuando este último decidió visitar Egipto, cuya historia, religión y antiquísimas tradiciones lo atraían profundamente.

Según relata un papiro hallado en Oxirrinco, cuando Germánico llegó a Alejandría la población lo acogió con verdadero entusiasmo, interrumpiéndolo con aclamaciones en sus apariciones públicas. Animado tal vez por esta popularidad, Germánico trató de paliar cierta escasez que sufría la provincia abriendo los graneros, que eran la principal fuente de abastecimiento de trigo para Roma.

LA CAPITAL ENEMIGA

LA CAPITAL ENEMIGA

En Antioquía (Siria) se hallaba el cuartel general de las legiones al mando de Germánico, que estaban destinadas a proteger las fronteras de Roma frente al Imperio parto. En la imagen, el Gran Arco de Ctesifonte, la capital parta.
 

Foto: SCALA, FIRENZE

La medida tuvo un efecto imprevisto: el suministro de trigo para la capital del Imperio se resintió, generando un cierto temor al desabastecimiento. La actitud poco previsora de Germánico causó inquietud en Tiberio, que se incrementó con los informes negativos enviados por Pisón para desacreditar a Germánico, hasta provocar el definitivo distanciamiento entre el emperador y su hijo adoptivo. Cuando el general regresó a Antioquía, su enemistad con Pisón era ya pública y notoria. Fue entonces cuando Germánico enfermó

En la Antigüedad, con una medicina rudimentaria, conocer las causas de cualquier enfermedad era una tarea ardua. Además, no era fácil de aceptar que un joven hermoso, fuerte, noble y destinado a las más altas responsabilidades pudiera enfermar de manera repentina y grave. Sus familiares y amigos buscaron otras razones para explicar lo que no sólo parecía inexplicable, sino también injusto. Pronto se pensó en la existencia de una conspiración contra la vida de Germánico dirigida por su gran enemigo, Pisón. El propio Germánico lo creyó así. Postrado en el lecho, entre fuertes dolores, el procónsul acusaba a Pisón de todos sus males.

Conjuros contra Germánico

Pronto, los allegados de Germánico aseguraron haber encontrado en el palacio las pruebas de que el general estaba siendo víctima de prácticas de magia. En la habitación hallaron ocultos restos calcinados de cuerpos humanos, acompañados de encantamientos y maldiciones. Se descubrió una tablilla de maldición donde se podía leer el nombre de Germánico entre invocaciones mágicas a los dioses del inframundo, una práctica muy común en la Antigüedad: sobre finas láminas de plomo –un metal considerado maléfico– se inscribían encantamientos a veces ininteligibles para sugerir que se trataba de la lengua del más allá. Sólo quedaba encontrar al autor de aquellos maleficios que, se suponía, habían sido encargados por Pisón. Además, la esposa de éste, Plancina, tenía a su servicio a una mujer llamada Martina, de oscura reputación y famosa por sus venenos y sus artes maléficas. Parecía que todo encajaba.

EVITAR LOS MALEFICIOS

EVITAR LOS MALEFICIOS

Mano apotropaica romana con un símbolo sagrado. Los romanos usaban este tipo de amuletos para protegerse de maldiciones y hechizos. Museo San Martino, Nápoles.
 

Foto: ORONOZ / ALBUM

Sabedor de las acusaciones de Germánico, Pisón decidió ponerse a salvo y abandonar la provincia con destino a Roma. Ya embarcado, le llegaron noticias de una cierta recuperación del procónsul. Cuando la misma noticia llegó a Roma, fue acogida con entusiasmo: la multitud se lanzó con antorchas al Capitolio, en plena noche, llevando animales para el sacrificio y gritando: «Roma está salvada si Germánico está a salvo». La mejoría, sin embargo, fue pasajera y poco después Germánico falleció, no sin antes haber acusado abiertamente a Pisón y Plancina de su muerte. Los médicos inspeccionaron cuidadosamente su cuerpo buscando pruebas de veneno, pero no las encontraron.

En busca de culpables

El cadáver de Germánico fue cremado y las cenizas se entregaron a Agripina, su viuda, para que las llevara a Roma. Acompañada de sus hijos, la doliente viuda embarcó dispuesta a honrar la memoria de su difunto marido y a perseguir a los culpables de su muerte. A su llegada a Brindisi, el pueblo la acogió con grandes manifestaciones de duelo, pero Tiberio no salió a recibirla. En Roma sólo se permitió que se celebrasen unos modestos funerales en honor de Germánico. Aquello provocó una verdadera neurosis colectiva, en la que al dolor por la muerte del héroe popular se sumó un profundo odio hacia los gobernantes.

Germánico en su lecho de muerte, acompañado por su esposa Agripina y sus hijos. Gérard de Lairesse. Siglo XVII. Museo Estatal de Hesse-Kassel.
 

Foto: PK / SCALA, FIRENZE

Preocupado por la reacción popular, Tiberio aceptó que Pisón –que al enterarse de la muerte de Germánico había vuelto a Siria– fuera sometido a juicio público ante el Senado. La sentencia fue contundente: el gobernador de Siria fue condenado por la muerte de Germánico, por insubordinación y por haber suscitado una guerra civil en Siria tras la muerte de éste. Pisón se suicidó antes de que se cumpliera el castigo, mientras que su esposa y su hijo fueron absueltos.

ARCO DE GERMÁNICO

ARCO DE GERMÁNICO

Un notable de la villa galorromana de Mediolanum Santonum (la actual Saintes, en Francia) hizo erigir este arco en honor de Germánico poco antes de su fallecimiento.
 

Foto: BERTRAND RIEGER / GTRES

La sentencia decretó «que las estatuas e imágenes de Pisón fueran derribadas, que el nombre de Pisón fuera borrado y que sus bienes fueran confiscados». Pero lo que nadie pudo eliminar de la mente de muchos romanos fue la sospecha de que el mismísimo emperador Tiberio, temeroso de la popularidad de su sobrino y heredero, estuvo detrás de su muerte y permitió el juicio y el suicidio de Pisón para ocultar su propia implicación en los hechos.

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LOS PADRES DE GERMÁNICO

Foto: DRUSO: SCALA, FIRENZE. ANTONIA: RMN-GRAN PALAIS

Sobre estas líneas, bustos en mármol de Druso el Mayor y Antonia la Menor, padres de Germánico, conservados respectivamente en el Museo de Grosseto y en el Louvre de París.

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LA GRAN CAPITAL DEL ORIENTE ROMANO

Foto: JEAN-CLAUDE GOLVIN. MUSÉE DÉPARTEMENTAL ARLES ANTIQUE. © ÉDITIONS ERRANCE.

Recreación de la ciudad de Antioquía (la actual Antakya, en Turquía). El dibujo muestra el aspecto que la capital de la provincia romana de Siria debía de tener cuando Germánico viajó allí acompañado de
toda su familia.

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EL SENADO DE ROMA CONTRA EL GOBERNADOR PISÓN

UN DOCUMENTO DE VALOR EXCEPCIONAL SOBRE LA CONDENA A GNEO PISÓN

UN DOCUMENTO DE VALOR EXCEPCIONAL SOBRE LA CONDENA A GNEO PISÓN

En las décadas de 1980 y 1990 se descubrieron en la provincia de Sevilla varias inscripciones en bronce relacionadas con la muerte de Germánico. El fragmento llamado tabula Siarensis, hallado en Utrera en 1984, es una copia del decreto por el que se dispensaban honores póstumos al nieto de Augusto. Sobre estas líneas se reproduce un bronce de grandes dimensiones (118 µ 46 cm) en el que se reproduce la sentencia del Senado contra Pisón.
 

Foto: MANUEL CAMACHO MORENO. ©JUNTA DE ANDALUCÍA. CONSEJERÍA DE CULTURA Y PATRIMONIO HISTÓRICO

Un bronce conservado en el Museo Arqueológico de Sevilla reproduce la condena del Senado a Pisón por su actuación en Siria junto a Germánico.

1. LA SENTENCIA

El título del bronce reza: «Senadoconsulto de Gn. Pisón padre, expuesto públicamente bajo el procónsul N. Vibio Sereno». Vibio Sereno era gobernador de la Bética y publicó el fallo del Senado en Córdoba. El bronce es una de las muchas copias de la condena de Pisón que se distribuyeron por el Imperio.

2. SALVAR EL ESTADO

«El Senado y el pueblo romanos daban gracias, ante todo, a los dioses inmortales, porque no permitieron que, por los criminales designios de Gneo Pisón padre, fuera turbada la tranquilidad del estado actual de la República [...] cuyo disfrute acontece por beneficio de nuestro príncipe».

3. TRAICIÓN

«La singular moderación y tolerancia de Germánico César había sido vencida por el brutal comportamiento de Gneo Pisón padre y que, por ello, Germánico César, ya moribundo, no sin razón había renunciado a la amistad de Gneo Pisón padre, a quien él mismo atribuyó la causa de su muerte».

4. REBELDE

El texto refiere que Pisón «intentó provocar una guerra civil [...] y se le comprobó también una crueldad única, al haber llevado al suplicio capital a mucha gente y no sólo a extranjeros, pues crucificó incluso a un centurión, un ciudadano romano. Corrompió la disciplina militar, disculpando a los soldados desobedientes».

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LOS HONORES PÓSTUMOS

EL MAUSOLEO DE AUGUSTO

EL MAUSOLEO DE AUGUSTO

En este monumento, levantado por el primer emperador de Roma para acoger sus restos mortales y los de los miembros de su familia, se depositaron las cenizas de Germánico tras su llegada a Roma.
 

Foto: ADAM EASTLAND / ALAMY / ACI

Tras la muerte de Germánico el Senado se reunió y aprobó un decreto por el que se concedían honores extraordinarios al fallecido. Este decreto se publicó en las ciudades de Italia y en todas las colonias romanas de las provincias. Así, el nombre de Germánico se incluyó en el himno de los salios (unos sacerdotes de clase patricia que realizaban dos veces al año una procesión por Roma). Además, quedaría vacía la silla curul que ocupaba como alto dignatario del Estado, y la efigie de Germánico presidiría en adelante los juegos en el circo. Asimismo, se levantaron arcos triunfales en Germania y Siria, y un cenotafio o monumento funerario (donde no había nadie enterrado) en Antioquía, lugares en los que Germánico había cumplido misiones políticas y militares.

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LAS CENIZAS DE GERMÁNICO

Agripina desembarca en Brindisi con sus hijos, portando en sus manos la urna con las cenizas de su esposo Germánico. Óleo por Gavin Hamilton. Siglo XVIII. Galería Tate, Londres.


 

Foto: TATE, LONDON / SCALA, FIRENZE

Cuenta el historiador tácito que cuando Agripina llegó al puerto de Brindisi con las cenizas de su esposo y con sus seis hijos (Nerón, Druso, Calígula, Agripina, Julia Drusila y la pequeña Julia Livila), «la multitud llenó no sólo el puerto y los lugares vecinos al mar, sino también las murallas y los techos de las casas [...]. Era una turba de gente que lloraba y se preguntaba si debían acoger a la que desembarcaba en silencio o con gritos y gemidos [...]. Cuando, acompañada de dos de sus hijos, llevando en sus manos la urna fúnebre, desembarcó y se quedó con los ojos clavados en tierra, uno solo fue el gemido de todos, y no era posible distinguir entre allegados y extraños, entre los llantos de los hombres y los de las mujeres» (Anales, III 1).

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Este artículo pertenece al número 218 de la revista Historia National Geographic.

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